Experiencias de liderar cuando todo cambia

Hace cuatro años asumí como decana de Ingeniería UC, siendo la primera mujer en hacerlo en los 130 años de historia de la facultad entonces. Ese dato concentró la atención pública, como era esperable. Pero nunca fue ni el punto de partida ni el punto de llegada. Lo central era, y sigue siendo, qué vinimos a hacer y cómo.

Digo esto también porque creo que la pregunta sobre quién lidera importa tanto como la pregunta sobre cómo se lidera. Quienes hemos tenido la oportunidad de contar con mentores y antecesores que supieron reconocer talento y capacidades más allá de los filtros sabemos lo que significa una institución que apuesta por las personas sobre la base de su trabajo. Ese liderazgo generoso permite que una comunidad académica crezca, se renueve sustentablemente, asegurando continuidad institucional sin perder capacidad de transformación.

Hoy, cuando este primer período de decanato se aproxima a su término, la pregunta más honesta no es qué logramos, sino qué aprendimos sobre lo que significa liderar en tiempos de cambio. Las disrupciones tecnológicas -particularmente de la inteligencia artificial-, la creciente demanda de pertinencia social de las universidades y la necesidad de construir comunidades académicas capaces de atraer y retener talento diverso exigen una conducción preparada para gestionar la incertidumbre, articular diálogo entre posiciones divergentes y decidir aun cuando la información y los tiempos no siempre convergen.

Eso fue lo que orientó nuestra gestión. Sobre el legado del Care que el profesor Juan Carlos de la Llera impulsó como decano -hoy rector de la UC- construimos un nuevo horizonte compartido, el de inspirar y transformar personas para construir la sociedad que anhelamos, con excelencia y amor. Esa visión surgió de cientos de conversaciones con académicos, estudiantes, profesionales y exalumnos. Una hoja de ruta construida con otros, no para otros.

Esa convicción se tradujo en decisiones concretas orientadas a conectar conocimiento, industria y sociedad. Inauguramos el Laboratorio del DILab y el Laboratorio de I+D en Sistemas Constructivos, donde se experimenta con impresión 3D de viviendas y módulos prefabricados. Lanzamos el Doctorado en Ingeniería y Ciencias con la Industria y sellamos un doble doctorado con University College London. El Major en Ingeniería, Diseño e Innovación acorta la distancia entre conocimiento y aplicación real. Y para que esta proyección internacional fuera sostenible, consolidamos una dirección dedicada a gestionar los vínculos con instituciones y redes académicas globales, convirtiendo la cooperación en un eje permanente de la estrategia.

La apertura hacia el entorno respondió a la misma lógica. Creamos la Dirección de Compromiso Público, Comunidad y Diversidad, para que la relación con la sociedad dejara de depender de iniciativas individuales y pasara a ser una función estructural de la facultad, y reestructuramos la Dirección Tecnológica para alinearla con los desafíos de la transformación digital.

En paralelo, llevamos la cultura STEM a niñas y docentes en regiones a través de Preingeniería UC. Nos sumamos a diversas publicaciones, como "Querida Ingeniera", y a encuentros públicos, como los Diálogos Públicos EG+, que convocaron a diferentes actores del sector a pensar juntos academia y política. En ese mismo espíritu, somos parte de la organización de la Multiconferencia Internacional de Ingeniería, donde Santiago será sede continental en 2026, a través de la Corporación de Decanos de Facultades de Ingeniería de Chile, Condefi.

Todo ello exigió también revisar prácticas internas, fortalecer equipos académicos y profesionales, y cuidar condiciones que hacen posible una vida universitaria exigente y sostenible. Nada de esto habría sido posible sin el compromiso y la generosidad de una comunidad diversa y exigente. Agradezco profundamente a académicas y académicos, estudiantes, profesionales y administrativos, exalumnas y exalumnos, y a quienes han colaborado desde distintos espacios, por su trabajo, su confianza y su disposición permanente al diálogo. Liderar es siempre una tarea compartida.

Al cierre de este primer período, la facultad es más abierta, más diversa y conectada con su entorno. No es un punto de llegada, sino una base para lo que viene. Entre las experiencias de esta etapa, la más significativa es que liderar en tiempos de cambio no consiste en tener todas las respuestas, sino en construir comunidades capaces de hacerse las preguntas correctas y avanzar juntas. Las más exigentes de esas preguntas están todavía por delante.