El rol histórico del espacio político socialista

La denominación “espacio político” se utiliza para distinguir una formación partidaria de las demás, en especial, de las más cercanas que pueden confundirse o quedar superpuestas, sin destacar o al menos sin lograr establecer su propia identidad o atributos de las otras fuerzas políticas.

Con el tiempo, también por el descrédito de la política, ha ido tomando mayor importancia la claridad que tenga un Partido del lugar que tiene o qué aspira tener en la vida de su nación, porque la conciencia de su “espacio político” es mucho más que una descripción de la fisonomía de una colectividad humana que participa de la brega política.

Por cierto, no todas las fuerzas ocupan el mismo espacio político. Hay reaccionarios y progresistas, conglomerados que actúan para la conservación del stato-quo y otros que se comprometen con la transformación de la sociedad. Así como existen diversas agrupaciones que se definen como de “centro” en el incesante desafío humano de avanzar respondiendo a las nuevas exigencias evolutivas o aferrarse a lo ya puesto en cuestión por el progreso social.

El Partido Socialista ha forjado con su propio esfuerzo su espacio político que expresa su contribución a la lucha por la democracia y el cambio social, promoviendo los derechos sociales y políticos de los trabajadores y una opción de desarrollo que represente los intereses de Chile. Su mayor expresión fue la “vía chilena” liderada por Salvador Allende.

Su “espacio político” no es una entelequia. Se forjó con un patrimonio de luchas que están en la historia del Partido, su doctrina, símbolos que proyectan su identidad, contenidos ideológicos y programa de gobierno, aciertos y errores en su existencia de más de 80 años, con sus liderazgos históricos y ocasionales, y la fuerza moral de los héroes y mártires que por sus ideales fueron perseguidos, torturados, incluso asesinados, y también se construye con la valoración que el país hace de su aporte al desarrollo social y nacional.

El espacio político del Partido Socialista habla desde su propia existencia porque va mucho más allá de lo puntual o anecdótico, es un concepto que amalgama raíces sociales, voluntad política, ideas-fuerza, relaciones internacionales, es decir, habla de un fenómeno subjetivo que se transforma en una realidad objetiva porque cuando se cita a esta fuerza política ya se sabe de que se habla, del patrimonio que tiene, de la historia y de los proyectos que la singularizan e identifican.

En consecuencia, el espacio político del socialismo chileno es la expresión de una tarea de generaciones, tan vasta que sus raíces se anticipan incluso a la existencia formal del Partido porque en un inicio esas huellas se hunden en un momento histórico trascendente, de un impacto especial o de circunstancias excepcionales que afectaron a las fuerzas sociales e intelectuales desde donde surgió y que apoyaron el surgimiento de su organización territorial, social y política.

En efecto, la crisis mundial del capitalismo que se arrastró largo tiempo detonando en 1929 con alcances que estremecieron las estructuras imperantes y el deterioro de la dominación oligárquica del Chile de entonces, activaron fuerzas sociales que generaron en los años 20 un colapso institucional, agudizado por una intensa deliberación militar, situación que llevó a la elaboración de la Constitución de 1925 y que, en el inicio de los años 30, generó la crisis del sistema político y la proclamación de la República Socialista de los doce días en 1932, liderada por el Comodoro del Aire, Marmaduque Grove, fundador del Partido Socialista, el año 33, junto a Eugenio Matte y un puñado de combativos militantes, obreros e intelectuales.

Así, trabajadores manuales e intelectuales, activistas de la clase media, profesores comprometidos y campesinos emigrados, artesanos empobrecidos con sus familias en busca de alimentos, fueron los que requerían PAN, TECHO y ABRIGO!!! y se activaron dándole vida y la energía necesaria para apoyar sus primeros años de lucha, cuando aún el socialismo chileno era una opción no consolidada en el largo plazo de los sucesos que van formando la acción política que entra en la historia del país.

Por eso, la denominación “espacio político” da cuenta de un hecho actual, pero conectado a una realidad histórica establecida, se refiere a los sucesos del presente sin que pueda prescindir de acontecimientos que no se pueden borrar u omitir por el afán particular de un individuo o de un grupo de ellos por notables que aspiren a ser o que incluso lo sean y no depende de su retórica por encendida que sea su resonancia.

Es decir, el espacio político socialista se refiere a una realidad que va más allá de la organización material del Partido. Así quedó claro al reponerse la acción política cuando Pinochet ya no pudo suprimir el “espacio” político público que generaron las protestas populares desde mayo de 1983, y en las calles se impuso por la movilización social la reorganización de las fuerzas políticas proscritas por la dictadura.

En ese periodo, el Partido Socialista todavía estaba golpeado por la brutal represión y afectado por las divisiones que lo desgarraban, pero el “receso político” se desplomó y miles de nuevos luchadores de todas las edades y condiciones se hicieron socialistas.

Asimismo, una diversidad de expresiones de izquierda acordaban su disolución y se hacían socialistas, con la voluntad de participar en la reconstrucción de un Partido Socialista que fuera un actor gravitante en la restauración democrática.

Esos militantes de izquierda, provenientes del MIR, el MAPU, el MAPU-OC, la IC, y en parte del PC y el PR, no seguían un ”Mesías”, es decir, una figura providencial llegada desde espacios ignotos sino que entendían y valoraban que el patrimonio histórico del socialismo chileno, su espacio político en la transición, sería de importancia cardinal para el futuro de Chile.

Así, el personalismo que se exacerba en tiempos críticos, con personas de rasgos mesiánicos que creen poseer la verdad absoluta, ese fenómeno que tanto divide y dispersa cedió su lugar a la unidad y a la cohesión social y política. Ese proceso fue decisivo para la proyección del Partido Socialista en la situación nacional que se configuró al término de la dictadura.

Esa realidad histórica no se inventa por los impulsos mesiánicos de uno u otro individuo que dice “creará” un espacio socialista. En rigor, independientemente de los deseos de ciertas personas, se trata de una pretensión que está fuera del ámbito individual de una figura determinada por mucho que tenga una elevada valoración de sus propias habilidades políticas.

Muy grande será el ego de alguien que se crea líder y muchas páginas le regalarán a su tarea de socavar el Partido que no puede evitar el exhibicionismo mediático, pero el espacio socialista se ha forjado con la lucha más que centenaria de miles de militantes y no podrá ser usurpado ni dividido por la exaltación individualista de nadie, porque pertenece al pueblo de Chile.

La acción política se realiza desde el compromiso individual, pero no para resarcirse en lo personal, no se hace en beneficio propio, no se trata solo de fortuna o dinero, tampoco en función de la figuración individual y los halagos que nunca dejan de ser interesados, si se piensa en el protagonismo que se reduce a lo personal se cae en una profunda corrupción moral.

El espacio político socialista es un patrimonio histórico relevante, se trata de una vocación moral que expresa en la acción política la voluntad militante de colocar las destrezas y las energías personales a disposición de la causa común y de corregir las debilidades colectivas para avanzar por el camino de una sociedad justa y solidaria. Son ideales que prevalecerán, no podrán ser destruidos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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