El desgobierno

El “golpe de fuerza” que intentó Piñera al anunciar una Comisión de expertos para “filtrar” las inconstitucionalidades de las mociones parlamentarias fue una bravata que se cayó sola porque era un falso dilema. Piñera planteó un conflicto entre poderes del Estado; por un lado, el Ejecutivo, o sea, él como Presidente de la República, y por el otro lado, el Legislativo, es decir, ambas Cámaras del Congreso Nacional, pero no está allí el epicentro del conflicto que remece el sistema político.

Lo qué sí sucede es un sismo en el eje rector del bloque político que asumió el gobierno en marzo del 2018, y que no se hace cargo de la profunda crisis socioeconómica y política que hay en el país ante su ineptitud frente a la pandemia del COVID-19. La crisis es muy grave, sin precedentes, porque el bloque gobernante no es capaz de gobernar.

En concreto, hay una conflictiva e inestable correlación de fuerzas entre dos miradas que sacuden el gobierno porque discrepan sobre como abordar el desafío país.

El darwinismo social de Piñera ha empujado a Chile al descalabro y no todos en la derecha quieren rodar por el despeñadero y deciden actuar por su cuenta, sea por convicciones o cálculos electorales, pero saben que la insensibilidad del gobernante los sepulta, aislándolos socialmente. Incluso, piñeristas incondicionales ahora “no quieren pagar más costos” y tratan de zafarse del lastre de un gobierno inepto e inhumano.

Piñera culpa a sus mismos partidos de la crisis traspasándoles sin pudor alguno la responsabilidad política que corresponde al gobierno, porque Piñera amarrado a un darwinismo social propio de siglos pasados, fue quien negó el apoyo que la población requería para enfrentar la crisis sanitaria.

Es la política del gobierno la que obliga a que las familias sobrevivan sin recursos ni alimentos. Esa dolorosa realidad explica porqué miles de ollas comunes brotan en las comunas, barrios y poblaciones del país.

Finalmente, un sector de congresistas de la derecha se alejó del triunfalismo oficial optando por reconocer las penurias vividas en el país y decidió “hacer propias” propuestas desplegadas por las fuerzas populares de oposición, en particular, la extensión durante la cuarentena del derecho a pos natal dada la gravedad de la situación. Piñera se negó durante semanas hasta que debió ceder ante el avance del trámite parlamentario.

Asimismo, los 13 votos de derecha a favor de la reforma constitucional que permite a los cotizantes acceder al 10% de sus ahorros, los que sumados al conjunto de la oposición lograron el quórum que aprobó la iniciativa, obedece a una realidad tan profunda y de tal alcance qué pasó por encima de la presión del núcleo de conducción política de la derecha oficialista.

También en la UDI algunos congresistas votaron en rebelión, pese al chantaje de los enviados del gobernante. Esto ocurre porque la UDI carece de densidad en sus propuestas y Piñera les agotó el respaldo social que mantenían con su política de sacrificar las familias y el mundo popular, una política deshumanizada que la conducción de la UDI apoyó plenamente.

Ahora sin rubor ni vergüenza, Piñera culpa a los partidos de la derecha y elude responder por su resolución de recluir a la población sin ingresos, con la lógica que se salven los que puedan, los más fuertes, una posición que desnudó el darwinismo social que heredó de la dictadura. Confirma que los Partidos nunca le interesaron, salvo para usarlos en su beneficio personal.

Así pasaron a convertirse en la expresión más cruel de una conducta social maligna, “no queremos que la gente dependa del Estado” es la frase que usó la diputada vocera de la UDI, ocultando el hecho que la población está confinada porque el gobierno lo decidió y sin ingresos que le permitan sobrevivir, una lógica de avasallamiento que contó con su respaldo total.

Pero, el aislamiento social hizo que exigieran “subsidios directos a la clase media” en una voltereta desesperada para bloquear la reforma del 10%, en el fondo es decir, ahí tienen algo de plata, pero las AFP no se tocan.

