Liderazgo débil, improvisación mayor

Cuando el líder paga los costos, el que conduce es otro; y está quedando demostrada la poca preparación de Kast para armar un equipo de trabajo que entregara una cierta certeza de cómo se comportarían individualmente y, menos aún, como un equipo bien integrado.

Parte de la conducción de gobierno se está autonomizando del Presidente o, más bien, a su nombre se toman decisiones sin su control efectivo. En el caso del despido de la directora del SernamEG, se tomó una decisión completamente impopular, el Gobierno pareció afirmarse en su decisión original, Kast respalda lo obrado en su entrevista con Archi y se le hace pagar todos los costos imaginables. Inmediatamente después se echa pie atrás. Esto no había pasado nunca ni en gobiernos de derecha o de izquierda.

La decisión básica de un régimen presidencial de proteger al mandatario como primera prioridad pasa a mejor vida y, sea lo que sea que se pretenda, se hace con una lógica completamente diferente, dando la apariencia de un comportamiento arbitrario porque no tiene que rendir cuenta ante nadie.

Lo que obligó al giro rápido fue la constatación de un fuerte rechazo en la opinión pública de la medida tomada y quienes primero constataron esta reacción le pusieron rápido coto. Que Kast se jugara en otro sentido no importó.

La lógica de las comunicaciones librada a la conducción de un técnico se hace completamente insensible a las consecuencias políticas. Sus bandazos no tienen otro propósito que el de aprovechar las oportunidades del día. El efecto que provoca es la imagen de un gobierno que se mueve como borracho, caminando en zigzag a las órdenes de un conductor carente de responsabilidad y contento de estar al volante. Los fundamentalistas gustan del discreto segundo plano.

Cuando los encargados comunicacionales son los que llevan la batuta, sin que nadie se responsabilice en darles orientación, lo primero que se pierde es el sentido de las proporciones. Cada cosa tiene la importancia que le puede permitir obtener un mayor impacto en el público, sea que esto se justifique o no por su correlato con la realidad. Lo peor del caso es que el irresponsable que está haciendo de las suyas no está desplazando a nadie porque nadie está en la conducción y eso incluye a Kast.

Un pasito pa' delante y otro pa' tras

Hemos tenido semanas en que la derecha se sincronizó en un discurso de menesteroso, justificando todos los recortes que se anunciaban debido a que el gobierno anterior había dejado la caja fiscal casi vacía.

Cuando las mismas fuentes oficiales cambian por completo y para mejor las cifras que se estaban usando, las explicaciones que se dan son mínimas y se pasa a otra cosa. Lo único que ha ocurrido es que una veta para justificar el escándalo se ha agotado y se procede a buscar otras. De los efectos producidos en el intertanto a nadie le parece necesario hacerse cargo.

Este es un gobierno que sabe contar, pero que no sabe valorar. Como eso lo hace cometer errores ha estado oscilando entre distintas determinaciones, tratando de enmendar su primer error de percepción. No falla en la orientación general, sino en las aplicaciones. El comportamiento de los ministros y principales autoridades se ha mostrado como una caja de sorpresas para el mismo mandatario que los nombró. Algunas serán gratas sorpresas y otras resultarán ingratas, en una proporción que hoy desconocemos.

La falta de conocimiento humano genera otra forma de improvisación. Kast conoció una fiscal en el norte, le gustó los resultados que conseguía en su trabajo y, sin más, le ofreció encabezar la principal tarea de su gobierno.

Que una fiscal por necesidad resulte ser una buena ministra es bastante discutible y, en efecto, la nominada ha mostrado limitaciones apreciables en su desempeño y una memoria privilegiada para recordar las querellas del pasado. En todos los casos en que se presentan fallas, la reacción de Kast ha sido la de defender al personaje cuestionado, lo que no es otra cosa que defenderse a sí mismo en sus determinaciones iniciales.

Esto, por supuesto, no puede durar eternamente, porque los ministros sirven para ser escudos del Presidente y, si tiene que ocurrir al revés, la falla se hace evidente. Tras un tiempo prudencial, los cambios se producen.

Sin duda Kast tiene un gran conocimiento previo de la geografía del país porque ha estado en muchos lados. Tal parece que recorrió más de lo que aprendió o no incluyó un conocimiento acabado de las personas. Sabe que, ante una crisis provocada por una guerra en el medio oriente, las medidas iniciales han de ser drásticas al comienzo para que después pueda aprobar otras, pero graduar hasta dónde puede ser seguido por la población es un arte fino que sus autoridades desconocen. Kast sabe respaldar más que orientar.

El respaldo depende de tomar decisiones consistentes

El límite para el comportamiento disciplinado de la derecha parlamentaria se va a relacionar directamente con la pérdida de la paciencia de sus electores y ya lo han empezado a sentir en la calle.

Por eso se están apresurando a proponer medidas compensatorias y el gobierno no se apresura menos en adoptarlas. Este gobierno partió diciendo que su gran diferencia con sus antecesores era que tendría la voluntad de tomar decisiones.

De lo que se olvidaron de informarnos es que tampoco tendrían problemas de voluntad en cambiar de parecer, enmendar sus propios anuncios poco después de conocidos, que se darían interpretaciones distintas por ministerios, que podrían retroceder ante las presiones y de que podían echar pie atrás.

Cualquiera es capaz de mostrar una gran voluntad de tomar disposiciones si se cambia una determinación a firme por varias en distintos sentidos.

Nos estamos acostumbrando a la idea de tener un gobierno que hace noticia cuando toma una decisión, y luego cuando la modifica y la vuelve a modificar. El problema, claro, es que en cada vaivén pierde un poco más de credibilidad y respaldo.

La derecha quiere respaldar a La Moneda, pero pronto comprenderá que apoyar a un gobierno que cambia sus posturas originales tiene poco sentido. Corren el riesgo de quedar defendiendo a muerte posiciones que desde el Ejecutivo se pueden abandonar si el análisis de las encuestas así lo recomienda.

Pronto se verán en la obligación de distinguir entre apoyar al Presidente y pagar las consecuencias de los que toman decisiones a nombre del Presidente instalados cómodamente en lugares en semipenumbra.

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