De nosotros depende

Los Seres Humanos somos esencialmente libres e iguales. Es nuestra naturaleza espiritual la que nos otorga esa posibilidad. Venimos a este plano de la existencia a realizar las cualidades de nuestra Alma para evolucionar, como todo, en la expansión eterna. Somos parte de ese Todo que nos une y nos conmina a aspirar al máximo desarrollo de cada Ser, para juntos iluminar al Universo.

Esta libertad en unidad nos hace responsables del impacto que nuestro actuar, nuestro vibrar, nuestra manera de vivir la Vida, tiene sobre el Todo.

Cuando ejerzo la libertad, el libre albedrío ¿aporto?, ¿resto?, ¿freno?, ¿impulso?, ¿colaboro?, ¿facilito? el avance hacia el bien común... La imposibilidad de ganar si el otro pierde, si daño lo que es de todos, es real. Más tarde, más temprano, ya queda de manifiesto.

Todo esto es muy simple de aplicar como principio en las leyes humanas creadas para facilitar y administrar el desarrollo de un territorio. Ya está dicho en las inspiraciones del derecho fundamental americano y universal. Los Estados están al servicio de la persona humana, y por tanto comprometen el respeto a su naturaleza esencial y libre, y asumen como deber garantizar las condiciones para ello.

En tanto habitantes del planeta Tierra, convivimos con los demás reinos presentes en la naturaleza, junto a los demás integrantes del reino animal. En tanto partes del mismo Todo, imposible no incluir a los demás reinos -también el mineral- en el compromiso de búsqueda del bienestar y equilibrio.

La desconexión con la experiencia de común unión con todos y el Todo, el individualismo, el egoísmo, el consumismo, el materialismo, ya han generado suficiente dolor y daño.

Y nuestra Alma clama por recuperar esa conexión eterna y dignificar la vida en comunidades humanas. El llamado despertar ciudadano se alimenta de esta necesidad esencial, por más que se degrade en anhelos de venganza, de lucha contra un enemigo mal identificado.

No se trata de los unos contra otros, porque eso es el mismo patrón de desconexión al Todo que nos llama a trabajar por el máximo bienestar de todos, absolutamente todos, sin dejar a nadie fuera, sin excepción. No cabe la exclusión si estos principios se instalan de cierto como el estándar ético por el cual regimos nuestra convivencia en sociedad.

Y aunque la economía se caiga, hasta que se restablezca el equilibrio de lo justo, pues esta economía, la de ahora, está degradada y ya no se sostiene, y esto no es exagerar, también se manifiesta ya.

De nosotros depende el camino que nos toque transitar de aquí en más, de acuerdo a las decisiones que el momento evolutivo planetario y galáctico nos exige tomar, ahora ya.

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