La incapacidad económica de Piñera

En medio de sus ampulosas frases para la galería, de sus publicitadas giras recargadas de yerros diplomáticos y de sus diversas tretas para asegurarse el control sobre Fuad Chahin, el verdadero objetivo de Piñera es ocultar su incapacidad en lo económico. 

Aquí está su obsesión y también su astucia, esconder su ineptitud donde se consideraba superior, la gestión económica. Según datos del INE la producción industrial cayó 0,2%, el Índice de Producción Minera bajó 2,0%, en 12 meses, el Índice de Producción de Electricidad, Gas y Agua se contrajo 1,5% y el Índice de Producción Manufacturera lo hizo en un 1,9%.

Esto no hay como taparlo, ni con los ataques a la anterior administración culpándole de “un cuánto hay”, tampoco con el recurso de culpar por el magro crecimiento a la crisis internacional y, en particular, a la guerra comercial chino-estadounidense, y no resulta responsabilizar por el desempleo a los migrantes.

Respecto de su incapacidad para generar iniciativas de inversión sustentables y de abrir nuevas rutas de superación de las fragilidades estructurales del esquema de extracción de materias primas prevaleciente en Chile, el gobierno no tiene respuesta.

Hay una explicación, Piñera y todo lo que es cómo actor político lo debe al capitalismo rentista del cual es tributario, no fue ni será exponente del capitalismo productivo, en el caso que haya que optar entre las mesas de dinero y el ruido de motores y herramientas industriales, como parte de la élite formada bajo la égida de los Chicago-boys, optará por el capital especulativo. 

Se trata de rentistas extremadamente acaudalados acostumbrados a obtener abundante dinero arriesgando poco y ganando, cuyo progresivo enriquecimiento al país no le entrega nada, pero que siempre ambicionan más.

Por eso, la solución milagrosa de él y su equipo económico es la entrega de cerca de mil millones de dólares de recaudación fiscal a los consorcios financieros a través de la reforma tributaria en trámite en la Cámara de Diputados, un beneficio impositivo que sin el apoyo clave de Fuad Chahin no podría aprobarse, pero que agravará la fragilidad estructural de Chile.

Esa iniciativa está pensada en la pura y dura tradición del “chorreo” pinochetista, darle más a los más ricos, para que el mega volumen de sus movimientos bursátiles que genere algo de actividad económica que la pasividad e inercia de la acción del gobierno es incapaz de provocar. Esa receta tendrá un solo resultado: aumentar la desigualdad.

Por lo demás, los diputados de la Comisión de Hacienda que son DC, José Miguel Ortiz y Pablo Lorenzini, al conocer la redacción de las indicaciones del Ejecutivo señalaron que no eran lo que esperaban, según lo acordado entre ellos y el gobierno, así se aumentará el déficit y el país seguirá siendo empujado a gastar más de lo que tiene hasta comprometer su estabilidad futura.

Esta lamentable receta dónde se ha aplicado ha hecho estragos. En los Estados Unidos, se aplicó en la administración de George Bush Jr, fue denominada “conservadurismo compasivo”, pero no logró cuadrar el círculo, por una parte rebajó los impuestos y por otra aumentó el gasto, eso llevó a la derrota política de los republicanos que sostuvieron esa posición inconsistente.

Así se demostró nuevamente que no se puede gastar más con menos recursos; esta idea se ha ensayado mil veces y el milagro no ocurre, pero Piñera en su ilimitada autocomplacencia anuncia cada día que pasa nuevos gastos y medidas del tipo que sean con efecto mediático, sin contar con la recaudación fiscal que permita sostenerlos, por eso, cae en un populismo demagógico que intenta tapar el sol con un dedo: su fracaso en la conducción económica.

Esa es la razón que explica la negación del bono a las y los trabajadores de jardines infantiles, evaluado en 30 mil millones de pesos que, en comparación con los 1.000 millones de dólares de beneficio a la élite financiera con la reforma tributaria, permite apreciar el abismo que separa la gestión piñerista de los intereses de la clase media y del conjunto del país.

Esta realidad que se abrió paso con rapidez en la conciencia ciudadana es la causa de la impopularidad del gobernante, que parte de la crisis de expectativas qué el mismo provocó al prometer lo que no iba a cumplir.

Al menos, en la Tercera y Cuarta regiones, la gente tuvo el alivio del turismo generado por el eclipse del recién pasado 2 de Julio, allá fue el gobernante a posar sonrient; en el fondo, a vestirse una vez más, con ropa ajena, buscando quitar a la naturaleza lo suyo. Los automovilistas atrapados en la carretera al regresar no eran materia que le preocupara, total, no era su problema.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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