Es el mundo de los desadaptados

La derecha atraviesa por una mala etapa. Tiene un gobierno decepcionante, una coalición dividida y un futuro incierto. La nota común es la debilidad. Sus dirigentes suelen decirnos y decirse a si mismos que “ahora sí” viene su tiempo porque hay muchas más cosas que los unen que aquellas que los separan, en comparación con sus adversarios.

Pero en política no se vive de supuestos, sino que se verifican cursos de acción efectivamente implementados. Lo que se ha visto hasta ahora no tiene que ver con la confluencia, sino con la mantención de las divisiones. Han empezado a emplazarse unos a otros sobre la necesidad de presentar una lista conjunta en las próximas elecciones, incluyendo la de constituyentes. Hasta hace no tanto este era un piso que ni siquiera valía la pena mencionar.

Si tuvieran que hablar con sinceridad, encontrarían en la fuente de sus problemas las convicciones que los han guiado hasta ahora. La crisis política y social los halló en el poder implementando sus políticas más representativas. No existía por delante ningún gran obstáculo que les hiciera frente.

No es, como ahora, que estuvieran buscando “mínimos comunes”, estaban implementando sus máximos, sin restricciones. Estaban haciendo exactamente lo que querían y les gustaba hacer. Hoy se dan cuenta que no pueden plantear nada de esto sin parecer personajes de otra época, que es exactamente lo que son. Su mal se llamada desadaptación al medio y es grave.

Si fueran francos (y no lo son ni pueden serlo sin quedar en evidencia) tendrían que volver a presentar el programa de gobierno de Piñera, que quedó botado por el camino, en el mismo lugar donde quedaron las máquinas de escribir.

Como no han salido del desconcierto esperan que pase algo de tiempo para ver las cosas con más claridad. Pero el mal que tienen no se cura con tiempo, puede que ocurra al revés. Los motivos de querella van aumentando debido que nadie les pone atajo. Por eso se ha visto a diputados de RN evaluando respaldar la acusación contra el ministro del Interior. Esto puede ser muy bienvenido por parte de la oposición, pero es un despropósito para cualquiera que quiera mantener una coalición que exhiba un mínimo de decoro. Ahí han llegado.

Este último episodio muestra a la derecha tal cual es hoy: un conjunto de partidos con mando parcial dentro de sus filas y sin un vínculo fuerte con su gobierno. No puede ser de otra forma. Si uno necesita un líder inspirador y con lo que se encuentra es con Piñera, de verdad está en un problema grave.

Si la derecha se pudiera rendir, ya habría levantado una bandera blanca. No tiene esa opción. Está atrapada en los temas de coyuntura que, por definición, son infinitos: retiro del 10%, inhabilidades, acusación constitucional, críticas a los ministros.

No hay que confundir las cosas, en las elecciones el oficialismo se va a ordenar, sus votantes son mucho más disciplinados que sus partidos.

Mal no les va a ir, pueden competir con éxito en la contienda presidencial. Ese no es el inconveniente. Lo que de verdad nos debiera importar a todos es comprobar que no se encuentra en condiciones de gobernar y está pidiendo “a gritos” (como gusta decir a Desbordes) que otros tomen el relevo en La Moneda.

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