Durante los primeros 100 días de la administración del Presidente José Antonio Kast se ha confirmado una tendencia que parece estructural: nuevamente, no habrá una coalición política de gobierno formal. Si bien el espectro de partidos que respalda al Ejecutivo es amplio, la realidad demuestra que un pacto de largo plazo entre fuerzas como Evópoli y Renovación Nacional con el Partido Nacional Libertario e incluso con el propio eje oficialista, el Partido Republicano, se avizora sumamente complejo.
Aunque inicialmente todos se alinearon detrás de la figura del Mandatario, aportando capital político y técnico mediante el ingreso de profesionales a los distintos ministerios, bastó la presentación de las primeras agendas legislativas para que afloraran las diferencias profundas que tensionan esta fórmula de "apoyo sin coalición".
Uno de los quiebres más evidentes lo provocó la propuesta del líder del PNL, Johannes Kaiser, quien busca impulsar un proyecto de indulto general para los uniformados condenados por su actuar durante el estallido social de 2019. Desde Chile Vamos el portazo fue inmediato. El presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, descartó de plano un respaldo en bloque, enfatizando que una medida de esa naturaleza debe aplicarse bajo una revisión exhaustiva y caso a caso, desmarcándose de la lógica de una amnistía general.
A esta tensión se sumó el duro cruce entre el influyente diputado republicano Agustín Romero y Renovación Nacional, al revivir públicamente el concepto de la "derechita cobarde", acuñado originalmente por Santiago Abascal, líder de Vox en España y referente ideológico del republicanismo chileno. Romero no solo generó molestia, sino que provocó un reclamo formal por parte de RN.
El episodio evidenció una distancia que no es solo de forma, sino de fondo respecto a cómo se entiende el ejercicio de la política. La molestia escaló a tal punto que el senador Andrés Longton advirtió con claridad: de mantenerse este tipo de dinámicas, la viabilidad de la alianza oficialista llegará a su fin.
La fotografía del momento es nítida. Al igual que en el periodo anterior, el fantasma de las "distintas almas" vuelve a rondar los patios de La Moneda. Ante la incapacidad de los partidos y del propio presidente Kast para subordinar las agendas identitarias en pos de un proyecto común, el diagnóstico se vuelve ineludible: no habrá coalición, sino una frágil cohabitación parlamentaria.