Un Piñera acorralado por su política de darwinismo social, se embarcó sin pudor en un “populismo” de última hora y envió al Parlamento ofertas de recursos antes que se votara la reforma del 10%, a 4 meses del encierro, los ministros no tuvieron reparos en ir a decir lo contrario de lo que afirmaban un día antes. Fracasaron. Son la cara del descalabro.

Pero, la ira de Piñera ante la derrota lo hizo proclamar que se debía “refundar” el bloque de derecha, y Blumel aclaró que sería un bloque más “acotado”, con los fieles y domesticados, los que piensan y tienen opinión se van. La demolición piñerista en marcha.

La reforma constitucional que se legisla con vistas al rescate del 10% de los fondos de las AFP tiene un rechazo absoluto en este sector ultra conservador, esta vez dijeron, “sería regalarle plata a gente que no lo necesita”, no les pesa derrumbar la retórica sostenida por 40 años: que los fondos son de sus dueños, los cotizantes, ahora dicen que no los quieren “regalar”, es paradójico, se atribuyen la propiedad de los fondos de pensiones.

En una encrucijada como la creada por la pandemia niegan a las familias los ahorros propios y los del Estado. Por eso, fueron derrotados en la votación de la Cámara de Diputados y Diputadas.

Hay una minúscula élite que piensa y actúa como si fueran los dueños de Chile, de sus recursos, del destino de las personas y que les corresponde dictar aquello que hará la ciudadanía.

Son los peores populistas, pero aquello que no les gusta lo descalifican como “populismo” y se asignan para si el valor de la autoridad y el orden y si no, amenazan con que el país se va a incendiar, por eso, sufrieron una debacle sin precedentes en el Congreso Nacional.

No se detienen a pensar en la ilegitimidad antidemocrática de sus pretensiones, es el dogma de la posición ideológica del actual ultra conservadurismo.

En otra época histórica con ese talante dogmático y con el total convencimiento que podían disponer del destino de pueblos y naciones, en medio de una aguda crisis del capitalismo, se dieron las condiciones para la formación del nazi-fascismo, la expresión política más totalitaria dentro del campo de las fuerzas defensoras del sistema capitalista.

Otra expresión del poder excluyente y elitista es la arrogante superficialidad del ministro de Hacienda, hace poco no quería “quemar cartuchos”, ahora dice que no hay que ceder a “la tentación del atajo“ o del “populismo”, remarcando con ello que para la autoridad las penurias de las familias y su solicitud de apoyo para sobrevivir no es atendible.

Pero sí había recursos para frenar la revuelta en el oficialismo. Que penosa conducta cuando en los hogares las familias pasan hambre, sus ínfulas de atacar el populismo no tienen ningún sentido, salvo una artificiosa soberbia intelectual.

Así brotan las contradicciones insalvables por el dogmatismo ideológico del grupo en el poder. Ante el masivo reclamo de los ahorrantes en las AFP se sitúan al lado del sistema financiero que controla el mercado de capitales y abjuran de su credo original: el carácter inviolable de la propiedad privada y se oponen a una demanda ciudadana que repone, a lo menos, una parte del usufructo de la propiedad en sus auténticos dueños, la rechazan porque afecta la supremacía del núcleo de poder que articula la hegemonía del capital financiero.

Por eso, hay en la derecha dos posiciones, la ya conocida de tratar a las familias como un rebaño al que se encierra sin miramientos de ninguna especie, pero apareció esta vez otra opinión que se enfrentó a la anterior y que se declaró partidaria de extender el pos natal durante la emergencia, que apoyó el retiro del 10% de las AFP y que presiona por otras medidas que saquen al Estado de la irresponsabilidad social de la administración piñerista.

El amplio arco de las fuerzas de oposición debe insistir en los esfuerzos que frenen el empobrecimiento de la población, alivien las penurias de los más afectados y eviten que las carencias se conviertan en hambre para un sector de la población.

Hoy la responsabilidad política y social no está en la pasividad ni en silenciar las críticas al gobierno, por el contrario, la tarea es asegurar que en todas las familias haya que comer y como abrigarse, que los niños estén protegidos y asistencia digna en la salud pública.

En Chile no hay excusa alguna para que estas metas no estén debidamente aseguradas. Por eso, hay que luchar.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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