La verdadera controversia

Para entender la controversia entre Trump y León XIV hay que remontarse al papado de Benedicto XVI, quien sufrió la presión de poderes seculares y potencias que se sentían incomodados con su ministerio, por cuanto un catolicismo genuino no era del agrado y aceptado por aquellos que deseaban una institución eclesiástica más acorde con sus agendas ideológicas y posicionamiento político.

Las primeras fuertes presiones se hicieron notar con la amenaza de aislar al Vaticano de la red swift, impidiendo las operaciones de pago. En este sentido, las elites globalistas, el estado profundo y el Departamento de Estado de EE.UU. demostraron su descontento con el vicario de Cristo.

El discurso del papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona sobre razón, fe y violencia fue un detonante más para que poderes del mundo intensificarán sus presiones contra el santo pontífice, expresando sin disimulo el disgusto con el mensaje católico de que la conciliación entre razón y fe es necesaria, porque Dios es logos, argumentando contra la lógica del mundo que deriva en última instancia en violencia.

Otro hecho determinante fue la capacidad de Benedicto XVI para normalizar las presiones del régimen comunista chino sobre la iglesia perseguida, logrando que las comunidades católicas chinas fueran fuertes y capaces de soportar la persecución y la represión, lo que llevó al régimen a operar y llegar a acuerdos con otros poderes y elites globalistas para dar un golpe de timón a la institucionalidad vaticana.

Benedicto XVI era muy consciente de aquello, en especial de los lobos que deseaban terminar con él y su papado. Finalmente, presenta una jugada maestra, renunciando al ministerio y no al munus, haciendo que sus detractores internos cayeran en la trampa y llamaran a un conclave ilícito que a su vez ejecuta una elección ilícita, dejando establecida una sede impedida. De ahí en adelante, la institucionalidad vaticana se adecua a la agenda de los poderes seculares, elites globalistas y potencias específicas. Es decir, el Vaticano ajusta su discurso a las agendas ideológicas y políticas definidas por el liberal globalismo y acuerda con China el abandono de la iglesia perseguida. Desde entonces, el Vaticano ha mostrado especial acercamiento con el Reino Unido y la Iglesia Anglicana con quienes ya forma un eje del poder político-financiero e ideológico global enmarcado en el círculo Londres-Roma, cuya fractura con el poder global alternativo del imperialismo industrialista de la administración Trump se ha hecho patente.

En consecuencia, dicha controversia no es más que la controversia entre dos poderes globalistas en disputa, el círculo Londres-Roma y el imperialismo industrialista de la administración Trump. ¿Por qué esta controversia? Porque el poder financiero global ve en el industrialismo imperialista de Trump un poder alternativo, obstáculo para sus pretensiones de hegemonía y control mundial, ya que es un poder decadente que opera en base a la desesperación e ideológicamente es disfuncional a la alta burguesía capitalista financiera global. Si bien, ambos son parte del mundo sionista, las diferencias son esenciales en cuanto al procedimiento, ya que el dominio mundial se logra gracias a organismos supra y transnacionales y no estados nacionales. Estos organismos son condición intrínsecamente necesaria para la llegada del anticristo, recordando el libro del teólogo y filósofo católico ruso Vladimir Soloviev.