Coronavirus: globalización en pausa y vulnerabilidad de la economía chilena

El crecimiento económico de Chile en gran medida se debe a décadas de inserción en el mundo y con ello, una profunda conexión con los mercados internacionales. Esta apertura precisamente es la que hoy nos hace más vulnerables frente a los efectos del coronavirus.

Una porción significativa de lo que producimos se consume más allá de nuestras fronteras y requerimos de mercancías, servicios y personas extranjeras para que funcionen adecuadamente nuestros circuitos productivos.  

Chile es un país intensamente conectado al Asia, región a la cual enviamos el 53% de total de nuestras ventas al exterior. La exposición a China es altísima, ya que el 30% de nuestras exportaciones tiene como destino ese país, es decir, el 8,5% de nuestro PIB depende directamente de los vaivenes de la economía china. De hecho, los primeros meses de este año las exportaciones ya han caído un 10% lo que se suma a la baja de un 7,6% del año 2019. 

La OCDE bajó su estimación de crecimiento para China este año a 4,9%, frente al 5,7% que esperaba en noviembre pasado. Esto afectará el crecimiento de nuestra economía de forma considerable.

Por su parte, los pronósticos de expansión de la economía mundial hace algunas semanas ya eran 2,4%, su nivel más bajo desde el 2009 en plena crisis financiera.

Luego de decretada la condición de Pandemia por la OMS es probable que algunos países europeos e incluso en EE.UU. entren este año en recesión económica. Adicionalmente, esta ralentización hará bajar al menos un 10% los precios en materias primas lo que implica una caída adicional de nuestro PIB. 

Es por todo ello que nuestro país es especialmente vulnerable frente a los eventos como los que estamos viviendo. Citibank recientemente ha desarrollado un Índice de Vulnerabilidad frente al coronavirus, tomando en cuenta cuatro variables: crecimiento económico, cadenas de suministro, materias primas y riesgos en mercados externos.

Chile encabeza este índice en América Latina, lo sigue Ecuador y Perú. En los últimos lugares Brasil, Colombia y México.  

Las recientes medidas en varios países del mundo de cerrar sus fronteras de forma temporal, restringiendo los vuelos y el movimiento de personas, tendrán efectos desastrosos, inesperados e inciertos en la actividad económica.  

En suma, aunque no es claro la magnitud del shock de demanda que enfrentaremos y cuanto se propagará a la economía real y los mercados financieros, lo que sí parece claro es la trayectoria de la caída de la actividad mundial, esta vez, parece que será más bien una V (está por verse que tan profunda) y no una U como ha sido el caso de otras crisis globales.

Es decir, una abrupta caída que se recuperará rápidamente cuando se logre controlar la emergencia. 

Lo que hacen estas medidas de prevención y cuarentenas masivas es, en la práctica, “alejar” a nuestro país de sus mercados, clientes y proveedores. Las medidas interrumpen la cadena de suministros y altera la logística de comercio exterior lo que afecta negativamente la actividad económica en un contexto en que los procesos productivos se organizan en cadenas de valor con procesos especializados y repartidos en el mundo conformando verdaderas fábricas globales.  

Por otra parte, la incertidumbre que ha afectado a los mercados financieros, internacionales y locales, han desajustado el mercado de las monedas y apreciado enormemente el dólar como activo de refugio con la consiguiente devaluación de nuestra moneda. 

A lo anterior, se suma un alza de la inflación que acumula un 3,9% en doce meses y que incluso pudiera subir como consecuencia de la pronunciada alza del dólar. 

La autoridad económica tiene un gran desafío, el Banco Central aun tiene espacio para intervenir en el mercado cambiario, pero su margen se estrecha para hacer una política monetaria expansiva.

Por su parte, aunque aumentar el gasto público es complejo pues la proyección de crecimiento ya es 8% y las condiciones de endeudamiento son mucho más estrechas, es la política fiscal la que debiera jugar un rol activo e intentar activar la demanda, tal como lo hizo en la crisis subprime cuando el gasto público creció un 16% (año 2009).  

Por último esta crisis no solo tendrá efectos en el corto plazo, es probable que por sus efectos se reconfiguren sectores y actividades que marcarán el futuro de los flujos entre países y personas.

El ambiente digital en el comercio, el trabajo y la educación cobrará aun más relevancia y preponderancia en los negocios.

Es probable además que estos eventos ayuden a tomar conciencia y de esta forma se conviertan en una oportunidad para retomar una senda de racionalidad en el cuidado de nuestro planeta.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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