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El enterrador a la cárcel

Hacer caso omiso de la enseñanza bíblica de "no robarás", está causando estragos en grupos corruptos de gran  peso político en Suramérica, que pensaron iban a contar con impunidad y tiempo indefinido para sus mafiosas andanzas y vergonzosas tropelías.

Incluso, ese error de cálculo de altos funcionarios actuando de vulgares malandrines, de sentirse fuera de todo control, está llegando a desestabilizar gobiernos como ha ocurrido en Brasil, en que el escandaloso uso de centenares de millones de dólares de la empresa Petrobras para financiar coimas a congresistas desplomó la autoridad de la Presidenta Rousseff, en una especie de etapa previa al juicio político que la ha apartado de la Presidencia del país.

El descrédito se ha transformado en una suerte de "hoyo negro" judicial y político que ha consumido la reputación de ella, del ex Presidente Lula, del actual mandatario en funciones, Michel Temer y arrastrado al sistema político a un total colapso de su legitimidad ante una ciudadanía atónita e indignada por la envergadura y extensión de las malas prácticas y de la corruptela, la que envuelta en frases altisonantes y retórica intencionalmente pomposa, atravesó la Cordillera trayendo a Chile un costoso y funcional avión para giras electorales, de modo de impresionar y comprometer socios de colmillo grande en las mismas conductas vergonzosas.

Luego, más al Sur, el escándalo ha vuelto a sacudir la capacidad de asombro de los hombres y mujeres de a pie, al explotar el caso del señor López, alto ex funcionario estatal de Argentina en la administración de Cristina Fernández,  capturado con varios miles de millones de pesos chilenos, en su equivalente en dólares, tratando de ocultarlos en un convento. Aquí falló el enterrador y no pudo dejar bajo tierra tal cantidad de milloncitos. La información de prensa indica que no ha recurrido a la vieja excusa de que son ahorros que vienen de su largo ejercicio público, sino que ha guardado silencio.

Qué increíble resulta esta situación en el camino del fortalecimiento de la democracia en Suramérica si recordamos que hace no mucho tiempo, unos pocos años, nada desde una perspectiva histórica, en esta tierra se enseñoreaban las dictaduras que parecían una pesadilla que no acabaría nunca.

No somos ajenos a este mal, a las termitas que socavan el edificio de la democracia. Ahí están los casos Soquimich, Penta, milicogate, y tantas conductas vedadas que también han marcado la agenda en nuestro país.Los hechos que han remecido la legitimidad del sistema político y deteriorado como no se conocía el prestigio de la política.

Se ha configurado un cuadro en que se ve la impotencia en el ejercicio de la autoridad porque está se ha desvanecido en medio del despropósito de aquellas conductas que creían cabalmente en el viejo cinismo de que "autoridad que no abusa pierde su prestigio

La UDI, según sus declaraciones por el caso Orpis, cree que se trata sólo de castigar al que asalta con un arma blanca o una escopeta hechiza, gravísimo error, el robo de quién debe asegurar el bien común se ha convertido en la fuerza más letal del debilitamiento de la convivencia social y del respeto al Estado de derecho.

Parece que los cuartelazos dejaron el gen de la inescrupulosidad, de los abusos de poder, del enriquecimiento indebido. En fin, se olvida que costó sangre, sudor y lágrimas devolver el Estado de derecho para que ahora comprobemos que se instaló en círculos decisivos de la toma de decisiones un puñado de malhechores que no merecen más que la cárcel.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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