PAES de invierno

Los resultados de la PAES de Invierno invitan a mirar un aspecto muy relevante para el futuro del sistema de admisión, como es la consolidación de un modelo que entiende que el talento no siempre se expresa en un solo día.

Las cifras son elocuentes. Más de 31 mil personas rindieron la PAES de Invierno 2026, 6,8% más que el año anterior, y por tercer año consecutivo nueve de cada 10 postulantes mejoraron al menos uno de sus puntajes respecto de una rendición previa. Lejos de ser una excepción, la prueba de invierno se ha convertido en una herramienta efectiva para ampliar oportunidades y reducir la dependencia de un único examen. Este resultado confirma que permitir dos rendiciones al año fue una buena innovación que ha experimentado el sistema de acceso a la educación superior en la última década.

Durante muchos años, el ingreso a la universidad estuvo condicionado por una única prueba anual, en el cual un mal día, una enfermedad, una situación familiar compleja o simplemente el nerviosismo, podían marcar el destino académico de miles de jóvenes durante todo un año. Esa lógica era difícil de justificar desde la perspectiva de la equidad porque ninguna evaluación, por rigurosa que sea, logra capturar completamente las capacidades de una persona cuando solo existe una oportunidad para demostrarlo.

La posibilidad de rendir la PAES dos veces al año cambia ese paradigma sin eliminar la exigencia académica ni rebajar los estándares. Por el contrario, mantiene exactamente las mismas reglas para todos, pero reconoce que el aprendizaje es un proceso y que las personas pueden prepararse mejor, corregir errores y volver a intentarlo. En otras palabras, el sistema pasa a valorar las trayectorias de mejora.

Los datos parecen respaldar esta decisión porque si nueve de cada 10 estudiantes logran mejorar sus resultados, significa que la primera rendición entrega información valiosa sobre las fortalezas y debilidades de cada postulante, permitiéndole focalizar su nueva preparación. La segunda prueba representa una oportunidad para demostrar aprendizajes que probablemente ya estaban en desarrollo, pero que no alcanzaron a reflejarse completamente en el primer intento.

Además, este mecanismo reduce parte de la presión psicológica que acompaña a las pruebas de admisión universitaria. Saber que existe una nueva oportunidad disminuye la ansiedad y permite enfrentar el examen con mayor tranquilidad. Paradójicamente, esa menor presión puede contribuir a obtener resultados más representativos de las verdaderas competencias de los estudiantes.

Por supuesto, siempre existirán desafíos. Por un lado, será necesario seguir monitoreando que esta política beneficie efectivamente a estudiantes de todos los contextos socioeconómicos y, por otro lado, que las diferencias de acceso a preparación no generen nuevas brechas.

En síntesis, el crecimiento sostenido de la participación y la alta proporción de estudiantes que mejoran sus puntajes indican que la posibilidad de rendir la PAES más de una vez al año no solo fue una buena idea, sino una innovación que fortalece la equidad, mejora la calidad de las decisiones y entrega a miles de jóvenes una nueva oportunidad para demostrar de lo que son capaces.