El caso Iansa Linares y otras calamidades

El cierre de la planta de Iansa en Linares desnudó la insensibilidad del gobierno ante el empobrecimiento de un sector territorial y económicamente significativo del país, su incompetencia para generar alternativas a situaciones críticas como la que allí ocurrió y su entrega pasiva e indiferente a las fluctuaciones del mercado, sin medir sus costos sociales y económicos.

En lo personal, cuando Piñera dijo “tiene que morir el árbol viejome resultó inevitable recordar el episodio del “cómanse las vacas”, con que la dictadura respondió las demandas de los agricultores al desatarse la crisis económica de los años 82-83 y producirse un verdadero caos por el alto endeudamiento en dólares y el desplome del tipo de cambio que mantenía el régimen.

El gobernante para hacer olvidar el terrible desacierto de su incontrolable retórica tuvo que ir a Talca y esmerarse en palabras de buena crianza, como que los afectados no quedarían “solos”, señaló al recibir a los representantes remolacheros y ofrecer el INDAP como tabla de salvación, cuando en rigor sus instrumentos son ampliamente superados en esta grave situación.

Y además tomó como argumento una inversión de celulosa Arauco, anunciada en esa semana por un monto de 1.200 millones de dólares que está en evaluación desde hace 4 años, según señalaron los propios ejecutivos del consorcio, de modo que no tiene vínculo alguno con iniciativas del gobierno, que en concreto carece de un plan y de una visión prospectiva de cómo ayudar a la economía familiar campesina y a la pequeña y mediana agricultura ante las nuevas condiciones productivas.

Ello no es casual, el ámbito de Piñera son los juegos de alta rentabilidad financiera, el espejismo de los grandes números que no reflejan las distorsiones y la desigualdad que aumentan en el sector productivo. Por eso, su gobierno rebajó los aranceles del azúcar un mes antes del cierre de la planta en Linares, confirmando que el futuro regional poco les importaba.

El mundo del trabajo no es el de Piñera. Sus vínculos y negocios pertenecen a la burbuja financiera, que lucra del esfuerzo y, muchas veces, de la desgracia de los demás, de los que sí trabajan pero no pueden resistir los juegos bursátiles, la ausencia de créditos y la fría indiferencia del gobierno de turno. Por eso, “mete la pata” al hablar de temas que no son suyos, ahora confundió al autor del himno nacional, el gran compositor Eusebio Lillo, con quien fuera precursor del realismo social en nuestra literatura, Baldomero Lillo, célebre escritor de Subterra y Subsole.

Tampoco parece interesar a la autoridad la tragedia medioambiental de la ciudad de Coyhaique, es claro que no surgió con esta administración, pero se hace evidente que esta no cuenta ni con los instrumentos de políticas públicas ni con la voluntad política de enfrentar el problema de fondo, con vistas a una respuesta estructural al agobiante problema allí existente.

Hay problemas que no llegaron con este gobierno, eso es evidente, sin embargo la pasividad e inacción en los temas ya señalados, junto a otras calamidades ambientales como los graves efectos de la fuga de cerca de un millón de ejemplares en la industria del salmón, en la región de Los Lagos, indican que la administración actual prometió resolver problemas crónicos y agobiantes, pero hasta ahora no sabe como hacerlo, ni en lo inmediato ni a largo plazo, para darles solución.

No obstante, la complacencia y el auto elogio de la autoridad que son la característica primordial de la administración, constituyen hasta ahora un eficaz velo que cubre la realidad de un gobierno que solo cuenta con anuncios y no con hechos que lo respalden. 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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