Chatbots: ¿Terapia sin terapeuta?

A comienzos de año nos referimos a los "productos milagro": ofertas que prometen resolver problemas complejos mediante soluciones rápidas con respaldo difícil de comprobar. Los chatbots terapéuticos comparten ese riesgo: convertir una necesidad profunda en una promesa simple.

Hace unos días, una nota de The Wall Street Journal daba cuenta de la creciente utilización de chatbots enfocados en salud mental, pese a que todavía existe evidencia limitada sobre su eficacia y seguridad. Su disponibilidad permanente y bajo costo pueden transformarlos en una herramienta de apoyo. Sin embargo, no se puede confundir acompañamiento con tratamiento, ni una conversación automatizada con la atención de un profesional.

El Código Chileno de Ética Publicitaria reconoce que la publicidad asociada al bienestar o la salud exige especial cuidado. Por eso, sus artículos 24 y 25 orientan las buenas prácticas, además de establecer los principios éticos que estos productos o servicios deben respetar: contar con respaldo suficiente, evitar afirmaciones que induzcan a error, y no hacer parecer innecesaria la consulta médica. El problema aparece cuando estas herramientas se atribuyen capacidades terapéuticas, prometen resultados generales o minimizan sus limitaciones. Cuando interviene inteligencia artificial, además, son indispensables la transparencia, la seguridad y la supervisión humana.

Un chatbot puede orientar, ordenar ideas o facilitar información. No debería presentarse como quien diagnostica, trata o reemplaza el vínculo terapéutico. En salud, la innovación debe avanzar al ritmo de la evidencia y nunca convertir la vulnerabilidad de las personas en una promesa comercial sin respaldo.