Colegios católicos y la opción preferencial por los pobres

El problema con los colegios de Iglesia es que hemos hecho como cristianos una “opción preferencial por los pobres” pero estamos educando preferentemente a los ricos.

Es cierto que la educación católica sostiene en sus colegios subvencionados un gran número de alumnos de los quintiles más pobres. Ellos pagando un 5, 10 ó 20% del costo han preferido la educación particular subvencionada. Pero otros muchos colegios secundarios católicos se han visto obligados a convertirse en colegios pagados.

En las estadísticas comparativas que muestran los resultados de los colegios pagados por una parte y los colegios fiscales por otra aquéllos aparecen entre los privilegiados que obtienen resultados mejores.Últimamente entre estas estadísticas comparativas hubo una que examinaba el idioma inglés.Para qué decir la abismal distancia entre los resultados comparativos de unos y de otros.

Nuestro problema es que estamos en una disyuntiva. Por una parte somos educadores y no podemos entregar una educación de mala calidad, hace  tiempo que estamos obligados a cobrar en un número de nuestros colegios para poder entregar una buena educación a nuestros alumnos,porque era tan baja la subvención entregada por el Estado que no pudimos en esas instituciones continuar con ese nivel de enseñanza.

Por otra parte como Iglesia hemos hecho el compromiso prometido en las Conferencias de Medellín y de Puebla celebradas después del Concilio Vaticano II de optar preferencialmente por el pobre. Ese es nuestro problema, hemos optado preferencialmente por los pobres y estamos educando en dichos colegios preferentemente a los ricos.

Examinemos la reforma que nos propone una corriente política y también los movimientos de estudiantes.

Es la que propicia conjuntamente con una mejora radical de la educación su gratuidad en todos los niveles. Esta reforma implicaría para la educación particular y por tanto para los colegios católicos una subvención adecuada que les permitiría una educación de calidad y la gratuidad.

¿No tendríamos aquí la solución de nuestro problema? Podríamos optar por los más pobres en la línea de admitir preferentemente en todos nuestros colegios a los nacidos en cunas infortunadas de origen para estar en igualdad de condiciones con los nacidos en cunas más ricas y por tanto con más cultura original.

La calidad tradicional de los colegios católicos podría en alguna medida compensar esa desigualdad y por lo mismo cumplir el compromiso cristiano de optar preferentemente por los más pobres. Esta búsqueda de la igualdad es hoy precisamente la tendencia prevalente con que se quiere remediar toda injusta discriminación.

A esta solución de gratuidad universal se suele objetar el que estaríamos así financiando la educación de gente de fortuna que podrían pagar sus propios gastos. Pero vale el argumento de que tal diferencia entre educación pagada y educación gratuita establecería de todas maneras diferencias sociales injustas para los que adquieren un handicap por haber nacido en ambientes más deteriorados.

La opción preferencial por los pobres precisamente busca compensar estas desigualdades injustas.

Nuestra conclusión sería pues que los colegios católicos deberíamos estar a favor de una solución al problema educacional en la línea de una gratuidad generalizada.

Esta se obtendría en el plano de la educación primaria y secundaria a través de la educación fiscal y la subvencionada suficientemente.

En la educación universitaria la situación sería más compleja. Hay que sostener el principio del derecho de cada alumno a una educación proporcional a sus aptitudes.

Un segundo argumento parece ser la conveniencia en este nivel de una capacidad de elección de la educación de parte del muchacho o muchacha. Habría por tanto, competencia entre las instituciones y diferenciación.

Se debería adoptar un sistema de becas o ayudas para que cada uno pudiese encontrar el lugar más adecuado para su formación.

Dentro de este cuadro las universidades católicas al menos las que desean serlo en verdad y seguir la inspiración de las conferencias episcopales, tendrán que poner de todas maneras en ejecución su opción preferencial por los pobres.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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