Excelencia desde las regiones

Arcadio Cerda Urrutia
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Alcanzar la acreditación institucional máxima de 7 años, otorgada por la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), constituye un hito para cualquier institución de educación superior en Chile. Que este reconocimiento recaiga en una universidad estatal y regional, como la Universidad de Talca, tiene además un significado que trasciende a nuestra propia comunidad: demuestra que la excelencia académica, la investigación de frontera y el compromiso público pueden construirse desde las regiones y proyectarse al país y al mundo.

Este logro no es fruto del azar. Es el resultado de 45 años de desarrollo institucional, de una visión estratégica sostenida y, especialmente, del esfuerzo de generaciones de académicos, estudiantes, funcionarios y egresados.

La máxima acreditación reconoce la solidez de un proyecto universitario que ha integrado la calidad en todas sus áreas: docencia de pre y postgrado, investigación, innovación y creación, vinculación con el medio y gestión institucional. Pero el verdadero valor de este reconocimiento no está únicamente en los indicadores, está en lo que una universidad pública de excelencia puede hacer por las personas y por su territorio.

Para miles de jóvenes y sus familias, estudiar en una universidad regional de excelencia significa acceder a una formación de alto nivel sin que el lugar donde nacieron determine la calidad de las oportunidades disponibles. Allí existe una dimensión fundamental de la equidad y de la movilidad social, que ha estado presente en el trabajo diario que desempeña la UTalca. La descentralización no consiste solamente en transferir recursos o atribuciones: requiere también distribuir conocimiento, capacidades y oportunidades a lo largo del país.

Una universidad compleja y de excelencia es, además, un motor de desarrollo. La investigación que realizamos aborda problemas concretos que afectan a Chile y particularmente a sus regiones: adaptación al cambio climático, disponibilidad de recursos naturales, transformación productiva, agroindustria, salud, desarrollo de las pymes, ingeniería, modernización del Estado, cultura y artes.

Nuestro desafío es que, ese conocimiento dialogue cada vez más entre disciplinas y se traduzca en soluciones. Iniciativas como el proyecto UNE, adjudicado en el marco del Fondo de Investigación Universitaria de Frontera (FIU-F) y que se ejecuta con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación y del gobierno regional del Maule, expresan precisamente esa orientación: articular capacidades científicas, institucionales y territoriales para generar conocimiento avanzado y contribuir a la competitividad y calidad de vida de las personas.

La acreditación también fortalece nuestra proyección internacional. Una universidad pública regional puede constituirse en un nodo de conocimiento global, capaz de atraer talento, establecer redes científicas y académicas, y ofrecer a sus estudiantes experiencias internacionales. Los cientos de jóvenes de nuestra universidad que han realizado estadías y pasantías en el extranjero muestran que es posible formarse en una región de Chile y, desde allí, conectarse con el mundo.

Existe, asimismo, una dimensión institucional que no debemos soslayar. En momentos en que Chile enfrenta una crisis de confianza, las universidades estatales tenemos una responsabilidad especial: demostrar que las instituciones públicas pueden alcanzar altos estándares de calidad, actuar con probidad y transparencia, y administrar responsablemente los recursos que la sociedad pone a su disposición. La excelencia académica debe ir siempre acompañada de excelencia institucional.

Por eso, estos siete años no deben entenderse únicamente como una distinción para celebrar. Constituyen también una señal sobre el país que podemos y queremos construir. Chile necesita universidades estatales fuertes en sus regiones, capaces de formar talento, generar conocimiento, impulsar innovación y contribuir activamente al desarrollo de sus territorios.

La experiencia de la Universidad de Talca demuestra que la distancia respecto de la capital no tiene por qué convertirse en distancia respecto de la excelencia.

Recibimos, entonces, esta acreditación con orgullo, pero también con responsabilidad. No como una meta final, sino como un nuevo punto de partida. Nos corresponde seguir innovando, anticiparnos a las transformaciones científicas, tecnológicas y sociales, y aumentar el impacto de nuestro trabajo. Porque el desafío que sigue es incluso mayor: transformar la excelencia alcanzada en más oportunidades, más conocimiento y más desarrollo para Chile. Y hacerlo desde las regiones hacia el mundo.