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Cuando los fácticos tragan sapos

"Si, a veces hay que tragar sapos", admitió el ex jefe de gabinete Gonzalo Blumel. En efecto, ante el miedo de verse derrotados en la Convención Constitucional y pensando en las fáciles ganancias que obtendrían del negocio, los principales líderes de la derecha suscribieron un pacto electoral con la ultraderecha de J. A. Kast que soltó de inmediato el hedor de la podredumbre y la inconsistencia política.

La maniobra fue fraguada en La Moneda, el "sapo" fue bien decorado y sazonado, para "unir al sector" y vencer a la oposición en las elecciones a la Convención Constitucional. En rigor, tienen que defender riqueza y privilegios y asegurar negocios futuros. La pandemia destruyó familias, arruinó muchos hogares y empobreció a la enorme mayoría, pero demostró que en época de crisis generalizada algunos, como el gobernante, siguen enriqueciéndose ilimitadamente.

Cada día Piñera se achica en adhesión, pero agranda su fortuna. En La Moneda recienten el escaso apoyo que recibe, pero este motivado por su irrefrenable narcisismo, se autodesignó "ordenador" del convulso panorama de las fuerzas conservadoras y de ultraderecha, presionó tras bambalinas para agruparlas en una lista común, asegurando la firma de los jefes de partidos que pronto se sometieron porque carecen de coherencia y mínima dignidad.

Pero, tal como el alacrán, Kast no puede con su naturaleza y concibe los aliados como masa de maniobra o carne de cañón de sus truculentas operaciones políticas, así, introdujo un factor de descomposición de las bondades del bullado acuerdo unitario, la postulación de la extrema derechista Teresa Marinovic, el "sapo" al que alude Blumel, que trató a Piñera como "el ludópata que gana siempre", con ello se repite lo ocurrido tantas veces en estas alianzas: el sector más ultra lidera, en este caso, Kast pone las condiciones y no está dispuesto a ser segundón o "bajar el perfil".

En consecuencia, hay un lío mayor que La Moneda subvaloró, la presencia xenófoba y confrontacional de la ultraderecha es rechazada por amplísimos sectores. Está en la retina el asalto de la horda neonazi al Capitolio en Washington como para que la inclusión del grupo de Kast no se note. La imagen del lumpen arrojado violentamente en contra de la voluntad ciudadana para perpetuar en el poder a Trump resulta "intragable". El sapo es un vampiro.

Estos adoradores de la violencia extremista y de la ira antidemócratica son repulsivos para el país, con una mezcla de racismo y misoginia se posicionaron como una suerte de grupo de choque de la UDI, compartiendo la nostalgia pinochetista, como en los 60-70, en que el "gremialismo" precursor de la UDI se unía en la acción extremista con el grupo paramilitar fascista, autodenominado "Patria y Libertad". Probablemente por eso, el nuevo Presidente de ese partido contradijo a Joaquín Lavín acerca de la controvertida candidatura importándole bien poco la queja de su abanderado.

El asunto no es sólo la denigrante figura de quien se burla repulsivamente de hechos tan dolorosos como la mutilación de jóvenes que protestan en la "Plaza de la Dignidad" o que son lanzados al Río Mapocho, o que ofende cruelmente a movimientos como el feminismo o los defensores de la diversidad sexual, un símbolo tan deleznable impide y anula la retórica ambigua, "dulzona" y engañosa que la derecha requiere y que ha usado tantas veces para superar el magro 20% obtenido por el rechazo en el plebiscito del 25 de octubre.

En concreto, el neofascismo de Kast, su odiosidad antipopular y su intolerancia autoritaria, las huellas nazis en su retórica ideológica e imagen militarista descomponen el discurso hipócrita y afectan el proselitismo demagógico de la derecha que instrumentaliza personajes de la farándula para dar una dimensión circense a sus campañas y camuflar su auténtica naturaleza.

Así, bailarines y modelos son desplazados en la figuración mediática quedando superados para hacer de cubierta de las listas ultraconservadoras con que los gobernantes oligárquicos de hoy disfrazan sus opciones, por eso, la presencia de la representante de Kast desnuda lo que tanto cuidan mostrar: la cara reaccionaria y rabiosa de quienes pretenden una dominación neoliberal y patriarcal sin tapujos ni suavizantes de ninguna especie.

Asimismo, se desataron los conflictos internos por la presencia de tan particular candidatura, porque si se quiere electividad no se puede ahuyentar a una franja de personas por una figura de tan recalcitrante extremismo. Una tumultuosa reunión de una Comisión Política autoconvocada de RN exigió el retiro de la molesta postulante y se precipitó la renuncia de Silvia Eyzaguirre a la lista con lo cual el fuerte viento pasó a ser una tormenta que trastocó el ambiente de erróneo exitismo que vivía la derecha.

Lo que parecía rendimiento fácil se convirtió en un problema político mayor. Lo que ganaron fue mísero ante el tamaño desbarajuste que se generó, un lamentable espectáculo en que los involucrados rehuían la paternidad de tan indeseada criatura. La imagen de una derecha sensata, distinta de la ultraderecha, ese objetivo no cuajó, lo que quedó fue desorden y descrédito.

Los fácticos tragaron un sapo podrido. Los aderezos no hicieron el milagro, según el dicho campesino, el menú quedó más malo que el "natre". La tan cacareada unidad de la derecha con el protofascismo chileno no fue más que un insoluble foco de conflicto y contradicciones. Definitivamente, Piñera no le achunta una.

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