No es la Constitución, son los bancos

Dame el control de la moneda de un país y no me importará quién hace sus leyes”, dijo Amschel Rothschield, un banquero alemán de origen judío, fundador de la dinastía Rothschild, la familia más adinerada de la historia. En otras palabras, y a propósito del debate actual sobre el cambio constitucional en Chile, el banquero estaba diciendo que para regular la vida en sociedad no era necesario el poder constituyente, sino el poder sobre la moneda, que no es lo mismo que tener muchas monedas. Tener el control sobre una moneda implica la capacidad de valorizarla y crearla.

 Lo que Rothschild sabía es que el poder, la capacidad de hacer que otros u otros hagan lo que deseas, tenía dos formas de ejercerse: con fuerza bruta o con convencimiento racional.

Con la primera puedes mantener a raya a las personas, pero no lograrás hacerte de sus máximos potenciales. Para eso es necesario introducir un mecanismo que al mismo tiempo que incentive la creación por parte de las personas, asegure que todo aquello que hayan trabajado, finalmente no les pertenezca, de esa forma, los conviertes, sin ellos saberlo, en tus esclavos.

Esta columna intenta develar someramente los mecanismos que han hecho que los pueblos del mundo sean verdaderas sociedades de esclavos modernos, esclavos sin látigo, pero con zanahoria.

Pues bien, teóricamente el dinero es el pacto social más importante que tiene una sociedad, pues representa, o debiese representar, el valor del trabajo.

A diferencia del trueque, el dinero permite el intercambio de trabajo y no de cosas. De esta manera, las personas de esa sociedad que han validado esa moneda como representación fiel del trabajo intercambian bienes y servicios que cada uno crea. Los precios son regulados por el intercambio mismo, pero lo realmente importante es el pacto de los miembros de la sociedad en torno a cómo se puede crear y acceder al dinero.

Si la creación de dinero fuese así, entonces todos viviríamos bajo un marco común que consideramos justo, en donde si creas algo serás retribuido, y si el de vecino crea algo mejor que lo tuyo o aporta más, también será retribuido en la misma medida. Unos tendrán más que otros, pero nunca podrán tener tanto más, pues los talentos y habilidades están distribuidos de forma normal.

Teóricamente, todos nosotros, creemos que esa labor es regulada por el Banco Central que se preocupa de que el flujo monetario refleje los bienes y servicios creados y comercializados en una sociedad.

Asumimos, que toda persona que tiene dinero, lo ha ganado creando cosas reales. Esa sociedad entonces, se va desarrollando, pues en ella cada vez se transan más bienes y servicios. Eso quiere decir, que el conjunto de personas de esa sociedad accede a más bienes y servicios, y que efectivamente pueden acceder a ellos, porque hay una relación razonable entre la cantidad de dinero obtenida por el trabajo de cada persona.

El dinero es un contrato, no un papel ni una moneda ni un bit, es un objeto simbólico. En la actualidad, nosotros operamos con lo que es llamado dinero fiduciario, éste tiene sus orígenes en la China del siglo XI, en donde aparecieron los primeros billetes certificados, cuyo valor era equivalente a una cantidad determinada de oro que estaba depositada en los bancos. Esto es lo que se conoce como patrón oro.

Originalmente, la banca guardaba el oro de sus dueños con fines de seguridad, y a cambio expendía papeles que señalaban la cantidad en oro guardada.

Esto era de gran utilidad para el comercio, pues no era necesario cargar pesados quilates a la hora de hacer negocios. Con el tiempo, la gente comenzó a usar más los papeles que el oro mismo. El banco se dio cuenta que no necesitaba tener todo el oro que la gente reclamaba, pues nunca se dio que todos lo reclamaran al mismo tiempo. Entonces comenzó a extender papeles, dinero fiduciario que servía como si fuese oro, sin necesariamente tener todo el oro necesario para respaldarlo. Sí, creaban dinero en el acto mismo de escribir una cifra.

Este es el primer mecanismo por el cual se comienza a generar dinero que no está respaldado en la creación de bienes o servicios, y la primera distorsión del contrato social en torno a la moneda como reflejo del trabajo.

La llamada de reserva fraccionaria es un sistema bancario en el cual éstos mantienen sólo una fracción del monto de los depósitos de sus clientes como reserva, teniendo al mismo tiempo la obligación de retornar esos depósitos en demanda, es decir, en nuevos préstamos para sus clientes.

Es decir, por ley, los bancos pueden crear dinero y prestar dinero siempre y cuando tengan una promesa de deuda de otro cliente, pero más aún, sobre esta creación de dinero limitada únicamente a las reglas anteriormente mencionadas, los bancos pueden cobrar interés. Es decir, por ley, la institución tiene derecho a crear dinero sin haber creado nada real, y a cobrar un interés (ganancia en dinero), por haber prestado un dinero que nunca existió.

Mientras tanto, afuera, todos los demás mortales, en la medida que más créditos pedimos, más comprobantes le damos al banco para extender créditos a otras personas, con los cuales obtendrán ganancias. 

Esto ocurre porque el sistema bancario fraccionario es un sistema de gobierno, en donde el banco es el organizador social por excelencia, pues mediante la colocación de capital deja que las personas trabajen, creen cosas reales, y  cada cierto tiempo algo pasa en el planeta a nivel financiero o con algún tipo de emergencia global, en donde ese banco, se hace dueño “legítimamente” a la luz de los ciudadanos de esa nación, de lo que han creado. En ciencia política esto es estudiado como una forma de imperialismo.

Todos los grandes imperios son conscientes de este sistema, la lucha entre el euro, la libra, el dólar y yuan, es justamente eso, qué moneda tiene más valor sobre la otra, y por lo tanto, que imperio domina más pueblos en el mundo.

El dólar, se impuso como moneda internacional tras la Segunda guerra mundial, y hoy asistimos a la Tercera guerra en donde China quiere posicionar su cripto moneda desestabilizando las economías internacionales. No me hablen de teorías conspirativas, basta con leer un par de libros de historia y economía. Esto ha pasado durante siglos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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