Focos pendientes en educación parvularia

Por estos días, la educación parvularia ha estado en el centro de la discusión pública a partir del reciente informe de la Contraloría General de la República que detectó que funcionarios de Fundación Integra y Junji habrían realizado trabajos para privados mientras se encontraban con licencia médica. Lamentamos que ocurran situaciones como estas y esperamos que puedan esclarecerse y superarse con la rigurosidad que corresponde.

Al mismo tiempo, es necesario que cuando la educación parvularia esté presente en la conversación pública -en los medios, en los espacios de opinión y en la agenda país- lo esté también en función de los desafíos que enfrenta y de la relevancia que tiene para el desarrollo de niñas y niños. Esto, considerando que en esta etapa se sientan las bases de sus trayectorias educativas y de desarrollo futuro y que en estos primeros años es donde se configuran oportunidades que pueden marcar diferencias significativas en el largo plazo.

En ese contexto, el sistema tiene grandes desafíos. Hoy resulta central asegurar que en las salas de clases existan interacciones pedagógicas de calidad. Para ello, es necesario avanzar en acuerdos claros sobre qué entendemos por estas interacciones y contar con una medición común a nivel país que permita observarlas y mejorarlas de manera sistemática.

Del mismo modo, es fundamental resguardar el uso intencionado del tiempo en el aula: cada momento de la jornada puede ser una oportunidad de aprendizaje si existe una mirada pedagógica compartida y consistente por parte de los equipos educativos durante toda la jornada.

Pero nada de esto es posible si las niñas y niños no están en sus centros educativos. Alcanzar al menos 90% de asistencia no es una meta deseable, sino una condición básica para asegurar la continuidad de los procesos de aprendizaje. Cuando una niña o niño falta de manera reiterada se producen brechas que afectan sus aprendizajes y aumentan los riesgos de rezago y trayectorias educativas más débiles.

Poner el foco en estos desafíos no es accesorio, sino imprescindible. De ello depende que la educación parvularia cumpla el rol que le corresponde en el desarrollo del país y que la discusión pública contribuya efectivamente a ese objetivo.