Valió la pena

La cuenta final de la Presidenta Michelle Bachelet perdurará en la historia. Imposible no aplaudir su discurso del jueves 1 de junio en el Salón de Honor del Congreso. En especial, sus acápites finales que emocionaron no sólo a ella, sino a la mayoría de sus oyentes presenciales y audiovisuales ante la urgencia de la unidad nacional para enfrentar la crisis porque atraviesa nuestra institucionalidad ciudadana.

Como cuando afirmó “hoy le hablo a un Chile distinto y mejor al que pude ver hace tres o cuatro años cuando recorrí el país como candidata”…O cuando manifestó su orgullo por  “haber liderado transformaciones que no podían esperar más”...

Sus palabras quedarán para el bronce porque no fue retórica, sino el resumen y  conclusión lógica de la serie de reformas sustanciales que ha logrado en menos de cuatro años y que enumeró en su larga cuenta pública de dos horas. Los presentes la aplaudieron muchas veces,  y más aún cuando resumió así  su  valioso legado: “podrán cambiar los gobiernos, pero no puede detenerse una historia impulsada por la fuerza de un país entero.”

Los candidatos progresistas hoy en campaña no podrán desoír su llamado a la unidad como única forma de “asegurar y consolidar nuestras reformas y sus avances en el futuro”.

Porque hasta los más fríos analistas reconocen hoy que desde el regreso a la democracia éste es el gobierno que más cambios ha hecho al rígido modelo de mercado que nos dejó a dictadura cívico-militar. Bachelet ha sido la más revolucionariamente democrática conductora de las transformaciones sociales que necesitaba el país para volver a ser como antes, más justo e igualitario.

Lo dijo desde un principio, hay que cambiar el modelo de desarrollo, y ahora, hacia el final de su mandato, hace poco comentó a un medio que las reformas conseguidas o encaminadas bajo su gobierno habían terminado con el neoliberalismo en el país.

Quizás pecó de un exceso de entusiasmo, porque falta mucho por hacer, como ella también lo ha reconocido, pero las estocadas infligidas al modelo que nos ahoga son profundas.

Por algo los señores de la derecha vociferan a coro la monserga de que este sería un mal gobierno; para ellos, las reformas son indigestas. “Deja que los perros ladren, Sancho, señal es que cabalgamos”.

Sin embargo, hay quienes en la balanza entre igualdad y libertad, creemos que se ha avanzado bastante en la primera, pero poco en la última. No en la libertad de comercio ni de emprendimiento, que siguen bien aseguradas aunque con más regulaciones, sino en aquella que nos sirve al 99 % de los chilenos. Como por ejemplo, la debilidad en las comunicaciones.

Sigue habiendo libertad de expresión en el sentido clásico, pero aún no se acomete el Derecho a la Comunicación.

No se avanzó en transformar el sistema de comunicaciones en uno que permita que se escuchen todas las voces y que todos puedan emitirlas desde sus propias plataformas. En este campo, el acceso más igualitario se lo adjudican las nuevas tecnologías, con todos sus pro y sus contra. En cambio nada se hizo por frenar la concentración de la propiedad de los medios de comunicación social, ni por la redistribución del avisaje público, de modo de apoyar el pluralismo informativo. Las comunicaciones siguen siendo invisibles. Habrá que seguir esperando.

Más que una cuenta pública, lo que escuchamos el jueves 1 de junio fue un mensaje para todos y todas los chilenos. Para quienes la apoyamos aún en esos momentos tan difíciles, de agresiones personales y familiares que debió esquivar apenas comenzado su segundo mandato y para quienes, seducidos por voces de sirena, la abandonaron en mitad del camino.

En los peores momentos ¿cuántas veces preguntaría a su almohada cómo diablos reemplazó su gran misión en pro de las mujeres del mundo en la ONU para - respondiendo el llamado de los chilenos -, volver a  luchar en su país? ¿Valió la pena ese sacrificio en medio de las incomprensiones que encontró?

Apaciguadas las tormentas, cuando las hostilidades han aflojado porque ya se va y sus adversarios están muy ocupados en cómo llegar al trono, ella misma se contestó e hizo pública su respuesta. En una reciente entrevista expresó: “Sí, valió la pena”.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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