Las llaves del cielo

Al arribar a un nuevo aniversario del natalicio de Salvador Allende, este 26 de Junio, siento necesario echar un vistazo hacia un fenómeno de "egocentrismo ideológico" que existe hoy, pero que ya se manifestó en el curso del proceso de la Unidad Popular, la llamada vía chilena, que tuvo lugar en nuestro país bajo su liderazgo, hasta que cayera derrumbada por el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

Se trata de la radicalización artificial de las posiciones políticas, con la cubierta de supuestas diferencias ideológicas. Su raíz es singular, hay políticos (de ambos sexos) que se auto consideran dueños del futuro, como si tuvieran en sus manos las llaves del cielo porque así ellos se sienten, una especie de guardias providenciales, auto designados por cierto, del destino histórico del país.

No obstante, más que de una línea argumentativa se refiere a una afirmación de fe, cual un predicador que clama su oración, aquellos que tengan otra opinión prontamente serán estigmatizados por pertenecer al pasado y arrojados fuera de su templo de iluminados y escogidos.

En política existen personas con pretensiones mesiánicas, para las cuales hay una sola verdad con ellos en el centro. No ven la verdad en los hechos sino que en sus propias palabras. Se sienten infalibles, la realidad se puede equivocar, ellos nunca, es su matriz dogmática. En el Gobierno de Salvador Allende, este "egocentrismo ideológico", se expresó como una descalificación al Presidente con la acusación que era "reformista", le decían pije o incluso burgués, acusándolo que "transaría" el proceso ante las dificultades.

Mucho se repetía la frase de Mao, "el poder nace del fusil" y como la victoria popular, liderada por Allende, emergió de las urnas se le despreciaba. Era otra época, quién podía imaginar entonces que la Unión Soviética iba a desaparecer sin que en defensa del comunismo se disparara un sólo tiro o, que en suelo sudamericano se firmaría un alto al fuego definitivo, como paso previo a la paz entre la guerrilla de las FARC y el gobierno de Colombia, luego de una confrontación terrible de más de 50 años. En todo caso, la palabrería causó mucho daño al proceso de cambios y al liderazgo de Allende.

Entonces, se ironizaba con la figura de los "sobacos ilustrados", como no llegaba aún la época digital, la onda era circular con pesados textos bajo el brazo, como signo de erudición intelectual y revolucionaria. Ahora en cambio, en el debate público, hay un aspecto de suma intolerancia, quienes se inflaman con su propia auto exaltación descalifican a quién piense distinto. Hay que recordar que años atrás así se impuso la UDI en la derecha, bajo el alero de la dictadura. El que no fuera del grupo era débil, blando, un político del pasado. Así se armó una tecnocracia obsecuente e incondicional.

Espero muy sinceramente, que el grupo de nuevos militantes, hace poco incorporados a las filas de la izquierda o del progresismo en diversas agrupaciones no tengan esa pretensión sectaria. Se observa que se sienten el nervio conductor de una nueva época y se exigen explícita o implícitamente una condición: tener un corto andar en la lucha política, de modo de no estar contaminados con el pasado que se desconoce y del cual se reniega. Ese es un fatal error, ya que ese pasado, ocupa espacios decisivos del presente.

Así es, la esencial presencia del pasado reciente, es la consolidación de la democracia, la que se recuperó en una dura brega, en muchos casos a costos tremendos para lograr que Chile se reencontrara con su tradición de país democrático, en el que las luchas del movimiento popular fueron capaces de marcar una huella profunda. La democracia existe gracias a que se recuperó la mejor tradición de ese pasado condenado erradamente. Quién no lo comprenda no podrá abordar certeramente el liderazgo futuro.

También, las metas que el país tiene hoy se levantaron y afianzaron en democracia, progresando de manera continúa pero gradual, más o menos, durante un cuarto de siglo, gracias a la recomposición del Estado de Derecho que es el soporte sobre el cual se han edificado los progresos obtenidos. Ahora hay demandas que se tornan actuales y que se exigen en las movilizaciones, que son propias del avance que se conquistó paso a paso y que, valga decirlo, nadie le regaló al pueblo de Chile,

Asimismo, las libertades, los cambios culturales, el avance de la tolerancia, las nuevas metas sociales, son parte de las luchas que abrieron puertas que estaban cerradas y que dejaron atrás ideas que eran conservadoras y que a Chile ya no le servían. Nada fue gratis ni fruto de la casualidad.

La nueva generación que lideró el movimiento de los pingüinos el 2006 y luego la demanda de reforma educacional que reemergió el 2011, dio un nuevo impulso a la brega por la justicia social en Chile. De ello no cabe duda, como también que día a día sus responsabilidades serán mayores; siempre y cuando no se rigidicen  ciertas mentalidades que se sienten como entes providenciales con las llaves del cielo en el bolsillo.

La cuestión es simple, nadie nace con el as de la fortuna histórica bajo la manga. Cada cual tiene un lugar por su lucidez y talento, que no por tenerlo puede despreciar el valor del esfuerzo tesonero y arduo, constante e ininterrumpido de las personas, el mismo que no pocas veces se ve tronchado por el individualismo y la falta de una propuesta de sociedad que una y oriente la acción política.

Nadie vino desde otra galaxia en una nave de extraterrestres. No se puede pretender ser el supremo salvador, viendo al pueblo como un mero rebaño de criaturas embrutecidas por el dominio del capital. Allende nunca lo vio así, siempre insistió que el pueblo debía “tomar en sus manos su propio destino". Seamos claros, un mundo mejor, un Chile más justo, es un ideal que abarca a todos y todas, no es un espacio de hormigón separado, hecho sólo para algunos, a gusto de una minoría de escogidos.

El futuro es una perspectiva que se forja cada día. No vale la pena que un errado vanguardismo lo transforme en una quimera inalcanzable, lo que se debe hacer es labrar ahora la alternativa política y social que permita seguir mañana ensanchando los espacios de libertad  y justicia que otorguen progreso económico y paz social al pueblo de Chile.

De manera que, cuando se levanta como legado el ejemplo del Presidente Allende, hay que saber bien como fue la vida y las metas de quién fuera un luchador indoblegable, un demócrata y socialista hasta su último aliento.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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