Un día en la vida

El Gabinete sube las gradas y toma palco en la tribuna Pacífico. Cierto, la acogida no es la esperada. Pero el entusiasmo del ídolo permite apaciguar la ira. El Gabinete cae en un curioso sopor. El septuagenario cantante les recuerda que es la noche de un día agitado.

En su letargo, el Presidente y sus invitados reviven, recuerdan y añoran sus tiempos juveniles, los años en que el país en paz y tranquilidad avanzaba. 

Freshen UP Tour. Temuco está a 679,1 kilómetros de distancia y agitado al mediodía. Temuco, en la ruta a Caburgua, capital de Pucón-Villarrica, tiene un Hospital Regional y una plaza cercana, Teniente Dagoberto Godoy, donde la gente suele reunirse. Y también tiene una familia que no tiene derecho ni a marchar ni a reunirse.

Es la noche de un día agitado. Al mediodía algunos centenares, tal vez un  millar de personas intentan avanzar por la avenida Alemania. Un paso adelante y la lacrimógena explota. Doscientos metros logra desplazarse la “Marcha por la Paz, Desmilitarización y la Libre Determinación Mapuche”. Menores y ancianos son víctimas de la violencia policial. Y Camilo Catrillanca el recuerdo más doloroso.

“Vive y deja morir” corean los ministros y su Presidente, evocando una de las canciones de Wings (Alas), banda formada por el cantante y Linda Eastman, su fallecida mujer.

A las 21:15 las inmediaciones de la Estación Toesca, justo al lado del Instituto Geográfico Militar, se han transformado en la versión criolla de Alepo. La efervescencia policial es delirante y vaya qué decir de la geografía.

Hay 6,2 kilómetros entre el Palacio de Gobierno y las tribunas del Estadio Nacional y más de cuarenta y cinco años de los muchos Catrillanca que antaño fueran en ese lugar apresados y ejecutados.

Y hasta ahí llega el gabinete con su Presidente. El Ejecutivo intenta tararear siguiendo la musica. “Toma estas alas quebradas y aprende a volar”. La policía suele quebrar brazos, chilenos todos, preferentemente mapuche. “Aprendan a volar”, tararean los ministros, poniendo la vista en el sur. Sobre el escenario lidera el ídolo, “Blackbird singing in the dead of night”.

Es la noche de un día agitado. Lo es en Temuco, lo es en Santiago. Lo es bajo una luna intensa, en pleno equinoccio de otoño, tiempo de espera en los campos, tiempos en que comienzan a mermar los alimentos. Pero no en la capital, no en la Casa de Gobierno, no en el Estadio Nacional. La luna, “luna azul”, recuerda el cantante, “ya no estás sola”. Pero no en la mejor compañía. Con los invitados del reino… la luna preferiría seguir sola. Culmina el equinoccio, Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band termina su espectáculo.

La luna, el país, el palacio, al día siguiente, se sorprenderán con un agitador de otra naturaleza pero tan armado como las fuerzas especiales nuestras. Bienvenido aquel que a un dirigente indígena espeta: “Debería ir afuera y comer pasto, así puede mantener sus orígenes” y que, no conforme con ello, refiriéndose a los afrobrasileños, afirma, “No hacen nada mientras que nos gastamos más de mil millones de dólares al año en ellos”. 

Bienvenido, el Iluminado, que es un nombre propio masculino de origen hebreo - Ya'ir. Y haciendo como que pronunciaran a las mil maravillas el idioma del imperio, los ministros acompañan a su cantante: “All your life /
You were only waiting for this moment to be free”, todas vuestras vidas esperando este momento para ser libres.

Tomen, pues, estas alas quebradas y estos ojos ciegos y sean felices.

Protestan en Santiago los mapuche. Y como en un jeep fun race, Carabineros de Chile saca a pasear su flota entera de vehículos de seguridad, la mayoría nuevos, recién adquiridos.

El recuerdo de la batalla de Alepo… una exageración, claro, pero tal es la desproporción entre los jóvenes movilizados y el enjambre uniformado que les persigue. “Es un privilegio estar aquí”, se dice desde el Gabinete.  El tarareo sigue: “toma estos ojos ciegos y comienza a mirar”.

Desde la Tribuna Pacífico del Estadio Nacional, el Gabinete termina coreando, “Vive y deja morir”.

En la Araucanía es otro el canto que se canta. “Tienes que darle el infierno a otro compañero”, insisten el cantante y sus ministros.

En la Araucanía se recita la clásica balada, “Querrella contra los organizadores de la manifestación y los autores de los desmanes”. No se puede dejar de recordar a Camilo Catrillanca ni a su hermano, ahora detenido.

Y, tras cruzarme con la asonada de las fuerzas especiales, con la euforia policial y su descontrol, me cabe preguntar acerca de quienes son los autores de tales desmanes.

Y quizás por pura nostalgia termine con Plastic Ono Band imaginando un mundo donde nadie tenga que vivir o morir por una causa.    

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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