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Lo Prado es una comuna ubicada al norponiente de la ciudad de Santiago. Su gente se define como trabajadora, creativa, sencilla y adicta al esfuerzo y la resiliencia social y cultural. Conviven en ella dueñas de casa, obreros, empleados, juventud plena y vigorosa, profesionales, viejos luchadores de la tercera edad, gente de paz y artistas capaces de recrearse en la cultura como auténtica sociedad organizada en medio de la escasez.

Hace apenas una semana que nuestra comuna vivió una fiesta democrática para elegir a su candidato a alcalde, aquel que en definitiva los representará en las elecciones del próximo mes de abril. A simple vista, parecía ser algo enteramente concordante con nuestra línea habitual de comportamiento ciudadano, sin embargo, se trataba de un acto electoral forzado por la ambición y la vieja politica. De modo que no era una simple batalla electoral, aunque en su desarrollo se activara el noble ejercicio de medirnos como personas plenamente facultadas para dirimir nuestras diversas visiones de futuro. En esto, la comuna de Lo Prado no es la excepción; y yo, como militante respetuoso, acaté la injusta convocatoria avalada por mi partido (PPD).

Quedó demostrado en esas primarias del domingo recién pasado, que el concepto de que la política es un fenómeno estático que se reproduce según los apetitos de poder de los interesados, es una auténtica falsedad, y que, al revés, la movilidad y el cambio son una realidad que debe revitalizar constantemente la gestión edilicia. Lo avalaron los habitantes de la comuna que, con una gran participación ciudadana, supieron interpretar el presente como hacen las sociedades maduras y bien enteradas.

Sin embargo, vale hacer unos breves contrapuntos del proceso vivido en plena pandemia y con las dificultades inherentes a ella. Más allá de la cuestión ética que es profundamente importante, se reconoce en primer lugar, una validación racional del evento de primarias para elegir al candidato, cuestión que merece ser analizada con detalle como parte del desarrollo democrático.

Lo primero, conocer el estado del arte en la comuna y hacer las consideraciones objetivas apoyadas en instrumentos conocidos, tales como encuestas, datos, indicadores, condicionamiento de la realidad actual con el pasado reciente y las consecuencias del estallido social del 18 de octubre y la pandemia en desarrollo. Con todo este acervo de fenómenos socio-culturales afectando las estructuras esenciales del desarrollo humano en la comuna, no podemos menos que sentirnos obligados a respetar cuidadosamente la dinámica del escenario en cuestión, lo que nos lleva inevitablemente a la conclusión de que este acto electoral que nos convocó, jamás debió ocurrir. No es ocioso recordar que los números y los hechos, los sondeos de opinión, las evaluaciones de gestión y la evidencia política, no lo hacían aconsejable ni justo.

Al contrario, este hecho vino a demostrar que la unidad de acción de un ente partidario, está obligada a someter todo cambio estratégico a la más rigurosa de las atenciones, para no desarmar la solidez alcanzada por otra unidad de servicio ciudadano como es la alcaldía vigente, evitando así someterse al capricho de una persona determinada. Afortunadamente para Lo Prado, esto ya es historia, lo que favorece la idea de mirar el futuro con optimismo.

Ahora, para aclarar mejor el fondo de la cuestión ¿qué es lo que lleva a un ente político partidario, a estas decisiones en contrapunto con la realidad y lo verdaderamente necesario? Pues, un verdadero misterio. ¿Ceguera tal vez, nostalgia, prepotencia, torpeza? ¡A qué seguir!

Chile cambió y Lo Prado también. Entendiendo este hecho irrefutable, se podrá evitar mañana el mismo error; y desde luego, el triste sentimiento de culpa de parte de aquel tercero, por haber caído en una flagrante debilidad ética. Eso por el lado del error, porque desde la perspectiva de la víctima, adherente permanente a la sana convivencia entre las personas, también se lamenta la pérdida de un valor escaso como es la amistad.

Se asegura que la vida misma, en algún momento de su desarrollo, ordena lo justo; lo consolida, lo pone en su lugar. Desde luego, este episodio ha servido para ordenar lo justo, y a eso me atengo con humildad. Solo queda esperar de un partido político que prohija nuestros ideales que, de este hecho histórico comunal, aprenda una lección, que nace de su obligación de velar siempre, atenta y responsablemente, por la verdad y su dimensión moral.

Dato político de relevancia socio comunal.

El domingo 13 de diciembre, en medio de la pandemia y con la Región Metropolitana en fase 2 de restricciones sanitarias, se llevaron a cabo las primarias de alcalde para elegir al candidato único del PPD, votaron 5.721 personas y el actual alcalde Maximiliano Ríos obtuvo el 86%, mientras que Gonzalo Navarrete, quien fue alcalde por tres períodos consecutivos de la misma comuna, obtuvo sólo el 14% de los votos escrutados.

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