Sobre reconciliación y perdones

Los partidarios de José Miguel Carrera, un poco alicaídos como todos los castigados por la historia, seguimos con cuentas pendientes con los seguidores de O’Higgins, aquel agricultor metido a militar que gobernó Chile con aspiraciones monárquicas o tiránicas. Los partidarios de don Bernardo, odian a los carrerinos. Más de 200 años y aún no hay reconciliación alguna, salvo la amistad que los de uno y otro bando tenemos en términos personales.

Porque la reconciliación nacional no es posible, pues se trata de actos personales, donde se comprometen los que han estado involucrados en los acontecimientos.Las cuentas estarán para siempre pendientes y no existirá una sola historia oficial, aunque Crispi lo pida en Cooperativa, porque ello sólo es propio de tiranías manifiestas o encubiertas.

La reconciliación personal consiste en actos de afecto y comprensión, perdones y arrepentimientos, que permiten que las personas reconstruyan las relaciones y se puedan buscar acuerdos en muchas áreas, sobre la base de confianzas nacidas al calor de la amistad.

Incluso puede haber perdones entre victimarios y víctimas. De la suma de reconciliaciones personales, tal vez, sólo tal vez, sea posible tener una sociedad reconciliada.

Personas e instituciones pueden explicar lo sucedido y justificarse como antesala del perdón, pero es indispensable fijar los valores y ponerse en el lugar del otro, para entender la culpa propia y eventualmente la ajena.

Es importante que cada vez más sujetos sean capaces de expresar su dolor, sus responsabilidades y culpas, acercarse a los otros amorosamente y saber que hasta el más bondadoso y santo de los humanos se puede portar mal y que el que parece más malo puede amar a sus nietos y ser amigo de otros.

Desde esa mirada podremos reconciliarnos.

Las peticiones de perdón son importantes.Pero no genéricamente, sino diciendo expresamente: “estoy arrepentido de lo que hice y no hice”, es decir, de conductas concretas y no “de lo que pude haber hecho u omitido”, porque de ese modo no se hace cargo de nada.

Por ejemplo, Hernán Larraín, que supo desde la primera hora de las violaciones a los derechos humanos y de lo que pasó con profesores y estudiantes de la Universidad Católica, podría mencionar los casos que conoció de personas detenidas y que luego desaparecieron, frente a lo que no alzó la voz, como fue la situación de Alejandro Ávalos, profesor investigador (1)

La reconciliación debe considerar arrepentimientos y deseos de establecer nexos nuevos, compromiso de no repetir conductas y acciones concretas en favor de la paz.

Pero no se puede hablar de reconciliación cuando se siguen justificando las violaciones atroces y sistemáticas de los derechos humanos como parte de una política de Estado, en las acciones del gobierno de Allende o sus partidarios.

Probablemente lo que sucedía en 1972 y 1973 podría explicar la ruptura democrática y tal vez alguien podría aceptar que “no había otra salida” (yo creo que si la había), pero en ningún caso explica ni justifica todo lo que vino a partir del golpe.

¿Qué conducta de la UP justifica el asesinato de Víctor Jara? ¿Es el desabastecimiento lo que justifica las torturas a los detenidos en el Estadio Nacional? ¿Es la prepotencia o el sectarismo lo que justifica y explica los desaparecidos, las torturas, los asesinatos, realizados por agentes del Estado durante muchos años?

Dentro de los actores del pasado, reaparece Thieme. Y él es claro: trabajó por el derrocamiento de Allende, pero no aceptaba el tratamiento que se dio a los vencidos y se opuso tenazmente a las violaciones de los derechos humanos, hasta el extremo de pasarse a la oposición a la dictadura.

Sigue siendo nacionalista y sigue justificando sus actos de violencia contra el gobierno de la UP, pero no se da esa vuelta en el aire como las de Guzmán, Novoa, Chadwick y tantos otros, que creen que basta con decir nunca más, aunque siguen sosteniendo que a iguales condiciones, iguales medidas.

Me irrita, lo confieso. Me irrita la hipocresía, el descaro, la mentira persistente. Me perturba que personas que participaron de la dictadura cívico militar que gobernó Chile por años, sigan diciendo que lo que ellos hicieron en cuanto a los derechos humanos fue obra de militares o de mandos medios.

Para ellos – y pienso en Guzmán sobre todo –los derechos humanos son relativos y los culpables siempre serán otros. La UP puede ser culpable de desvalorizar la democracia representativa,pero no de desvalorizar a la persona humana.

Estamos en puntos lejanos y me quedo con las palabras de Piñera, cuando dice que no basta con los autores de los hechos, sino también deben estar todos aquellos que callaron debiendo haber hablado y, más aun, fueron cómplices y encubridores al beneficiarse con los crímenes cometidos.

(1) Ver http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-A/ava-dav.htm

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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