¿Nuestro turno de ser el monstruo?

Desde hace unas cuantas semanas los casos de niños abusados sexualmente han pasado a formar parte de la pauta noticiosa con regularidad.Un fenómeno al que lamentablemente el mundo se ha habituado –en especial por los abusos cometidos por sacerdotes de la iglesia católica- continúa mostrando aristas inesperadas.

El abuso sexual suele estar asociado a la idea de un victimario hombre, cualquiera sea el sexo del infante o adolescente abusado. Pero la realidad suele ser más compleja.

En el último año son varios los casos en que han aparecido mujeres involucradas como autoras o cómplices de abusos sexuales y violaciones de niños/as.

Se trata de mujeres que usaron su posición privilegiada como educadoras y responsables de niños en edad preescolar para estos delitos en contra de quienes estaban a su cuidado; entre los más publicitados están los casos de una profesora diferencial que confesó haber abusado de un niño en Puerto Montt; una educadora y una auxiliar de párvulos acusadas de abusar de las niñas en un colegio; una directora de jardín infantil sindicada como encubridora de los abusos sexuales reiterados (70) que su hijo habría perpetrado sobre infantes de un jardín infantil; una pareja de cuidadores de un colegio acusados de un número indeterminado de abusos  y otros más.

Violaciones y abusos sexuales en sus distintas formas sufridos en tiempo indeterminado por niños y niñas en el contexto del sistema escolar, ambientes en que la mayoría de los adultos responsables son mujeres.

Se trata de un drama en que se ven sumidas familias completas, y donde se ha herido gravemente la infancia y puesto en cuestión la responsabilidad con que directivos y educadores de los establecimientos enfrentan una problemática de tal gravedad. De prevención ni hablar, la cantidad de casos que han surgido durante el último tiempo indica que ese no ha sido un tema de preocupación.

Poco se han documentado los abusos sexuales de niños o niñas cometidos por mujeres. Al sexo femenino, por su rol de género asociado a la maternidad –gentil, servicial, pasiva, etc. se le permiten mayores acercamientos físicos a los niños/as en general, a ellas se les han confiado los cuidados y posibilidades de contacto casi sin limitaciones; ellas han sido genéricamente las depositarias de la confianza en el cuidado de niños y niñas.

La asimilación de las mujeres al rol de la madre-buena, es la base de esta confianza, sumado al conocimiento y percepción generalizada de que los abusadores sexuales son hombres. En este escenario se tiende a considerar estos actos criminales cometidos por mujeres como anormales y contrarios a la naturaleza femenina.

¿Cuál es el camino para mejorar la prevención de los abusos sexuales?

En primer lugar, no es posible detectar a las/los abusadoras fácilmente, porque suelen ser personas amables y hasta atractivas para los niños/as, o porque los abusos ocurren dentro de las paredes del hogar.

En los casos que se han conocido en Chile han fallado aspectos elementales tratándose de establecimientos educacionales: falta de control sobre quienes trabajan con los niños directa o indirectamente, lentitud o ausencia de reacción ante los primeros indicios o sospechas, descuido o negligencia en el cuidado de los niños/as a cargo.

Por otra parte, se observa la necesidad de un mejor manejo de informaciones de parte de las familias y el público en general, de manera de ser capaces de detectar y atender ciertas señales que dan cuenta de estados de confusión, temor y sufrimiento de los niños y niñas que están sufriendo algún tipo de abuso.

Leer versión extendida en: http://www.asuntospublicos.cl/2012/11/las-mujeres-como-autoras-de-abuso-sexual/

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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