Flores para la Reintegración

Este nocaut que recibió el Gobierno liderado por Sebastián Piñera por parte de la ciudadanía ha tenido varias consecuencias. Y si bien huelga decir lo inaceptable que conciudadanos perdieran la vida en manos de agentes del Estado, parece que La Moneda estaba más preocupada de una víctima por daño colateral: su reforma tributaria que incluía reintegración.

Porque no fue sino hasta que el flamante titular de Hacienda se abriera a estudiar fórmulas que permitan una aprobación de este cambio tributario, que La Moneda dejó de intentar resucitar su artículo estrella. Bueno, las flores bajaron de precio, según el otrora jefe de Teatinos 120. Uno de aquellos comentarios tan alejados de la realidad detonando esta crisis social que nos exige seguir aún más en la lucha contra la desigualdad.

Se nos ha pasado la cuenta y metido en el mismo saco a tantos. Es momento de la humildad y trabajo,  aunque esos emplazamientos vienen de quienes son parte del problema también.

Es fácil el discurso incendiario de quienes se suben en la cola del tren, algunos que se cruzan de brazos y pretenden levantar como un hecho político no salir en la foto con la ex Concertación. Los índices de pobreza no se han profundizado gracias a un trabajo sostenido, donde debe haber renovación, claro. Así como alternancia, claro también. Pero sin perder la vista de quienes ocupan el sillón presidencial.

La culpa la tenemos todos,  así como la responsabilidad política. En el corto plazo tanto aquel que se queja de que el Presidente no lo representa, sin haber acudido a las urnas, como aquel que no leyó las señales más evidentes. Ahí cabemos todos, porque no apuramos el tranco, porque si bien ideamos un anterior gobierno reformista, nos mareamos con populismos que nos desviaron del objetivo principal.

Años llevamos insistiendo en reforma previsional, mejor educación y mejor salud. Una democracia más sana, un desarrollo para todos, mayor oportunidad. Representamos un signo político - que aunque se nos reprochen muchos retrasos - ha sido constante en intentar correr el cerco marcado por años de dictadura militar y económica.

Ahora no podemos desconocer que también recibimos el cartillazo ciudadano y con más fuerza entonces es imposible aceptar menos de lo que exige la calle.

Por ello, en lo que nos toca de manera particular somos enfáticos que Hacienda no pierda su tiempo buscando fórmulas con letra chica para insistir en una reforma que tampoco es prioridad, como la tributaria en los términos que han planteado. Estamos disponibles sí, para los avances reales e inmediatos que cambien lo contenido en su precaria ley de Presupuesto.

Como piso, la meta de déficit fiscal para 2020-2022 debe flexibilizarse, porque de haber reforma tributaria ésta debe ser una progresiva que permita financiar el mayor gasto social, si es que se quiere empezar a salir de la crisis.

Luego, atendiendo al carácter urgente en pensiones, esperamos una ley corta para el incremento a las pensiones básicas solidarias y aporte previsional solidario. Convengamos que eso no es la solución como cree el gobierno y por ello es necesario la ley larga que apunte a efectivamente obtener una ley de pensiones solidaria intra e intergeneracional para mejorar pensiones ahora y no en 40 años más.

Si hablamos de desigualdad, evidente incluso en cómo el gobierno enfrentó el amague de las protestas, es que debemos avanzar en enfrentar inequidades territoriales y fortalecer los gobiernos regionales y locales, tanto con mayores recursos contenidos en nueva ley de rentas regionales,  como en un rediseño más equitativo del Fondo Común Municipal.

Y porque temo ya no sea tomado en cuenta, sigo siendo majadero en que presupuesto 2020 sí debe considerar la emergencia hídrica más allá del discurso. Una de las vías que lo aseguran es mantener un ciclo plurianual de inversión en regiones con mayor sequía y generar infraestructura que resguarde el recurso hídrico.

Esto es sólo parte de lo que esperamos el Ejecutivo considere para materializar los cambios, y porque desde el Legislativo sentimos aquella impotencia en ambas Cámaras cuando nos encontramos con proyectos distintos a los anunciados.

Parte de hacer los cambios es trabajar en las reformas necesarias, y no estirar el elástico con declaraciones que no lo son, como las del titular de Segpres (nuestra nueva contraparte) afirmando que “por primera vez en mucho tiempo hay un gobierno que se hace cargo de los problemas de la ciudadanía”.

Ante esto, sólo me queda parafrasear al ex ministro Larraín y aconsejar que se alegre que las flores bajaron de precio, para que declare difunta esa actitud.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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