Las personas somos titulares de derechos, sin embargo, recién en 1948 se reconocieron por primera vez en la historia de la humanidad los derechos humanos, normas conceptuales básicas y esenciales, que toda la humanidad puede disfrutar y que se transforman en factores fundamentales que reconocen la dignidad de cada persona en cualquier parte del mundo.
Entre estos derechos, destacan los relativos a vivir sin violencia ni discriminación, a gozar del más alto nivel posible de salud física y mental, a recibir educación, a la propiedad, a votar y a ganar el mismo salario por un igual trabajo, entre otros 30 derechos humanos. Pese a estas declaraciones y otras normativas, tanto nacionales, como internacionales que abogan por la igualdad y respeto a la dignidad humano, aún persisten asimetrías estructurales dependientes de las diversidades de las personas, por ejemplo, si el sexo asignado al nacer es femenino o masculino, condicionando desigualdades sociales, que generan importantes e impactantes brechas.
En el mundo, alrededor del 49,7% de la población son mujeres, en Chile, según datos del Censo 2024, esa cifra corresponde a 51,5%.
Pese al ser la mitad de la humanidad, a nivel global muchas mujeres y niñas siguen sufriendo discriminación, violencia, cuestionamiento o pérdida de sus derechos. Si a lo femenino se le agregan otras formas de desigualdades que se entrecruzan como clase social, etnia, discapacidad, orientación sexual, identidad de género, de que territorio procede cada persona, el nivel educacional, esta discriminación se potencia aún más. Considerar estas interrelaciones y sus diferentes niveles nos permite abarcar el abanico de experiencias de discriminación y pérdidas vividas por diferentes niñas y mujeres. Es así como, se hace evidente la necesidad del constante análisis crítico de cómo se producen y manifiestan estas desigualdades, dado que a nivel global hay una tendencia al aumento de éstas y a una pérdida de los derechos de niñas, mujeres y diversidades.
Hoy más que nunca es necesario no olvidar lo logrado y sacar la voz, enfatizando el discurso como mecanismo de fortaleza.
En el transcurso de la historia del país, han existido hitos que conviene tener presente dado lo que costó obtenerlos y lo que aún falta por avanzar en la igualdad sustantiva.
Es primordial recordar que:
Sin embargo, resulta preocupante y nos exige mantenernos en alerta y sacar la voz cuando escuchamos propuestas de modificación de leyes, o la liviandad con que ciertos personajes públicos emiten opiniones con evidentes sesgos de género, con una cierta violencia, olvidando que la humanidad está compuesta por mujeres, hombres y diversidades sexo-genéricas.
Sorprende, que existan personas incapaces de reconocer la pluralidad inherente a lo humano, esa diversidad que enriquece y da sentido a nuestra existencia colectiva y en sociedad.