El Coronavirus y el Estallido Social

Una nueva pandemia amenaza a la humanidad. El coronavirus 2019-nCoV, originado en China, es un virus que causa síntomas respiratorios. Si bien la mayoría de los casos no son severos, hasta un 20% de los pacientes puede presentar una enfermedad grave que requiere cuidados intensivos. El virus ya ha comenzado a expandirse por el mundo, reportándose casos en Europa y en Estados Unidos.  

Considerando semejante escenario, países como China han aislado regiones completas  impidiendo el libre tránsito. Otros como Rusia han cerrado fronteras con países vecinos para supuestamente detener la expansión del virus.

Dichas medidas, son en general ineficaces y agravan el problema que se quiere resolver. Lo paradógico es que algunas de éstas son muy similares a las que algunos proponen para resolver nuestro problemático virus local: el "estallido social". 

Está estudiado que cerrar fronteras en casos de brotes de enfermedades es generalmente inefectivo. Impide el acceso de ayuda humanitaria y de equipos médicos y de diagnóstico, muchas veces no disponibles donde se origina la epidemia y sin los cuales no es posible controlar un brote.  Más aún, limita el ingreso de insumos, alimentos y todo tipo de bienes necesarios para la vida diaria, generando una sensación de abandono de la población "encerrada" en las áreas donde comenzó el contagio.

Muchos de ellos buscarán escapar y lo harán evitando fronteras regulares (ahora bloqueadas), haciendo más difícil el control migratorio.

Del mismo modo a nivel local, la sensación de abandono puede gatillar reacciones de pánico y violencia las que muchas veces no podrán ser controladas por la autoridad local, que tampoco dispone de recursos adicionales y pasa a ser víctima del abandono por parte del gobierno central. 

Lo mismo puede suceder en Chile con el estallido social. El temor a su propagación constante e indefinida en el tiempo, genera el deseo de muchos de rechazar todo cambio. Queremos construir un muro, y pensamos que si cerramos los caminos y decimos que no reiteradamente a todo cambio, el estallido se calmará.             

El resultado paradójicamente, puede ser, al igual que con los bloqueos de fronteras en epidemias, contrario al buscado.

La sensación de que la ayuda no llega y que nada cambia a pesar de la crisis puede generar que más personas se sumen a las protestas.

El alcalde de Renca, Claudio Castro, en su comentado discurso en ENADE, reveló que 86% de los habitantes de su comuna, teme que las protestas pasen y todo siga igual.

Sin embargo, el conflicto constante altera la economía, el acceso a bienes básicos de consumo y perjudica paradojalmente, a quienes más protestan demandando ayuda, los que padecen la pobreza y la desigualdad. Esto  puede hacer que más personas tengan reacciones violentas e irracionales, al igual que cuando aislamos a una comunidad en una epidemia. 

En salud pública, y en política también, algunas soluciones son contrarias a la intuición: cerrar caminos y bloquear carreteras no termina el contagio de un virus, si no que hace el problema peor.

Los caminos y las carreteras, para poner fin al estallido social son la democracia y los votos, que permiten canalizar los cambios profundos que las personas demandan. 

Cerrar esos caminos, oponiéndose a todo cambio, sólo agravará nuestros problemas. Mantengamos esos caminos abiertos y ojalá tengamos un año donde todos podamos debatir y elegir el Chile que queremos. Ahí está la cura para esta "enfermedad" y el camino para la paz. No hay otro.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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