Cuando pensamos en la vida adulta, solemos asociarla a decisiones que damos por naturales: elegir dónde vivir, con quién compartir un hogar, administrar el propio tiempo o construir un proyecto de vida. Son decisiones cotidianas que representan una de las mayores expresiones de autonomía y libertad.
Sin embargo, para miles de personas con discapacidad intelectual en Chile, ese derecho continúa siendo una aspiración lejana. No porque carezcan de capacidades o del deseo de vivir con mayor independencia, sino porque el país aún ofrece muy pocos apoyos para hacerlo posible.
Con demasiada frecuencia, las personas adultas con discapacidad intelectual terminan viviendo según las posibilidades de su entorno familiar o de las alternativas que existen, y no de acuerdo con sus propias preferencias. La falta de servicios de apoyo hace que la decisión sobre dónde vivir, con quién hacerlo o cómo organizar la vida diaria deje de ser una elección personal para convertirse en una consecuencia de la ausencia de políticas públicas.
Esta realidad contrasta con los compromisos que Chile ha asumido. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, ratificada por nuestro país, establece con claridad que los Estados deben garantizar que las personas con discapacidad puedan elegir su lugar de residencia y decidir dónde y con quién vivir, en igualdad de condiciones con los demás. Asimismo, señala que deben contar con una red de apoyos que haga posible esa autonomía, incluyendo servicios de asistencia domiciliaria, apoyos comunitarios y asistencia personal.
El desafío, entonces, no es solo reconocer un derecho, sino crear las condiciones para ejercerlo.
La experiencia internacional demuestra que existen múltiples caminos para avanzar. En distintos países funcionan programas de viviendas con apoyo, sistemas de asistencia personalizada y modelos flexibles que permiten a las personas con discapacidad intelectual vivir en sus propios hogares o compartir espacios con otras personas, manteniendo siempre el respaldo profesional necesario para desenvolverse con seguridad y autonomía.
En Chile existen algunas experiencias de viviendas tuteladas, principalmente orientadas a personas mayores, pero todavía estamos muy lejos de contar con una política pública que responda a las necesidades de adultos con discapacidad intelectual. Esa es una brecha que debemos abordar con urgencia.
Una alternativa concreta es desarrollar un programa nacional de viviendas tuteladas especializadas, acompañado de subsidios que faciliten el acceso al arriendo o a la adquisición de una vivienda. Pero tan importante como el inmueble es el apoyo que lo hace viable: profesionales que acompañen a las personas en las actividades de la vida diaria, promoviendo progresivamente mayores niveles de autonomía, siempre respetando sus decisiones y su proyecto de vida.
Junto con ello, resulta indispensable avanzar en la creación de un sistema de asistentes personales para personas con discapacidad intelectual. Este servicio permitiría brindar apoyos individualizados tanto a quienes viven con sus familias como a quienes opten por una vida independiente, facilitando tareas cotidianas, fortaleciendo habilidades y promoviendo una participación más activa en la comunidad.
Hablar de vida independiente no significa que las personas deban enfrentar solas los desafíos de la vida adulta. Significa exactamente lo contrario: contar con los apoyos adecuados para poder decidir por sí mismas. La autonomía no consiste en prescindir de ayuda, sino en disponer de ella cuando es necesaria para ejercer plenamente los propios derechos.
Como sociedad, solemos medir la inclusión por el acceso a la educación o al empleo. Ambos son fundamentales. Pero existe otro indicador igual de relevante: que cada persona pueda elegir cómo quiere vivir. Ese es, probablemente, uno de los mayores desafíos pendientes de la inclusión en Chile.
La verdadera inclusión comienza cuando dejamos de decidir por las personas y empezamos a construir las condiciones para que sean ellas quienes decidan su propio futuro. Ese es el país al que debiéramos aspirar.