La libertad bajo amenaza: una reflexión en Pesaj

Por estos días, millones de judíos en el mundo nos preparamos para conmemorar Pesaj, la festividad que recuerda la salida del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto. Sin embargo, la libertad nunca ha sido entendida como algo definitivo; siempre ha sido una conquista que exige cuidado, conciencia y responsabilidad en cada generación.

Pesaj instala una pregunta esencial: ¿qué significa ser libre hoy? Este año, esa pregunta adquiere un peso particular.

En las últimas semanas, Europa, cuna de democracias modernas, ha enfrentado una preocupante seguidilla de ataques antisemitas. Sinagogas dañadas, instituciones vandalizadas, escuelas con niños adentro atacadas por tiradores, amenazas organizadas con Embajadas y, recientemente, en Londres, la quema de cuatro ambulancias de una organización judía dedicada a salvar vidas. Sí, vehículos de emergencia convertidos en blanco de odio.

Ese tipo de hechos marca un punto de inflexión. El antisemitismo deja de ser discurso para convertirse en acción, en terror, en tragedia. La historia ofrece suficientes ejemplos para comprender lo que ocurre cuando ese proceso no se detiene a tiempo.

Pesaj enseña que la pérdida de libertad comienza mucho antes de que existan cadenas visibles. Comienza cuando se instala la deshumanización, cuando el otro deja de ser visto como un igual, cuando el silencio permite que el odio crezca sin resistencia.

Lamentablemente, este fenómeno no ocurre solo en Europa. En Chile, en los últimos años, se han repetido episodios que preocupan: sinagogas vandalizadas, grafitis con simbología nazi, ataques a espacios comunitarios y un aumento sostenido de expresiones de odio, tanto en el espacio público como en redes sociales. La sinagoga más antigua de Santiago ha sido atacada en reiteradas ocasiones, mientras otros templos en distintas ciudades del país también han sido blanco de agresiones. Estos hechos, son una señal que no puede ser ignorada.

Hace pocos días conmemoramos un nuevo aniversario del atentado a la Embajada de Israel en Argentina, ocurrido en 1992, que dejó 22 muertos y más de 200 heridos, un ataque que hasta hoy permanece impune y que muestra que el terrorismo también se habita en nuestra región.

La violencia contra una comunidad por su identidad o su fe exige una condena total, sin matices ni excusas. Cualquier intento de relativizarla, justificarla o mirarla en silencio la vuelve cómplice. La libertad de credo no es negociable ni selectiva. No existen víctimas de primera y segunda categoría. Ninguna religión merece ser perseguida.

Y frente a ese escenario, la pregunta es inevitable. ¿Qué más tiene que pasar para entender? ¿Cuántos ataques más, cuántas amenazas, cuántos actos de violencia explícita se necesitan para que exista una condena clara, transversal y sin matices?

El antisemitismo ha sido históricamente una señal de alerta sobre el estado de una sociedad. Allí donde avanza, se debilitan los principios que sostienen la convivencia democrática: el respeto, la dignidad humana y la libertad de cada persona para vivir de acuerdo con su identidad.

En la noche de Pesaj, cada familia judía repite una idea central: "En cada generación, cada persona debe verse a sí misma como si hubiera salido de Egipto". Es un llamado a asumir la responsabilidad, a no ser indiferentes, a entender que la libertad se ejerce y se protege. Sobre todo, es un recordatorio de cuán frágil puede ser cuando no se la cuida.

Ese mensaje interpela mucho más allá del pueblo judío. Habla de sociedades que eligen defender a sus minorías, que entienden que la convivencia se construye desde el respeto y que comprenden que el odio, cuando no se enfrenta, siempre encuentra la forma de avanzar.

Pesaj trae consigo una enseñanza profunda: la historia no desaparece, acompaña, advierte y exige decisiones. Hoy, más que nunca, esas decisiones importan.

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