Trastornadas

El martes pasado estuve en las tribunas del Senado, junto a dirigentas de la educación inicial y a otras organizaciones sindicales. Seguíamos la discusión en particular del proyecto de ley de Sala Cuna Universal.

Ahí, el senador Rojo Edwards nos calificó de "desquiciadas" y "trastornadas". La sesión terminó suspendida, y a nuestra delegación la rodeó Carabineros antes de desalojar las tribunas. Este martes el Senado retoma esa votación, pero esta vez sin público en la sala. La respuesta a nuestra presencia fue, derechamente, sacarnos de la vista.

No es un exabrupto aislado, y no lo vamos a tratar como tal. Es la síntesis perfecta de cómo la derecha y el gobierno del Presidente Kast conciben a las mujeres que trabajan: un problema de orden en la sala, antes que sujetos de derecho.

Rojo Edwards no improvisó: eligió, frente a las cámaras, el insulto más antiguo que existe contra una mujer que protesta. No fue el único. Esa tarde, un grupo de senadores oficialistas compitió por descalificar a quienes estaban en las tribunas.

Si una mujer organizada incomoda, está "trastornada". Si insiste, es "ideologizada". Si exige, es porque no entiende el proyecto.

Nosotras sí lo entendemos, senador Edwards. Lo hemos estudiado, discutido y defendido en cada sesión de este proyecto durante meses. Lo que a usted le molesta no es nuestra ignorancia: es nuestra insistencia.

Detrás de esa frase hay una política, no un exceso verbal. Desde la CUT hemos planteado, durante meses, tres objeciones centrales: que la iniciativa se financie con cargo al Seguro de Cesantía, con los ahorros de las propias trabajadoras y trabajadores; que el copago termine construyendo salas cuna de primera y de segunda categoría según la capacidad de pago de cada familia; y que la oferta pública -la que garantiza estándares y fiscalización- no se considere dentro del financiamiento y quede relegada frente a un mercado de proveedores privados.

Ninguna de esas objeciones ha sido resuelta. La semana pasada, todas fueron respondidas con gritos y con "trastornadas". Como dije entonces y lo repito hoy: "No somos violentas, no somos desequilibradas, tenemos el legítimo derecho a representar las ideas de los trabajadores y trabajadoras y lo vamos a seguir haciendo".

Mientras esto ocurre, el desempleo femenino llega a 10,5% y a 28% entre las mujeres jóvenes. La ministra de la Mujer, Judith Marín, ha hablado de esa cifra sin que exista, hasta ahora, una política de generación de empleo que la enfrente.

El ministro del Trabajo, Tomás Rau, ha ido cediendo plazos -hasta cinco años de implementación gradual- y flexibilizando el financiamiento en la dirección que piden los empleadores, no las trabajadoras. Y el Presidente Kast, que en campaña habló de sala cuna universal, hoy conduce un gobierno que tramita su versión más precaria: menos Estado, más copago, más mercado, y ninguna corresponsabilidad real en el cuidado.

Que este martes no podamos estar en la sala no significa que vayamos a quedarnos calladas. Vamos a seguir dando la pelea afuera del Senado, en la calle y en cada espacio posible.

Lo que está en juego no es una anécdota parlamentaria, es un proyecto que, tal como está financiado, discrimina a las infancias de este país -salas cuna de distinta calidad según cuánto pueda pagar cada familia- y que termina siendo, en los hechos, un impuesto a las mujeres por trabajar, al cargarse su costo al Seguro de Cesantía de las propias trabajadoras.

Eso, y no las descalificaciones de Rojo Edwards, es lo que este Senado tiene la obligación de corregir. No estamos trastornadas. Estamos, hace meses, exactamente donde corresponde estar cuando un gobierno intenta resolver a la baja un derecho de las mujeres trabajadoras y de sus hijas e hijos.