Potenciando las debilidades: en política se identifica un error porque divide a los aliados y fortalece a los adversarios. En esta categoría se incluye el manejo que en la oposición se le ha dado al tratamiento del proyecto de ley de reconstrucción. Mientras el Gobierno estuvo dependiendo de sus acciones, no ha sido bien evaluado por la ciudadanía. Se le penaliza por no concentrarse en las prioridades que le dieron el triunfo en campaña y por no ser efectivo en sus acciones.
El primer triunfo importante que ha tenido se lo debe al comportamiento de la oposición en la Camara de Diputados.
A la centroizquierda le pena la falta de conducción política central, ha dado pasos para conseguirla, pero mientras se aproxima a alcanzarla, los errores se siguen presentando y se paga por ello costos muy altos.
Lo habitual es que la oposición emplace y el gobierno se vea en la obligación de responder. Ahora es el oficialismo el que ha podido tomar la iniciativa y es la oposición la que tiene que dar explicaciones por el uso de una triquiñuela que fue respondida por otra más eficaz. Nadie puede alegar por ser derrotado en el juego que ha escogido, solo porque le salió todo al revés.
Es lo que reconoce, por ejemplo, Raúl Leiva, el jefe de la bancada del PS. Él fue contrario a la inundación de indicaciones para obstruir el desarrollo del proceso, pero, luego de que el Gobierno presentara las indicaciones sustitutivas, no tuvo otra alternativa que pedirle al Ejecutivo "un estándar mucho mayor que uno o varios diputados que pretenda obstaculizar el desarrollo del proceso legislativo".
Es lo que sucede cuando se pierde la iniciativa en una competencia en que lo que llega a importar es quién es más hábil en el descenso del nivel: si los que obstruyen para que no se legisle o los que evitan el debate para que se apruebe a todo evento.
Es cierto lo que dice Leiva: "El gobierno cae en el mismo juego del obstruccionismo, pero del lado distinto, es decir, algo que tanto criticó vuelve a caer en lo mismo". Es lo que ocurre cuando todos pierden y el prestigio parlamentario sigue donde está.
Si se juega al más pillo, se pierde
Solo un grupo de diputados optó por la obstrucción, pero dio la idea de que las bancadas opositoras en su conjunto habían optado por lo mismo, con el consiguiente daño. Este fue un regalo que sacó al oficialismo de la obligación de tener que responder por una amplia gama de errores, para pasar a celebrar que salió bien librado de un cerco burocrático que se mostró como inútil. Los tácticos no pueden dirigir las acciones porque solo ven lo que tienen al frente (y, a veces, ni eso), pero pierden el propósito que justifica lo que se está haciendo.
Al amparo de las aprehensiones institucionales presentadas por el Consejo Fiscal Autónomo y la Corte Suprema, la oposición parte de una sólida base para desplegar sus argumentos en ambas cámaras. Por eso no puede optar por evitar la discusión, sino por darla en profundidad punto a punto. Puede que eso no la convierta en mayoría únicamente sosteniéndose en razones, pero tampoco puede perder si su punto de vista llega a hacerle sentido a una mayoría ciudadana.
Hay que recuperar la coherencia. En el documento de la Red de Centros de Pensamiento Progresista, los centros de estudio analizaron en profundidad la propuesta de gobierno. Fueron muy críticos, pero abrieron el camino al diálogo.
Al presentar este escrito, uno de sus autores, Osvaldo Rosales, explicó que medidas como la rebaja al impuesto corporativo necesitaba ser "compensada a través de un modo progresivo". Armarse para el debate no tiene nada que ver con impedirlo usando triquiñuelas. Se puede jugar a imponer argumentos en el debate o a impedir el debate, pero no se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo.
Hay que aprender de los errores e identificar los callejones sin salidas cuando se entra en ellos. La oposición debe escapar de la trampa en la que se metió sola. Todos tenemos derecho a equivocarnos, pero también la obligación de no comportarnos como reincidentes.
Hora de reordenarse
El Gobierno aprovechará esta coyuntura para permanecer con la iniciativa en sus manos. Para eso intentará lo obvio que es seguir ofreciendo distractores a sus adversarios. Por eso la centroizquierda ha de saber escoger sus batallas y dejar pasar los señuelos destinados a que salga corriendo hacia cualquier lado. Si la oposición deja de ser un factor que tomar en cuenta cada vez que se dispersa, entonces lo lógico es que el oficialismo intente sacarla del debate central, tentándola con una serie de debates secundarios para que se entretenga en la irrelevancia.
Es un momento adecuado para que las jefaturas de bancada operen y conduzcan las acciones. Ninguna iniciativa individual, por interesante que sea, va a poder pesar en un proceso donde lo que importa es lo sistemático de los avances que se tienen y la capacidad de mantenerse enfocados en lo principal.
Los centros de estudio han de acercarse más a la tramitación legislativa, porque se ha demostrado su capacidad de entregar orientaciones que profundizan los argumentos que ya se tienen en papel y que ahora deben pasar al foro en sala. La guía para enfrentar los señuelos del oficialismo es simple: se debe aceptar cualquier discusión que pueda conectarse con el debate central que se está dando. Todos los caminos deben conducir a Roma y, si no es posible, hay que dejarlos para una mejor ocasión.
Si Kast señala que Boric encabezó un gobierno que desconfiaba de la iniciativa privada, no se saca nada con reivindicar el pasado. Mucho mejor es argumentar cuánto se hizo por fomentar la iniciativa público-privada, para luego enlazar con que no se saca nada con debilitar una de las partes esperando que la otra tome por completo la iniciativa. Las propuestas de la oposición son una muestra de cómo se puede lograr una colaboración necesaria porque el crecimiento no es sinónimo de debilitamiento de los derechos sociales, de los municipios o del Estado central.
Al camarón que se distrae le pasa lo mismo que al que se duerme. Hay que notar que el gobierno está hablando cada vez menos de emergencia y cada vez más de crecimiento, que es un paso importante en una buena estrategia.
La oposición no puede perder el paso ni detenerse. Lo único de lo que podemos estar seguros es que, con un gobierno que pasó su peor momento con su ayuda, solo queda mejorar su propio desempeño porque de otro modo ya no se podrá poner al día y quedará a remolque de los acontecimientos. El punto de inflexión es ahora.