No se junta agua en canasto de mimbre

Navegando sin timón. El PS ejerce un poder de atracción sobre las demás fuerzas opositoras, pero no ha podido entregar un rumbo estable que seguir. El equilibrio de posiciones internas no ha permitido que establezca una estrategia abarcadora y convocante que haya podido sostener en forma continua

El socialista es un partido que avanza en los preliminares a las grandes decisiones, pero que se detiene ante de resolver. Cuando llega la hora de zanjar un asunto, operan quienes se oponen a la línea oficial del partido y lo que se impone no es una resolución, sino la capacidad de veto de la disidencia interna. El PS no está tomando decisiones, está alargando las discusiones.

No importa la línea política que se adopta porque lo que se impone es no adoptar ninguna línea. Esa irresolución provoca un efecto contagio en el resto puesto que falta un socio principal para establecer la disciplina colectiva.

Por eso, el PPD tiene una nueva directiva, pero no un comportamiento diferente al conocido. El que quiere actuar por su cuenta lo puede seguir haciendo. En un momento tan determinante como la negociación de la megarreforma, sus senadores tuvieron tiempo para llegar a acuerdos con el gobierno, pero no el suficiente para prevenir al presidente de su partido. El hilo que los une sigue siendo débil.

La DC en el Senado es parte de un conjunto que partió por representar a los que no quedaron integrados en la negociación por la mesa y las comisiones. Sin embargo, este conglomerado heterogéneo ha conseguido un acuerdo pragmatismo entre sus componentes y eso le da consistencia a la hora de tomar y mantener acuerdos.

Esto causa sorpresa, pero lo lógico sería que el conjunto de la oposición operara con igual sentido práctico y se presentara unida. Si no lo ha podido hacer, no es cosa de criticar a quienes avanzan en el ámbito que tienen a su alcance. Lo menor ordena lo mayor. La necesidad de una oposición unida ha quedado subordinada al juego interno del partido llamado a darle dirección.

Conduciendo por la vía del veto

La historia de la oposición se reduce a la espera de que el PS adquiera un comportamiento coherente que nunca ha podido ofrecer. Cada fracción puede explicar su posición interna de un modo que, dentro de la tienda, pueda ser entendida y nunca más allá. No hay quien pueda explicar a los demás cómo se piensa cumplir una responsabilidad política mayor que el PS deja vacante, pero que imposibilita de ejercerla a cualquier otro.

Ya llega el tiempo de salir de esta inercia malsana en que una minoría en un partido termina por afecta a un conjunto mayor que no milita en sus filas, a quien no le interesa los enfrentamientos por un poder bien limitado, pero que siente los efectos negativos que no se detienen en una sede partidaria y a todos perjudica.

A esta dinámica hay que intervenirla tal cual se presenta, siguiendo reglas nuevas que no están escritas en ningún manual conocido. Lo que importa es identificar a tiempo la disidencia a los acuerdos formalmente tomados en todos los partidos que se quieran coordinar. Los que no deseen alinearse a un acuerdo amplio pueden seguir operando hasta ahora, pero tienen que ser tratados en conjunto, como el elemento debilitante que implican.

La unidad opositora ha de ser una parte decisiva de los programas que se presenten de hoy en adelante para la conducción de los partidos. Tienen que explicar cómo ayudarán a construirla y cómo evitarán favorecer la dispersión.
Pronto tendrán elecciones el FA y luego el PS. En están instancias se debe expresar con nitidez el modo en que se espera ejercer un poder reforzado frente al gobierno. Hay que un construir un todo mayor que la suma de las partes.

Ningún liderazgo puede operar en las actuaciones condiciones, que parecen pensar para su fracaso y para que los intentos de recuperación se vuelvan estériles. Un conjunto de casas con familias desordenadas no hace un barrio feliz.

Mantener la inercia es retroceder

La oposición no puede seguir marcando el paso porque, cuando otros están consolidando nuevas posiciones, eso significa un retroceso objetivo que le está costando muy claro. Es el momento de innovar en la dinámica de los partidos.

Lo que puede romper la inercia es ir estableciendo una coalición mediante la formación de instancias conjuntas entre partidos y del ofrecimiento de posiciones comunes que sean ratificadas, total o parcialmente, por las instancias partidarias.

Si no hay definiciones que trasciendan las que se resuelven primero en los partidos, se seguirá como hasta ahora, es decir, sufriendo un veto en el tramo final de cualquier decisión, haciendo que el trabajo de mucho tiempo termine por no ser útil.

La claridad ante todo. El trabajo compartido en comisiones técnicas de la oposición hasta ahora ha entregado más coincidencias de las esperadas. Si se adquiere la costumbre de anteceder las principales decisiones políticas con informes que identifiquen acciones consensuadas, las coincidencias se multiplicarán mientras mayor sea el conocimiento mutuo que se alcance.

Los partidos se tienen que comprometerse en todos los puntos de posibles consensos, pero se puede hacer exigible que aquello a lo que libremente concurran se vuelva un compromiso partidario que supere las diferencias internas.

Cuando se reconocen las diferencias, la relación entre socios confiables se fortalece porque las coincidencias se van ampliando. Esto es viable de existir una secretaria técnica que coordine una práctica que debiera ser habitual. Sería un avance que tiene que verificarse ahora, cuando aún no estamos en los años de competencia electoral, a donde no se debe llegar sin poner límites a las pretensiones partidarias, que tienen que existir, pero que no por eso han de dejar de ser realistas. Sería irresponsable desperdiciar este tiempo.

Las diferencias internas se regulan mejor cuando hay compromisos interpartidarios que se toman con suficiente antelación y asumidas después de suficiente debate.

Es también la diferencia específica que puede mostrar la centroizquierda ante los dos adversarios que ya tiene a la vista: una derecha que trabaja unida y una opción populista que se apresta a reemplazarla en el poder ante la ausencia de una alternativa seria, viable y pluralista.

En la oposición, los líderes de fracciones se tienen en abundancia, los dirigentes de partido son los suficientes, aunque en la coyuntura están debilitados, pero de lo que carece es de líderes de coalición. Esto último ocurre porque en los límites de su partido, y sin apoyo proveniente más allá de sus filas, sucumben ante la agitación de quienes no tienen propuestas, pero que alborotan mucho. Entreguemos apoyo cruzado a los mejores líderes y el panorama mejorara como hace mucho no ocurre.