En la última versión de Congreso Futuro, entre destacadas científicas y científicos, premios nacionales y premios Nobel, estuvo la socióloga eslovena Renata Salecl, autora de "Maleducados", una de sus obras más influyentes. Conversar con ella es entrar en un verdadero debate de ideas: siempre quedan preguntas abiertas y la sensación de que aún hay mucho por pensar e investigar.
En este libro, Salecl sostiene que la grosería, la agresividad y la falta de empatía han dejado de ser excepciones para convertirse en rasgos normales, e incluso estructurales, de la sociedad contemporánea. No se trata solo de "malos modales", sino de una transformación más profunda en la forma en que nos relacionamos. Y eso, inevitablemente, resulta inquietante.
En el mundo laboral, esto se expresa en una competencia agresiva donde pareciera que todo vale con tal de eliminar a quien pueda representar una amenaza. En la vida cotidiana, se traduce en la indiferencia hacia los otros.
El libro plantea que el neoliberalismo no solo organiza la economía, sino también nuestras emociones, nuestras decisiones y nuestras formas de vincularnos. Nos empuja a vernos como productos, a competir constantemente y a responsabilizarnos individualmente del éxito o del fracaso. Una presión por el éxito que coloniza la vida cotidiana.
Asimismo, Salecl advierte que, en este contexto, el otro deja de ser un sujeto para convertirse en un obstáculo. La empatía se debilita y la crueldad comienza a normalizarse.
Los hechos ocurridos en la Universidad Austral de Chile reflejan, lamentablemente, este fenómeno. No solo por lo sucedido, sino porque da la impresión de que, para algunos, era precisamente lo que había que hacer. Cuando el otro deja de ser reconocido como tal, cuando la grosería y la falta de empatía se naturalizan, se instala un problema que ya no es individual, sino estructural.
Esto no es un caso aislado en una universidad pública. Hay más y se sabe. Resulta especialmente preocupante la inconsistencia en las respuestas institucionales. Por ejemplo, para algunas personas hay aclaraciones y para otras, silencio perpetuo y escarnio permanente. Esta selectividad debilita la confianza y erosiona los principios básicos de convivencia, aunque se predique lo contrario. Y, lastimosamente, quienes permiten que esto ocurra parecen observarlo con distancia, instalados cómodamente en sus posiciones de poder, como espectadores V.I.P. de un "Squid Game" donde otros asumen los riesgos.
La decisión de no conceder becas de magíster y posdoctorado en el extranjero puede ser objeto de debate y desacuerdo legítimo dentro de la comunidad científica. Sin embargo, los amedrentamientos físicos hacia una científica son, en cualquier contexto, absolutamente repudiables. Constituyen una expresión de violencia que no solo vulnera a una persona, sino que también deteriora el espacio académico como lugar de diálogo y respeto. No solo queda expuesta una autoridad o una figura pública. Queda como moraleja que enseña que cualquier académica o académico puede ser el próximo. Así ha ocurrido en algunos espacios universitarios. Sin embargo, algún día, quienes hoy observan desde posiciones de poder podrían verse enfrentados a esas mismas dinámicas.
Toca entonces preguntarse: ¿Quiénes son los maleducados? ¿Los estudiantes? ¿O quienes, desde posiciones de poder, permiten, por acción u omisión, que estas prácticas se vuelvan parte de lo normal?