CASEN, algunas verdades y orientaciones

La reciente difusión de los resultados de la CASEN 2015 ha sido un aporte en muchos sentidos, especialmente porque ha puesto la atención en los temas de la pobreza y la desigualdad, entregando información cuantificable sobre la materia. Es claro que ambos asuntos son algo más complejos que su mera dimensión, pero la medición constituye un elemento que ayuda a examinar lo que está sucediendo, buscar las explicaciones y plantear políticas que ayuden a lograr avances adicionales.

Desde el punto de vista cuantitativo se observa una reducción de la pobreza desde el 14,4% al 11,7% entre 2013 y 2015 y con el nuevo indicador de pobreza multidimensional, la caída es desde el 20,4% a 19,1% entre los mismos años. Por otra parte, la desigualdad disminuyó levemente, de acuerdo al índice Gini y al indicador 10-40.

Las reacciones a los resultados de la encuesta CASEN 2015 no fueron sorprendentes, si se considera el ambiente  de oportunismo que impera en la actualidad.

El problema es que en ellas prima la idea que el crecimiento económico, el empleo de la mano de obra y la pobreza responden de manera inmediata a las políticas que se llevan a cabo, en circunstancias que en la realidad se difieren las respuestas, los resultados son más lentos y difíciles. La complejidad del tema de la pobreza hace que ese tipo de juicios deje en mal pie a quienes los formulan, mostrando una simpleza desafortunada.

Avances y ampliaciones.

La Casen 2015 muestra varias innovaciones positivas. Por ejemplo, para evitar las sospechas sobre manipulación de datos, como los ocurridos con anterioridad, se invitó a participar a varias instituciones de diferente origen; la incorporación de nuevas variables y temas al cuestionario para ampliar la muestra y mejorar su  representatividad; la ampliación del concepto de pobreza, pasando del uso de indicadores como el ingreso individual y familiar a otros más, acordes a los progresos ocurridos en el país. En este aspecto el principal aporte fue la incorporación de la pobreza multidimensional, que ya se había incluido en la Casen 2013 y que se mejoró y amplió.

Este indicador trata de medir la condición a través de cinco componentes: Educación, Salud, Trabajo y Seguridad Social, Vivienda y su entorno y Redes y Cohesión Social, que reflejan de mejor forma la complejidad  del fenómeno.

Así, la pobreza multidimensional presenta varias ventajas sobre aquella restringida al ingreso, entre éstas, que evita los cambios transitorios que ocurren en las rentas cuando la información corresponde a un período muy breve de tiempo. De hecho, según la medición tradicional, en muchos casos la persona era clasificada como de "extrema pobreza" si no había recibido emolumentos, o como "no pobre" si pasaba por un período de bienestar.

Reducción de la pobreza.

Las últimas cinco encuestas Casen muestran un avance significativo en la reducción de la pobreza. En el año 2006, alcanzó al 29,1% de la población total, mientras en 2015 disminuyó al 11,7%. En el período, la reducción más significativa ocurrió en 2013, en que llegó al 14,4%.

Se ha argumentado que en los dos últimos años la disminución fue inferior a los años anteriores, lo cual es efectivo, pero se puede pronosticar que en las futuras Casen las reducciones serán también pequeñas, aunque el país pase por un período de prosperidad económica y social, meramente porque el 11,7% es una magnitud reducida que concentrará a familias cuya condición de bienestar es difícil de mejorar.

La situación de extrema pobreza ilustra en cierta medida el fenómeno descrito, ya que en 2006 llegaba al 12,6% de la población y en 2015 solo sumaba el 3,5% de la población, lo cual incluye familias que transitoriamente, en las semanas de la encuesta, no percibieron ingresos, sea por cesantía, enfermedad o motivos ocasionales. En definitiva, se puede asegurar que la situación de extrema pobreza, como la define la Casen original, es un problema superado en Chile y los esfuerzos deben concentrarse en la pobreza más general, tal como la mide el indicador multidimensional.

Concentración de la pobreza.

La Casen entrega valiosa información acerca de la distribución de la pobreza desde el punto de vista de cuáles son sus focos, los que constituyen antecedentes para el diseño de las políticas públicas, entre estos antecedentes destacan: en zonas rurales prácticamente se duplica la pobreza; la población indígena presenta mayor porcentaje de pobres que el promedio nacional; en los inmigrantes, por el contrario, sus ingresos reflejan un menor porcentaje de pobres que los nacidos en Chile, aunque no es así en los indicadores multidimensionales. Esta condición se presenta principalmente en familias con mayor número de integrantes y en los hogares mono parentales.

La distribución del ingreso.

Si bien la Casen fue diseñada básicamente para medir la pobreza, también contiene interesantes datos sobre la distribución del ingreso en sus dos mediciones tradicionales: el ingreso autónomo, que es el percibido directamente por las familias, y el ingreso monetario, al cual se agrega al anterior una estimación de los aportes en dinero que realiza el Estado a través de proyectos sociales. Esta ha representado en las últimas estimaciones un monto algo superior al 3% de incremento en los ingresos autónomos, aunque significa una mejoría importante en el segmento del 10% más pobre del país. No se incluyen otras transferencias no monetarias efectuadas a través de las políticas gubernamentales en la forma de educación, salud y vivienda entre las más importantes.

Para medir la distribución del ingreso se utilizan varios indicadores que son meras aproximaciones para describir un fenómeno complejo. El más usual es el coeficiente Gini, pero también otros índices como el 20/20 y 10/40 y, aunque todos ellos mostraron una pequeña mejoría, también evidenció que Chile tiene una pésima distribución del ingreso, ratificada por todas las comparaciones internaciones de organismos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la OECD.

Las transferencias fiscales ayudan a mejorar la distribución del ingreso, pero su efecto ha sido limitado. En momentos de crisis transitoria, ha sido un instrumento importante para atenuar los efectos sobre los segmentos más pobres de la sociedad.

En el último decenio el tema de la desigualdad ha ido asumiendo un papel prioritario entre los objetivos económico-sociales que debe enfrentar el país y la evidencia muestra que debe mantenerse como meta privilegiada.

Sin embargo, los resultados de la Casen también registran que la pobreza sigue siendo un problema de gran magnitud y que su reducción debe ser abordada con prontitud y en forma privilegiada, ya que en Chile hay 3,5 millones de personas que la sufren. Los avances en la medición de la pobreza, especialmente el nuevo instrumento de la pobreza multidimensional, constituye un excelente orientador para dirigir las políticas que permitan reducirla.

A pesar de las críticas interesadas de la Derecha y los medios de comunicación capturados por ella, especialmente los escritos, culpar al actual Gobierno que la mejoría en la disminución de la pobreza ha sido muy lenta a causa de las reformas iniciadas en los últimos dos años, carece por completo de sentido, puesto que esa condición obedece a varias causas complejas y de largo efecto, así como también lo será el progreso en enfrentarla.

El país actualmente atraviesa por una fase de lento crecimiento económico, pero no estamos en crisis, como lo reflejan las propias encuestas de opinión pública, que muestran una interesante contradicción.

Cuando el encuestado es consultado si cree que el país va por un buen camino o por un mal camino, solo el 21% piensa en la opción desfavorable y el 69% en la pesimista. Sin embargo, al pedirle que califique la situación económica actual personal y familiar ocurre todo lo contrario: el 51% la considera muy buena o buena, mientras el 29% la estima mala o muy mala (CADEM, 11 de octubre de 2016). Algo tiene que ver la manipulación de la opinión pública en esta situación. 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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