“La sociedad invisible” (o un “cambio de era”)

“Los ciudadanos nuevos protagonistas”.

“La política está en la calle”.

“Ni marginal, ni violento, ni apolítico el movimiento ofrece claras propuestas de regeneración cívica”.

“La creciente desigualdad social es una de las grandes causas del aumento de la insatisfacción”.

“Los nativos digitales quieren votar, participar, intercambiar, mezclar, distribuir y producir”.

Todos los títulos y bajadas de títulos anteriores son del diario “EL País”, refiriéndose al movimiento de “los indignados”, “M-15”, en España”.

¿Válidos en Chile? ¡Absolutamente!

Un amigo sociólogo, bastante lúcido, comentaba que no sólo era una revolución lo que sucedía frente a nuestros ojos, (como le hacía ver), sino más bien “un cambio de era”.

Argumentaba que todos estos grandes cambios eran precedidos, o casi paralelos, a grandes transformaciones socio-culturales asociadas a avances radicales científico- tecnológicas en el mundo de la comunicación, y manejo de la información.

Bueno, creo que tiene mucha razón.

La “nube de Internet”, y los “self-mass-media”, o redes sociales emocionales, comienzan a ser capaces de articular y agregar intereses de la sociedad- masa que tienden a ser muy subjetivos y fragmentarios, en estructuras o sistemas transitorios, que en veloces movimientos centrífugos, son capaces de perturbar la realidad socio-cultural, aumentando la probabilidad de generar cambios difíciles de anticipar.

De forma interesante, estos movimientos con casi, “velocidad de escape”, son portadores de un sentido – identidad, que yace en lo profundo, difícil de percibir en el movimiento caótico permanente y veloz, que sólo genera un sentido de superficie (superficial), de la realidad cotidiana actual.

En el momento que una multitud converge en una marcha multitudinaria a favor de cambios en la educación, que finalmente pretenden reducir la gran brecha de la desigualdad en nuestro país, evitando que ésta marche a su vez, sólo al arbitrio del “mega-mercado-consumo”, la fuerza de cohesión, o “patrón que conecta”, esta nueva forma en movimiento, mientras dura, es el sentido e identidad compartidos en ese tiempo y espacio-calle urbano.

También en los que observan, se genera un esfuerzo de comprensión, que redunda en emociones y una reflexión a favor o en contra, portadora a su vez de sentido.

Todas las marchas son futuristas, llenas de esperanzas, ya que las personas participantes, imaginan y tratan de lograr una nueva dirección del futuro que parece mejor que otro.

El espacio-calle, deja de ser un “no-lugar”, para cobrar la identidad-sentido, del acontecimiento que cobijó por minutos u horas.

En ese momento, la calle y sus entornos, las personas participantes, sus deseos, sueños, intenciones, voluntades, sus comportamientos, gritos, discursos, y pancartas, pasan a ser una sola realidad-acontecimiento…

Y así, esta sociedad-masa, al marchar, (ojalá indignada por las injusticias, como la realizada contra las miles de personas de La Polar, debido a la miseria moral de algunas personas), deja de ser invisible y, paradojalmente, volverse transparente.

Transparente, porque se hace visible con una nueva y original fuerza, lo “que resuena en lo profundo”, el sentido permanente de la humanización con el otro, que nace en la búsqueda de lo absoluto y sus guardianes, el amor, el bien, la verdad y la belleza.

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