La irracionalidad del anticomunismo

Hay doctas figuras de la política nacional que han expresado su apoyo a la opción de ultraderecha exclusivamente en base al anticomunismo, la razón es que el PC forma parte de las fuerzas que respaldan a Gabriel Boric. Parece que pedir un mínimo de argumentación a renombrados intelectos del país sencillamente no es posible.

Aún más, el mismísimo candidato de las fuerzas ultraconservadoras, en su tour de presentación a la ultraderecha en USA, señaló que no importaba la evolución y ampliación de las propuestas programáticas del candidato opositor porque este seguía siendo "representante" del PC, es decir, oculta el afán autoritario y xenófobo que lo caracteriza tras el fantasma del comunismo.

Con ese argumento se vuelve muy atrás, al tiempo de la DINA, etapa siniestra en la que muchos guardaron cobarde silencio, época de la más cruenta represión del régimen de Pinochet que con la excusa anticomunista cometió los más crueles crímenes, abusos y violaciones de los Derechos Humanos. Así se explica que en el programa neofascista chileno hayan incluido reponer la atribución policiaca para detener en secreto en las casas de las víctimas al proclamarse el Estado de excepcional constitucional. Es lo que hizo la DINA durante años, las bautizaron con el perverso nombre de "ratoneras".

Con unidad y lucha, el pueblo de Chile fue capaz de sobreponerse al dolor y las penurias, y con la activa colaboración de la comunidad internacional logró recuperar la democracia, de modo que los gobernantes ya no pueden hacer lo que les venga en gana en el ejercicio del poder y se ha ido instalando paso a paso el Estado de Derecho, gracias a ello el principio de legalidad no puede ser impunemente quebrantado. Incluso, Piñera como réplica al estallido social declaró una guerra que no pudo llevar a cabo. Chile cambió y el mundo también.

Por eso, el país no volverá al tiempo de la DINA y la CNI, el rechazo a los campos de concentración del régimen de Pinochet en la comunidad internacional hace imposible que traten de reabrirlos ahora, pero el recurso a una versión primitiva de anticomunismo para justificar cualquier tipo de conducta política, como ahora efectúan grupos del centro más conservador y mercantilista para apoyar a la ultraderecha, realmente es inaceptable, impresentable.

Otra vez, en una encrucijada histórica, los sectores conservadores de centroderecha y derecha yerran totalmente. Olvidaron dramáticamente las lecciones del pasado reciente y las penurias y sufrimientos que ello le costó a Chile.

La derecha apoyó con todos sus recursos el golpe de Estado y alentó la masacre que se desató sobre el pueblo chileno, consiguió afianzar al dictador y de inmediato defendió la dictadura en las Naciones Unidas, llegando a difundir vergonzosos pasquines, uno de ellos fue llamado el "Libro Blanco", negando el terrorismo de Estado.

Asimismo, justificó las ejecuciones de presos políticos, el secuestro y desaparición de detenidos políticos, las torturas y malos tratos, crueles y degradantes, mintió de modo canallesco sobre la terrible Operación Cóndor y otras deleznables acciones de terrorismo de Estado, como el triple degollamiento de 3 profesionales de militancia comunista y el homicidio de centenares de manifestantes en las jornadas de protesta nacional con la idea que la lucha contra el comunismo justificaba cualquier cosa.

No se trata de omitir los yerros políticos del PC que he expuesto en varias ocasiones, lo que señalo es como –nuevamente- la derecha chilena vuelve a justificar las más aberrantes y monstruosas decisiones políticas cegada por el irracional anticomunismo que le condujo a respaldar la dictadura de Pinochet y la práctica más abyecta del terrorismo de Estado.

Después del verdadero genocidio ideológico cometido en contra de la izquierda chilena quedó establecido un veredicto histórico irrefutable que deplora y condena como crímenes de lesa humanidad las acciones criminales del régimen dictatorial. La salvaje irracionalidad del anticomunismo convirtió en fríos asesinos sin límites ni remordimientos a los agentes del Estado que fueron encargados de ejecutar esas aberraciones.

En el terrorismo de Estado ejecutado por el régimen militar no hubo ni sentido ni lucha patriótica alguna, fue una criminalidad terrible que nunca será olvidada y avergonzará por siempre a sus responsables, aunque pretendan ocultarse en un vergonzoso negacionismo. Por eso, es imposible entender y menos aceptar la abstención electoral y resulta repulsivo el embellecimiento mediático de la contorsiones programáticas que hace cada día el candidato de la ultraderecha.

Sin embargo, este neopinochetismo vuelve a las andanzas, pero las fuerzas populares y democráticas han aprendido la lección y han logrado confluir para evitar la tragedia que sería un gobierno de ultraderecha. Por el bien de Chile.

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