La memoria histórica no se apagará nunca

El mes de marzo nos trajo a los militantes de izquierda remembranzas que tocan el alma, se trata de la memoria histórica que por sus hondos y diversos significados realza y revaloriza la lucha del último medio siglo por la libertad y la democracia para Chile

Pocos meses después del golpe de Estado, en marzo de 1974, fue asesinado en prisión José Tohá, ministro del Interior y de Defensa del gobierno de Salvador Allende, un testigo directo de la obsecuencia de Pinochet hacia el Presidente constitucional al quien terminó traicionando miserablemente el 11 de septiembre de 1973. También murió en marzo del 74 el general Alberto Bachelet, a consecuencia de las torturas que sus propios subalternos de la FACh le profirieron en brutales interrogatorios que le provocaron irreparables lesiones, causándole la muerte.

Desde el día del golpe de Estado el dictador puso especial atención en montar un aparato represivo con efectivos crueles y despiadados, que le obedecieran y aseguraran el control del país por medio del terror, incluida la tarea de sofocar cualquier discrepancia o descontento al interior de las instituciones castrenses. Pinochet dio las órdenes que le aseguraron eliminar a los personeros que le conocieron en su faceta de oficial servil y rastrero con las autoridades del gobierno que derrocó a sangre y fuego.

La fachada "doctrinaria" de la DINA, la intocable estructura criminal creada como "un Estado dentro del Estado", fue la llamada "doctrina de la seguridad nacional", paradojal denominación con la que se aseguró el modelo de mayor desnacionalización de la economía y del sistema productivo en la historia del país.

Asegurado el control del poder, el dictador llevó a cabo la supresión de las fuerzas de izquierda que consideró fundamental desarticular por medio del asesinato y la desaparición de sus dirigentes, así procedió a la persecución y eliminación de miles de militantes de los partidos populares.

A lo largo de 1974 fue implacable la persecución del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), marcada por el cerco, prisión y muerte de su dirección política, en particular de Miguel Enríquez, su líder y principal referente en el país.

Posteriormente, en marzo de 1975, fue secuestrado y desaparecido Ariel Mansilla, dirigente de la Juventud Socialista integrado a la dirección del Partido Socialista, un artífice del crecimiento que experimentó la JS en los frentes sociales durante los mil días de la Unidad Popular, y que después del putsch se convirtió en un baluarte de la reconstrucción en la ilegalidad del socialismo chileno.

El cerco a la dirección clandestina del Partido Socialista condujo a la detención, secuestro y asesinato de Exequiel Ponce, Carlos Lorca y Ricardo Lagos Salinas, a fines de junio de 1975. La pérdida de la dirección clandestina fue irreparable. A ellos se sumaron sucesivos golpes represivos en los meses siguientes, causándole al socialismo chileno un daño tan terrible y duro que no se logró reponer una conducción clandestina con esa misma autoridad y ascendiente político lo que influyó decisivamente en la terrible división partidaria de 1979.

Así también, en marzo de 1976, fue detenido y desaparecido el dirigente del PC José Weibel, quien dirigía en la clandestinidad la recomposición de las Juventudes Comunistas. En mayo la DINA logró apresar al núcleo de la conducción política del PC encabezado por Víctor Díaz, así como en diciembre consiguió desarticular al centro direccional que lo reemplazara, dirigido por Fernando Ortiz.

Al mismo tiempo, el terrorismo de Estado ejecutó la Operación Cóndor, que asesinó a miles de militantes de la izquierda latinoamericana en Argentina, Paraguay, Bolivia, Brasil y Chile. Entre ellos, en abril de 1976, fueron detenidos y desaparecidos los jóvenes socialistas Juan Hernández, Manuel Tamayo y Luis Muñoz.

La pérdida de esas vidas irreemplazables fue un dolor insuperable y una dura estocada al corazón de la reorganización política y social del movimiento popular chileno. El fascismo neoliberal arrasó lo mejor de esa generación de jóvenes luchadores de una conciencia social sólida, profunda, insobornable. Los más activos animadores de la división de las fuerzas democráticas previa al golpe de Estado nunca intuyeron siquiera la tragedia histórica que se incubó bajo el fuego cruzado de las fuerzas políticas democráticas que posibilitó el clima de caos y desgobierno que permitió la irrupción del fascismo.

El régimen pinochetista, sostenido por la derecha económica y política en la ejecución de ese atroz genocidio ideológico, ejecutó implacable la eliminación física de los dirigentes de la izquierda chilena en la clandestinidad. Por su ascendiente y por el patrimonio histórico contenido en su consecuente trayectoria fueron costos terribles, se cometió una acción criminal despiadada, contra luchadores indefensos.

Años después con el mismo objetivo, César Mendoza, corrupto y criminal general de Carabineros, uno de los 4 miembros de la Junta Militar, ordenó en marzo del 85 el secuestro y asesinato de José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino, militantes del Partido Comunista. Asimismo, ese día fueron asesinados los hermanos Rafael y Eduardo Vergara, y Paulina Aguirre, jóvenes rebeldes participantes de la lucha contra la dictadura en todas sus expresiones.

Estos crímenes fueron una venganza del régimen ante las jornadas de protesta que, desde 1983, sacudían a la dictadura y alimentaban la esperanza popular de alcanzar la justicia y la libertad. La dictadura no tenía otra alternativa que sobrevivir recurriendo al uso del terrorismo de Estado.

De modo que el camino a la libertad fue construido a través de combates muy duros para la izquierda chilena. Se aleja enteramente de la realidad la insinuación de una "transición pactada" gracias al dictador como ha insinuado Piñera en varios discursos y como sostienen erradamente algunas voces en la ultra izquierda.

Por el contrario, incluso derrotado en el plebiscito del 5 de Octubre, Pinochet urdió diferentes maquinaciones para detener la entrega de la Presidencia y así perpetuarse, entre esas maniobras siniestras la CNI llegó incluso al asesinato del vocero del MIR, Jecar Neghme, para provocar una respuesta violenta que le permitiera interrumpir el proceso electoral en 1989.

La democracia costó muchas vidas, dolor y sacrificios, por eso, hay que defenderla de toda suerte de artimañas y amenazas que se levanten desde el poder o fuera de él y que pretendan usurpar al pueblo chileno el ejercicio de la soberanía popular para decidir quién legítimamente gobierna Chile.

Cuando se concurre a votar y cada sufragio tiene el mismo valor que cada papeleta válidamente emitida se está ejerciendo y expresando una conquista universal, esta es que no importa la fortuna acumulada, el género que lo distinga o linaje del cual se proceda, la raza o las creencias religiosas, que no hay ningún factor que haga superior a un hombre o mujer respecto de las demás y que, por tanto, cada uno sea hombre o mujer será respetado en sus Derechos Humanos, independientemente de la diversidad que a cada cual identifique como miembro de la civilización humana.

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