Ébola, medicina, política y comunicaciones

El ébola es un pequeño virus que produce una infección en humanos y que como todos los problemas de salud afecta a la población desafiando la tecnología médica, las políticas de salud y la relación de los sistemas de salud con la gente; es decir, a las comunicaciones de la autoridad sanitaria con la comunidad.

El brote actual fue declarado para Guinea en marzo de este año, por la Organización Mundial de la Salud. Desde este país se extendió a Sierra Leona y Liberia hasta alcanzar a la nación africana con mayor población, Nigeria. En esta región ha atacado y provocado la muerte de varios miles de personas, no pudiendo ser controlado por completo aún.

Mientras la enfermedad estuvo circunscrita a esa frontera de África fue menos significativa para occidente. Luego se hizo presente en Europa y Estados Unidos, con la llegada de los equipos de profesionales que fueron contagiados trabajando en esos territorios.

El desafío sanitario se presenta desde el punto de vista epidemiológico, puesto que mientras no se controle el brote en los países donde esta epidemia ha comenzado y viviendo en un mundo globalizado, todos estamos en riesgo.

Por otra parte, esta condición aumenta cuando además de haber cruzado las fronteras se han producido casos secundarios. En esta etapa se necesitan rigurosos controles de acceso a los habitantes de esas zonas, para detectar, aislar y tratar con oportunidad, considerando los recursos y la selección eficaz de los medicamentos adecuados.

Más adelante, cuando la infección llegue, situación poco probable, la tarea será implementar protocolos, condiciones de detección precoz de los enfermos, procedimientos de aislamiento, disponibilidad de unidades intensivas y recursos suficientes para enfrentar la nueva condición, de la misma forma como ya lo hemos hecho en episodios similares, como fue en la pandemia de AH1N1, con muy buenos resultados.

Desde el punto de vista de las políticas de salud relacionadas con esta epidemia, es valioso recurrir a la experiencia de los Estados Unidos de Norteamérica, donde al mismo tiempo que la gente moría masivamente a causa del Ébola en África Occidental, los dos profesionales de esa nación tras ser diagnosticados con el virus del Ébola, increíblemente sobrevivieron, luego de ser trasladados desde el África, internados en centros especializados y tratados con algunas de las pocas dosis existentes de un fármaco experimental.

Se trata de resultados positivos que son posibles de lograr, si se tiene acceso a un buen sistema de salud y que cuente con el presupuesto necesario.

Sin embargo, a diferencia de esta experiencia, en ese mismo país, otro ciudadano, presentó una evolución bastante distinta, de acuerdo a lo que señala el sobrino de este paciente en un periódico local: “El viernes 25 de septiembre, mi tío Thomas Eric Duncan concurrió al Hospital Presbiteriano de Texas, en Dallas. Tenía fiebre alta y dolores de estómago. Le dijo a la enfermera que había estado en Liberia recientemente. Pero era un hombre de color sin seguro de salud ni recursos para pagar su tratamiento, así que después de unas horas le dieron de alta con la prescripción de algunos antibióticos y analgésicos”.

Dos días después regresó al hospital y fue ingresado bajo sospechas de que se trataba de Ébola. Rápidamente empeoró y murió el 8 de octubre, “solo en la habitación de un hospital” señala su familia.  Me parece un ejemplo a considerar, sobre todo en nuestro país donde la inequidad se hace presente en el acceso a la atención y en los resultados sanitarios para la población más pobre.

No sólo debemos aprender  de los logros de otros países que a veces admiramos, sino que también de sus errores, sobre todo cuando compartimos con ellos algunas características, como en este caso  es la desigualdad.

Por otra parte, después de la experiencia del primer paciente “sospechoso” que fue admitido en el Hospital Barros Luco, una tercera dimensión a considerar es la comunicacional, esta debe ser tratada de manera específica.

Los sistemas de salud, son servicios que no solo importan desde lo asistencial, también presentan un valor de otro orden, son parte de la estructura de seguridad de la población.

Esto ya lo destacaba el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo el año 1998, donde junto a la protección en la vejez y la delincuencia, la salud era un área muy importante para la población en términos de seguridad: ser atendida en forma oportuna, eficaz y con protección financiera.

Por esta razón, la manera como es percibida la actuación de la autoridad es también muy importante. Si la población percibe trasparencia, honestidad y sobre todo certeza, estará confiada en que se están haciendo las cosas correctamente. El mensaje comunicacional debe ser mesurado, oportuno, todos los actores deben estar alineados, la vocería única y coordinada, pero sobre todo el liderazgo debe mostrar capacidad de anticiparse, para tener los elementos necesarios en el momento que sean requeridos y eso debe estar a la luz pública.

Rápidamente se deben conocer los protocolos, quienes deben implementarlos y tener claro todos los procesos clínicos. Esto también será un elemento tranquilizador para los propios trabajadores, que necesitan seguridad de parte  de su autoridad.

En síntesis, esta tarea es muy compleja, porque exige coordinar esfuerzos en tres áreas, una de la tecnología sanitaria y epidemiológica, con procedimientos y tratamientos basados en evidencia, con identificación clara de casos sospechosos, confirmados y contactos y con indicaciones de protocolos precisos, consensuados y difundidos.

Dos, políticas de salud, que identifiquen programas para toda la población atendiendo a las debilidades de nuestro sistema de salud, en las desigualdad del acceso y los determinantes sociales y tres, ejerciendo un liderazgo claro y segurizador, como lo hemos descrito.

El riesgo de nuestro país es bajo, pero justamente por lo mismo es más peligroso, ya que la confianza puede entregar una seguridad falsa y basta un caso que no sea detectado a tiempo, para desatar un brote de alcance impredecible. Hay que ser precavido, actuar con oportunidad y con una elevada competencia.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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