Casen 2024: la inseguridad alimentaria no retorna a niveles prepandemia

Coescrita con José Navea, investigador de Rimisp - Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural

En enero de este año se publicaron los resultados de la encuesta Casen 2024. Los resultados incluyen la actualización de la metodología para medir la pobreza por ingresos y la pobreza multidimensional de acuerdo con las recomendaciones elaboradas por la Comisión Asesora Presidencial para la Actualización de la Medición de la Pobreza. Ajustes que, posteriormente, fueron revisados y validados por una mesa técnica compuesta por la Subsecretaría de Evaluación Social del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Una de las adaptaciones hechas a la metodología en la pobreza multidimensional fue cambiar, en la dimensión de salud, el indicador de Malnutrición en niños y niñas por el indicador de Acceso a alimentos. Esto se debe a que el indicador de malnutrición se focalizaba en menores de 6 años, dejando fuera de la muestra a los hogares sin menores de edad o con niños mayores de 6 años. La medición de la nutrición infantil está mejor representada en los datos que procesa la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb), por eso, se decidió incluir una medida basada en la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (FIES, por su sigla en inglés) que ha desarrollado la FAO para medir el acceso a alimentos en cantidad y calidad a nivel de hogar o persona.

Los datos de la escala FIES se miden en la encuesta Casen desde el año 2017 a nivel de hogares. De esta manera, tenemos información que nos permite analizar la evolución de la inseguridad alimentaria en Chile a través del tiempo. Al comparar las series de la encuesta vemos que la inseguridad alimentaria moderada y severa alcanzó 16% en 2017, aumentó a 20% en 2022 (saliendo de la pandemia), y descendió a 19% en 2024. De manera similar, la inseguridad alimentaria severa pasó de 8% en 2017 a 10% en 2022, y bajó a 9% en 2024.

Si bien estos datos muestran una leve reducción en 2024 desde la medición anterior, lo preocupante es que Chile no ha logrado retornar a los niveles prepandemia. El país continúa estando por encima de las cifras del 2017. Esta persistencia en los datos sugiere que la inseguridad alimentaria sigue siendo un problema que urge atender porque prácticamente 2 de cada 10 personas en el país están pasando hambre, se saltan comidas o no pueden acceder a los alimentos que necesita un hogar para alimentarse de manera correcta durante un mes. Al mismo tiempo, los datos nos indican que las políticas públicas actuales, aunque pueden haber frenado el deterioro, no han sido suficientes para recuperar el terreno perdido.

Durante décadas, para combatir la inseguridad alimentaria, Chile ha desarrollado programas robustos y de amplia cobertura en los sectores de educación (como el Programa de Alimentación Escolar) y salud (Programa Nacional de Alimentación Complementaria), los cuales han logrado canalizar institucionalmente el desafío de reducir los problemas de desnutrición y malnutrición. Esto se condice con el análisis de un estudio publicado recientemente (Yáñez et al., 2025), en el cual observamos que las cifras de inseguridad alimentaria vinculadas con las dimensiones de pobreza multidimensional de educación y salud no son significativas. La inseguridad alimentaria golpea más fuertemente a los hogares cuando se vinculan con carencias en las dimensiones de trabajo (empleo precario, falta de seguridad social), vivienda (hacinamiento, carencia de servicios básicos) y redes sociales (discriminación, falta de apoyo comunitario); justamente las dimensiones donde no existen políticas públicas orientadas a reducir el problema del hambre.

Los nuevos datos manifiestan una relativa estabilidad en las cifras de inseguridad alimentaria, incluso cuando hay una reducción de la pobreza por ingresos y la pobreza multidimensional. Es importante analizar estas relaciones, porque en función de ello se puede informar de mejor manera a las políticas públicas y encontrar un espacio de oportunidad no cubierto por las políticas tradicionales. Las cifras muestran que una brecha en materia alimentaria se ha ido consolidando en la población, es importante detenerse, analizar y cuestionar las decisiones que se están tomando para recuperar el terreno perdido.

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