No estamos a la altura

Cuando se celebró la segunda vuelta y Sebastián Piñera ganó con una amplia ventaja a Alejandro Guillier, muchos pensamos que nos metíamos en un país que pedía moderación y un liderazgo ya conocido, frente a uno que se mostraba titubeante; pues gran parte de eso ya no existe y puede que no exista más.

A pocos meses de asumir la Presidencia, el Gobierno se metió en una espiral de errores, forzados o no, lo que se consolidó con el 18 de octubre de 2019. Desde ese día en adelante el Presidente no hace otra cosa que llegar tarde o tener análisis poco adecuado de las situaciones. La desafortunada frase de un país en guerra marcó lo que sería una serie de equivocaciones que nos llevaron a un clima de violencia insostenible, y fue esa misma violencia la que resultó ser el factor para que después de casi un mes Piñera cediera a un acuerdo constitucional, que en algo sirvió como válvula de escape a esa crisis.

En marzo de 2020 vino la pandemia del Covid-19 que, aunque ningún país estaba preparado realmente, llevó al Presidente a retornar a sus respuestas tardías, aquello ocurrió con los distintos paquetes de medidas económicas que hasta el día de hoy -más de un año después- siguen siendo poco eficientes. Debemos ser justos de todas formas, Chile es el país que más fondos ha destinado a apoyos sociales durante este periodo, pero estos no podrán competir nunca con la universalidad de retiro anticipado de fondos lo que, sumado a la mala y tardía planificación, cualquier cosa se vuelve insuficiente.

Todo esto está permeado por el escaso apoyo popular que tiene tanto el Presidente como el Gobierno, poniendo en juicio la legitimidad de los apoyos, algo vital para cualquier política pública.

Por su parte, la oposición no lo hace nada de mal, parte importante de ésta se ha dedicado por dos años a bloquear o encontrar los errores del Gobierno más que ser cooperativos. No es un buen negocio para ellos trabajar codo a codo con una gestión que muestra malos niveles de apoyo, y no tienen costos cuando muestran posiciones recalcitrantes ante un presidente que no lo apoya ni su base electoral.

Con todo, en medio de este escenario donde tenemos un Presidente que es tardío en sus respuestas y comunica como si viviéramos en un país previo a octubre 2019, con una oposición que le resulta sencillo no ser colaborativa y pensar que la derrota del Presidente es la ganancia de ellos, estamos los ciudadanos que tampoco ayudamos mucho. Sensibles a inclinarnos por ideas que son sencillas, rápidas y que suenan bonitas, pero olvidando que resultan irresponsables a la larga.

El camino que viene no será de corto plazo, una Convención que tiene una tarea mayor que redactar una propuesta constitucional. Este órgano tendrá la misión de canalizar los intereses de una sociedad completa, que está expectante y ansiosa, pero también frustrada de las decisiones que toman sus autoridades. Esa misma tarea tiene el próximo presidente, quien recibirá un país saliendo de una pandemia y con graves problemas en materia social al mediano plazo.

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