Crueldad contra la infancia en la cuna de un país de inmigrantes

Es imposible abstraerse respecto la polémica norma migratoria del gobierno de Estados Unidos de retener a los hijos de extranjeros que de manera irregular buscaron cruzar la frontera sur de ese país. Tal fue el  repudio internacional que obligó al Presidente Donald Trump a tomar medidas revocatorias. 

Pero la solución está igual de lejos, porque una vez que el Gobierno de Estados Unidos diera marcha atrás a la  criticada disposición, aparece un complejo proceso de reunificación de esas familias, mientras en tan sólo horas Trump retoma su retórica anti-migratoria. 

Un discurso que inhibe la convicción de un país que aboga por las libertades personales, transformando a Estados Unidos nuevamente en el ícono de prácticas que escapan al orden de la comunidad internacional y agreden al ser humano. Pero ahora la escalada es mayor, alejándose de  instancias como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. 

Y es que es evidente la violación a los derechos del niño que se constata en imágenes y grabaciones mostrando la angustia de esta reclusión. Pero no son los únicos.

Según Unicef, 28 millones de niños viven en situación de desplazamiento forzado, la misma entidad reconoce que la cifra puede ser mayor. Y recién ahora nos escandalizamos con los más de dos mil niños que  han sido separados de sus padres en los últimos meses cuando sus familias intentan cruzar la frontera de “manera ilegal”, la excusa de esta política de Tolerancia Cero que finalmente encontró nido en el actual proyecto de país del empresario. 

Desde Chile, por cierto que hay un rechazo. En la Sala del Senado de forma unánime se exigió a la Cancillería que así lo manifestara, pero la solución no puede ser coyuntural ni la del mínimo esfuerzo. La llamada política de “ordenar la casa” vía decreto y dependiendo del país de origen de quien llega a nuestro territorio, no parece ser tampoco una solución, más bien,  alimenta el gran error en esa materia: criminalizar el movimiento migratorio. 

Y el real fondo del asunto es que la migración no es un delito, sino un derecho a buscar opciones de vida distintas al de su país de origen, donde en la mayoría de los casos las condiciones de sobrevivencia no son ni las mínimas. Trump lo que ha hecho es aprovechar ese sentimiento segregacionista que empieza a existir en muchas sociedades que creen que al llegar extranjeros se perjudica a los nacionales. 

No se trata ni de amnistía, ni inmigración en cadena o la construcción de muros fronterizos como un congresista republicano recalca en medio de esta discusión.No se trata del camino fácil.

Se trata de actuar ante una cruel realidad global y local donde niños emigrantes se exponen a abusos como éste e incluso el de trata de personas cuando lo que existe es una política migratoria deficiente, excluyente y discriminatoria. 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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