Crecimiento de Aeropuerto y del espacio aéreo deben ir de la mano

A mediados de diciembre se abrirá al público la primera fase del nuevo Aeropuerto Arturo Merino Benítez, el Espigón C, que equivale solo al 10 por ciento del nuevo terminal y que aportará 10 nuevas mangas de embarque. En su totalidad la obra pretende duplicar la capacidad portuaria, aumentando de 15 a 30 millones de pasajeros al año. 

Frente a esta pronta apertura, que, sin duda, marcará la pauta noticiosa en un mes más, los controladores de tránsito aéreo tenemos la responsable obligación de plantear algunas dudas y solicitar que se hagan de manera expedita adecuaciones que inciden directamente en la seguridad aeronáutica, no sólo respecto a infraestructura, sino también frente a pasajeros y tripulantes. 

La Dirección de Aeropuertos del Ministerio de Obras Públicas, en el “Anteproyecto Referencial Ampliación y Mejoramiento del Aeropuerto Arturo Merino Benítez de Santiago” en el año 2012, proyectaba los siguientes escenarios de tráfico. 

• 24,2 Millones de pasajeros para año 2025 (año de diseño para terminales aeroportuarios)

• 34,1 Millones de pasajeros para el año 2034 (saturación del sector sur).

• 42,5 Millones de pasajeros para el año 2040 (año de diseño teórico de tercera concesión aeroportuaria)

• 51,1 Millones de pasajeros para el año 2045 (como año de saturación de todo el recinto aeroportuario). 

Estas estimaciones ya han sido superadas con la llegada del modelo low-cost y la baja de los precios de los pasajes.

El año 2017 se movilizaron en el aeropuerto 21.426.827 pasajeros según estadísticas del concesionario, con un crecimiento de 11,6% respeto del año anterior.

El aumento sostenido y las obras de ampliación del terminal de pasajeros aumentarán la capacidad para el movimiento de aeronaves, pero existe un gran cuello de botella que es que tenemos dos pistas y sólo las podemos usar como si fueran una. 

El aeropuerto Pudahuel, hoy Arturo Merino Benítez, fue inaugurado 9 de febrero de 1967 y contó con sólo una pista para sus operaciones hasta septiembre de 2005, cuando fue inaugurada la segunda pista.

A pesar de ello, hasta hoy operativamente ambas se consideran como “una sola” y no pueden ser utilizadas de forma independientemente por no cumplir todos los requisitos de seguridad, principalmente debido a los cerros que lo circundan y el uso del espacio aéreo cercano. 

El aeropuerto de Santiago, como todos los de las grandes ciudades, requieren de ampliaciones para absorber el crecimiento y, ciertamente, esos son los trabajos que hoy se están realizando. 

Pero, esas ampliaciones en tierra deben ser coincidentes con las capacidades del espacio aéreo que los rodea (60 km). Hoy todos quieren realizar sus actividades aéreas (paracaidismo, zonas de escuelas de vuelo, parapentes, planeadores, zonas militares, etc.) sin alejarse de la ciudad, produciéndose un cuello de botella que debe ser regulado y administrado por la autoridad aeronáutica para el óptimo uso del espacio aéreo. 

Es prioritario hacer frente a esta situación en el espacio aéreo que complica el flujo aeronáutico, aun cuando contemos con una moderna y amplia infraestructura en tierra. 

Algunas de las medidas que podrían adoptarse apuntan al aumento de las calles de salida de pista para que las aeronaves las desocupen lo antes posible y así aproximar a las aeronaves con menor distancia entre ellas, y el incremento de las calles de entradas a la pista, ya que no todas las aeronaves requieren los 3.800 metros que tiene de longitud para despegar (pueden hacerlo desde puntos intermedios, reduciendo las emisiones de gases, ahorrando combustible y aumentando la capacidad). 

Hoy, aprovechando las capacidades de navegación que tienen las nuevas aeronaves (el promedio de edad de las aeronaves de pasajeros registradas en Chile es inferior a 7 años y la llegada de  nuevas disminuirá ese promedio) se pueden crear procedimientos de vuelo que no eran posibles hasta ahora. Esto permitiría utilizar ambas pistas del aeropuerto de forma independiente más del 85% del tiempo, pasando de 40 aeronaves/hora a más de 55 aeronaves/hora, sin realizar obras de construcción. 

Los controladores de tránsito aéreo tenemos como base fundamental de nuestro trabajo la seguridad de las operaciones aéreas y, a medida que el movimiento de aeronaves crece, se hace más complejo el escenario en que nos desempeñamos.

Por ello, nuestra preocupación por buscar y plantear soluciones que hagan viable el crecimiento, manteniendo los altos niveles de seguridad.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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