El fascismo civil reaparece en Chile

Las marchas de vociferantes grupos anti migrantes y, en particular, la quema de las escasos bienes de un grupo de ellos en Iquique, han sido una muestra visible de la presencia del fascismo civil en Chile, de amplia repercusión nacional como la cobarde agresión de un grupo de choque, vinculado a personeros de la UDI, al periodista Rafael Cavada, algún tiempo atrás.

También ocurrió así en los años '70, ante el fortalecimiento de la izquierda y la elección de Salvador Allende como Presidente de Chile. El grupo ultraconservador "Fiducia" cedió el protagonismo a la organización fascista "Patria y Libertad", cuya esencia profundamente reaccionaria y antipopular se camuflaba en una falaz posición "ultranacionalista".

El fascismo civil de ayer rápidamente buscó expandirse y ramificarse en las instituciones castrenses que, bajo la autoridad del genral Schneider primero y del general Prats después, tenían un irrestricto respeto a la Constitución y, por eso, eran un insalvable obstáculo en los planes golpistas que surgieron apenas fue electo Salvador Allende.

Bajo el mando de Pablo Rodríguez (serio y próspero abogado una vez que el terrorismo de Estado destruyó lo mejor de la juventud chilena de la época), el grupo "Patria y Libertad" conspiró intensamente, bajo un falso nacionalismo extremista en su primitiva retórica, arrastrando a un importante sector de la oficialidad a la deliberación política, sembrando el odio y creando una ira antipopular que fue usada eficazmente en la desestabilización del régimen democrático.

La acción golpista fue inyectada eficazmente desde fuera del estamento castrense, socavando la legitimidad del mando institucional hasta romper el compromiso de lealtad a la Constitución política del Estado, logrando el clima de sedición propicio para el golpe fascista del 11 de septiembre de 1973.

El fascismo de los años '20 y '30 del siglo pasado en Alemania, donde surgió su núcleo dirigente, se fundó en la mezcla de los factores anteriores, un odio visceral hacia pueblos y naciones diferentes, así como un destemplado y agresivo nacionalismo que se volcó desde dentro y fuera del poder a la despiadada persecución de judíos y gitanos, como también de socialistas y comunistas, descargando sobre ellos una ira febril, estigmatizándoles como enemigos de la patria.

El impacto posterior a la derrota del imperio prusiano, luego de la I Guerra Mundial, fue asumido por la antigua oligarquía expansionista mediante el impulso y exasperación de los grupos anti populares y visceralmente xenófobos generados por una ideología primitiva, el nazismo, que incitó la aventura desenfrenada de la "grandeza aria" generando la más terrible confrontación bélica de la civilización humana.

Como reflexionó Hannah Arendt, el nazismo era la cubierta ultra nacionalista del totalitarismo germano en su afán por la dominación en Europa y en el planeta. Sus ejecutantes en el aparato represivo eran simples y terribles asesinos, burócratas de la muerte, sin ideología, reclutados en las heces de la sociedad, individuos cuya criminalidad se forjó en la canallesca condición de cada uno de ellos.

El plan expansionista del Tercer Reich correspondía a la vieja clase dominante germana en busca de revancha por su derrota anterior y el efecto económico del Tratado de Versalles. Era Alemania como base de una hegemonía planetaria. Esta razón tan esencial y a la vez tan concreta, era imposible en un país pequeño como el nuestro, ello determinó que en Chile el fascismo solo existió en su versión más cruel y despiadada, en su extrema criminalidad, pero resultó incapaz de ser imperialista.

Los agitadores del golpe de Estado fueron autores de horribles crímenes para viabilizar la concentración de la riqueza en los consorcios financieros que se incubaron en la dictadura. Ideales nunca tuvieron, valores morales tampoco. Las víctimas fueron asesinadas para instaurar un orden social atrozmente injusto, cruel y depredador. El régimen de Pinochet podía torturar, asesinar y envilecerse en sus horrendos crímenes, pero sin tener posibilidad alguna de expandir el territorio.

Por eso se entregó a los "Chicago boys", abriendo completamente el país al capital foráneo y desnacionalizando la economía. La dictadura militar fue una farsa criminal terrible. Hacer de nacionalistas para implantar una total desnacionalización. Ese horripilante experimento fue el que sostuvo y defiende la derecha chilena y Jaime Guzmán, su relamido ideólogo, a quien correspondió la vergüenza de su justificación ante el país. Hoy en Alemania el nazismo está suprimido. La sociedad democrática tomó la resolución libre y soberana, de excluir una ideología de agresión y muerte, de terror y confrontación que demolió los avances de la nación y la cultura alemanas, colocándole al borde de su completa y total destrucción.

Pero esa ideología resurge en agresivos focos racistas y antipopulares en la propia Alemania y diversas naciones, también en Chile, el falso nacionalismo del Partido Republicano de Kast es una expresión de esa añoranza de una raza pura y de un país sin migrantes. En el mundo actual eso es enteramente imposible, mejor dicho, nunca ha sido posible, salvo transitoriamente para comunidades humanas aisladas, fuera del avance general de la civilización. Ante la debilidad e ineptitud del gobierno agitan la odiosidad a quien resulte diferente. Su ira mezcla el rechazo al migrante y a la pobreza. Se creen potentados y son simples pero peligrosas criaturas, llenas de prejuicios y temores a su propia rol de subordinados en la escala social.

Ahora retoman el odio contra la izquierda, como lo hace su líder actual en los foros de la campaña presidencial, de eso viven, necesitan un adversario al que destruir, por cierto ese no será el capital financiero al que se someterán siempre, digan lo que digan, como ocurrió con Hitler en Alemania y con Pinochet en Chile. Hay que denunciarlos porque son capaces de terribles crímenes, como pasó con buena parte de la estructura de "Patria y Libertad" que terminó, luego del putsch de 1973, en los aparatos de represión, tortura y muerte del régimen militar.

El fascismo desata las peores conductas. Así pasó en Chile. Mayordomos o capataces, capitanes o sargentos, incluso peones de los potentados, salían "a cazar extremistas", delatando y/o matando obreros, estudiantes y campesinos, con una criminalidad que extendió el terror y posibilitó la consolidación de Pinochet, pero que desnudó la brutalidad y ausencia de humanidad del fascismo, su total carencia de los valores fundamentales que se han ido creando y fortaleciendo a lo largo de miles de años en la civilización humana.

El fascismo fue una fuerza de choque para el cumplimiento de ordenes funestas, atentados, bombazos, voladura de vías férreas y los estremecedores crímenes de René Schneider y el edecán naval Arturo Araya, antes del golpe de Estado; y después de su implementación fueron los verdugos del terror de Estado. Asesinos por una paga a fin de mes. La peor condición humana. A la postre, el fascismo es sólo la cruel brutalidad de individuos desalmados que en el poder resultan ser el crimen organizado con el control del Estado.

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