Las cifras provenientes de las propias autoridades de gobierno coinciden, en su conjunto, que su objetivo económico es aumentar sustancialmente el ingreso del 1% más rico de la población, para "elevar la inversión" y maximizar sus utilidades, son cifras que irritan a los chilenos que deberán pagar con su trabajo los exorbitantes privilegios de ese sector.
¿Por qué tanta avaricia? En fortunas que superan cifras increíbles para un país de las dimensiones de Chile, de 100, 500, 1.000 o varios miles de millones de dólares, agregarle nuevos montos similares por la cuantía de esta increíble rebaja de impuestos a esas fortunas colosales, viene a dar cuenta de la ausencia de respeto a la patria, de la nula voluntad de trazar un camino compartido y la decisión de atesorar en sectas minúsculas cantidades siderales de dinero.
Así no se ve fácil la ruta de Chile hacia el porvenir. Incluso se prepara un drástico recorte de la alimentación escolar y las ayudas estudiantiles. Se observan rígidos gobernantes resueltos a imponer sus criterios opresivos aplicando una rígida disciplina en sus filas y "pirquineando" los votos faltantes a sus planes favoreciendo el populismo y la impudicia de aliados temporales que cambian el interés de Chile por alguna menguada ventaja que les convenga en las futuras elecciones.
Incluso su fanatismo pinochetista se ve como excusa instrumental, la avaricia al desnudo no alcanza para ser presentada como proyecto político, requieren algo más, y aunque sea minoritaria en Chile la idea de la democracia protegida, el orden bajo control castrense con un gobierno de ultraderecha, a lo menos puede presentarse como objetivo distinto a la exclusiva ansiedad por los billetes o como orden ante el crimen organizado, aunque a la fecha sólo tienen para mostrar los líos del Ministerio de Seguridad. Este es un orden oligárquico financiero implacable.
Esto es lo primordial del gobierno de ultraderecha, recurrir a las medidas, legítimas o ilegítimas, que le validen en el poder, lo extiendan y consoliden. En eso sí son exactamente igual a Pinochet. Su objetivo supremo es el poder de los grandes consorcios, entregando el patrimonio nacional al 1% de la población.
No resulta una ironía recordar la conclusión a la que llegó Carlos Marx, a través de sus larguísimas horas de estudio de la evolución y el desarrollo económico y social y afirmar que el capitalismo, a la postre, sería víctima de sus propias e insalvables contradicciones. En la era nuclear, el peligro es que tales conflictos y confrontaciones desencadenan guerras devastadoras que destruyen naciones y territorios inmensos, llegando incluso a arriesgar el futuro de la humanidad toda.
Detrás de tales enfrentamientos desoladores están las fortunas individuales de insaciables individuos cuya megalomanía les señala a unos que pueden ser los amos de sus países y, a algunos de ellos, que pueden ser los amos del mundo. La danza de mega fortunas distorsiona totalmente las conductas individuales. Así, la civilización se pone en peligro a sí misma.
Las maravillas de la humanidad, forjadas durante siglos, son amenazadas por las armas letales que en manos de la malignidad insaciable de unos pocos, pueden estrellar a la civilización humana en contra de su propia supervivencia en el planeta. No importa la edad que tenga, la persona que sea, la religión que profesa o el dinero que tenga. La posibilidad de una conflagración nuclear para apoderarse del petróleo y "tierras raras" que garanticen primacía mundial a unos pocos sería fatal.
De modo que se cruzan y convergen la lucha por la paz y la democracia en el gran objetivo histórico de esta época. La Cumbre Progresista de Barcelona, liderada por los presidentes Sánchez y Lula, ha sido un importante paso adelante. El rol que asume en los próximos meses la presidenta Claudia Sheinbaum será de gran trascendencia.