Convención Constitucional: "¿Ser o no ser?"

La Convención Constitucional se ha instalado esquivando viento y marea, esto debido al obstruccionismo del Gobierno y su intención de pautear a los convencionistas, asunto que ha manejado a través de la campaña de El Mercurio-Emol, la TV abierta y programas de internet, para intentar imponer los temas y reglamento a los convencionales, usando testaferros como Cristian Warnken, Carlos Peña, Lucía Santa Cruz, Mónica Rincón, Fernando Villegas, Matías del Río, Mónica Pérez, etcétera, en cuyos discursos abundan los términos consenso, diálogo republicano, acuerdos, unidad y otros conceptos manipulados.

Es decir, todos los utensilios de la cocinería política entre cuatro paredes utilizados por la elite que ha controlado el país desde 1830 a la fecha. Su intención: aportillar lo más posible la convención para que sus integrantes parezcan ineptos ante la opinión pública. De hecho, la obstrucción del Gobierno ha logrado que la convención esté funcionando en salas separadas y en condiciones mínimas, lo que ha provocado inconvenientes de comunicación.

Uno de los argumentos que más han utilizado los testaferros de la clase dominante, en su campaña de desprestigio de la convención, es tratar de imponer la idea, a como dé lugar, que redactar una Constitución es solo tarea de expertos constitucionalistas o doctores en derecho constitucional y esas cosas. Falso. Para hacer una Constitución lo que más se requiere es tener calle y sentido de justicia social. No es nada del otro mundo como nos quieren hacer creer. Tampoco nuestra Constitución tiene que parecerse a la de algún otro país, eso no es requisito sine qua non. En Chile todas las Constituciones han sido redactadas por la elite, por la clase social que se siente dueña del país. Y claro, en esas constituciones son expertos los constitucionalistas, pero eso no significa que sean las únicas constituciones posibles o que tengamos que copiar las de otras naciones, donde también han sido redactadas por la clase dominante. La convención debe acabar con esa práctica y redactar una Constitución desde el pueblo mismo, que beneficie a todos y no a un sector de privilegiados. Y no se trata de acabar con los tres poderes del Estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, se trata de democratizarlos, y para eso es necesario cambiar cosas fundamentales, como, por ejemplo, el actual artículo 4 del Capítulo 1 de la Constitución. Acabar con senadores y diputados para dar paso a una Asamblea Nacional Legislativa (unicameral), así como quitar el poder y privilegios que actualmente tienen los partidos políticos frente a quienes quieren ser candidatos independientes, sin partido ni alianzas ni coaliciones.

Una lectura real, de los hechos de la causa, nos indica que la "democracia representativa" controlada por partidos políticos es en la práctica una dictadura de los partidos políticos, porque ellos deciden quiénes son los candidatos por los que debemos votar, por cuántos debemos votar, quienes no pueden ser candidatos, etcétera. Por lo tanto, es esa situación la que permite que ocurran todas las injusticias en Chile, es cosa de leer un poco de historia. Los financistas de los partidos son los que terminan redactando las leyes e imponiendo sus privilegios. Y así ha sido desde la irrupción del mercachifle Diego Portales, consiguiendo que una casta minoritaria se haya apoderado de nuestros recursos naturales, robado tierras, explotado a los trabajadores y enriquecido ilegítimamente con el trabajo ajeno. Por lo tanto, todo eso es lo que debe cambiar. Ser erradicado constitucionalmente.

Dado lo anterior, si los convencionales no se convencen, ferozmente, que para que haya una verdadera nueva Constitución se debe acabar con el republicanismo portaliano de raíz, estamos fritos. Culturalmente nuestro pueblo ha sido educado bajo ese parámetro, impuesto a sangre y fuego, desde el asesinato de Rodríguez y los Carrera primero, y luego la traición a Freire, hasta nuestros días. La oligarquía ha impuesto su poderío, reglas y constituciones siempre a través de las armas, el cohecho o el terror. La democracia chilena es un mito, como muy bien lo explican los libros "El reino de la decencia", de Maximiliano Salinas, y "Los mitos de la democracia chilena", de Felipe Portales, los que se complementan con la obra "Historia de la acumulación capitalista en Chile" de Gabriel Salazar. Hoy es la oportunidad de cambiar todo aquello, de lo contrario no cambiará nada.

Los 2/3 en la Convención Constitucional, para aprobar lo que sea, los tienen quienes por años se han manifestado por eliminar la Constitución de Pinochet y hacer una Constitución del pueblo y no de la oligarquía, que gobierna siendo minoría.

Por lo tanto, hoy no existe ninguna excusa, NINGUNA, para no declarar -vía Constitución-, educación y salud de calidad gratuita, medicamentos incluidos, derecho a la vivienda digna y de calidad, fin al lucro en las empresas de agua y electricidad y recuperación de éstas por parte del Estado. Recuperación de todos los recursos naturales privatizados y devolución de las tierras usurpadas a los pueblos originarios, fin a las leyes orgánicas constitucionales y fin del Tribunal Constitucional, entre otros puntos. El FA, PC, PS e independientes, más la Lista del Pueblo y pueblos originarios suman más de dos tercios. Cualquier Constitución que no contemple los puntos indicados y otros que el pueblo anhela sería una traición al mandato popular.

Finalmente, decir: ojo con la treta de la derecha. La derecha y los empresarios, lo mismo que neoliberales como Felipe Harboe, Camilo Escalona, Enrique Correa, Mariana Aylwin, Soledad Alvear, Francisco Vidal, y otros, apuestan por lograr que se redacte una Constitución que tenga muchos puntos que sigan favoreciendo el neoliberalismo y los privilegios de la oligarquía, pues saben que el pueblo no rechazará la nueva Constitución, ya que de hacerlo se mantendría la Constitución de 1980. Por esta razón, debemos estar atentos, no perder la brújula.

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