La intolerancia del personalismo

En democracia una de las cualidades que en la actualidad más se pide de los gobernantes es que sean capaces de escuchar y respetar a sus interlocutores. En Chile ambas condiciones están ausentes en el actual Jefe de Estado.

En efecto, pidió a los Presidentes de los Poderes del Estado una conversación acerca de la grave situación en La Araucania y, a la hora de presentarse ante los medios de comunicación, después de su habitual alocución, se retiró sin escuchar a la Presidenta del Senado, a quien correspondía intervenir y cuya opinión discrepaba del discurso oficial.

La conclusión es evidente: al gobernante le gusta oír sólo aquello que le es grato escuchar. Por eso, se rodea de una corte de aduladores e incondicionales que le llevan el amen en cuanto requiera "su excelencia". Este mesianismo fabricado desde la Presidencia es un típico síntoma autoritario, todo aquello que no encaje en la realidad auto construida por la élite en el poder, simplemente, no se permite, ni siquiera puede ser dicho y escuchado.

Es la confirmación de la intolerancia del personalismo que se manifiesta en forma sistemática en la conducta política de Piñera. El mismo error de Cúcuta, Colombia, el desprecio a la diversidad de opiniones, el rechazo a escuchar y la absurda creencia que su verborrea podrá cambiar la realidad. Carece de credibilidad, pero no puede contradecírsele, se cree infalible porque se hizo de una mega fortuna no importando los medios a los que recurrió.

Debe pensar que así como ayer engañó al país lo puede volver a engañar hoy. Ahí está la razón de su fracaso, ahora el valor de su palabra se desplomó, en la compleja diversidad del Chile que ha emergido luego del estallido social de Octubre del 2019, la obediente unanimidad que pide Piñera no es posible, está fuera de las alternativas y posibilidades.

Ahora bien, en la reunión en La Moneda se registró una diferencia de criterio de trascendencia, se trata que Piñera pretende militarizar la macro zona Sur y la Presidenta del Senado le hizo presente su expreso desacuerdo. En democracia está diversidad en las opiniones es natural, inevitable, pero resultó intolerable para el gobernante que no fue capaz de cumplir con su obligación, como autoridad, de saber escuchar.

De ese modo, Piñera presiona en la misma dirección que los grupos ultraconservadores de la derecha, desatendiendo la opinión de amplios sectores ubicados en todo el arco político-ideológico, que solicitan sensatez y la búsqueda de una solución política que evite que la violencia siga escalando hacia un conflicto definitivamente incontrolable.

Piñera ya tuvo un tremendo fracaso con el llamado Comando Jungla, con un discurso belicista, en la práctica instigó el actuar desenfrenado de sus efectivos, un vicio que terminó en el asesinato del comunero mapuche, Camilo Catrillanca. Esa responsabilidad política hasta hoy ha sido rehuida por el gobernante. Ahora hay que advertirle una vez más: sr. Presidente: no induzca desde el Estado el enfrentamiento en La Araucania que de producirse será una tragedia histórica para Chile.

También falló en la "estrategia de rebaño" para enfrentar la pandemia hasta que el COVID se descontroló y tuvo que sacar a Mañalich, endosándole el funesto costo social del fracaso. Luego, con el ex ministro Briones, hicieron cuanto estuvo a su alcance con el fin de impedir el retiro del 10% de los fondos de AFP en las dos ocasiones en que así se aprobó en el Parlamento. Pero, quiere seguir sembrando tragedia y dolor.

Hay que estar alerta, Piñera no ha asumido la lección, actúa como si no hubiera cometido errores garrafales. Hoy vuelve a la misma ruta de usar la violencia estatal ante un problema que lo desborda y supera. En su narcisismo abandona toda prudencia. Su irresponsabilidad política se une a la incondicionalidad de sus obsecuentes aduladores.

Es el típico comportamiento "cortesano" de quienes actúan exclusivamente en función del interés individual y olvidan por completo los intereses del país. Es el jerarca o mandamás que no acepta el criterio distinto al propio y que se solaza con los halagos de colaboradores obtusos e interesados que hacen de la lisonja su oficio. Por eso, se necesita otro bloque de gobierno para Chile.

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