La gratuidad en la educación chilena renació en Lota

El 25 de abril del año 2006 en el sur de Chile, Lota, tierras cuyas luchas sociales de los mineros del carbón, dieron vida a la obra de Baldomero Lillo, estudiantes del Liceo Carlos Cousiño, se tomaron sus dependencias, de manera de protestar por las indignas condiciones en las cuales tenían que a diario intentar educarse.El establecimiento en cuestión fue llamado “El Liceo acuático” pues las lluvias lo inundaban completamente.

Este hecho, fue el inicio de una movilización que duró más de un mes y que provocó un “efecto dominó” a lo largo de todo el país, generando una movilización inédita en lo masiva, y también en el surgimiento de líderes estudiantiles con una alta credibilidad y convocatoria. La historia posterior es conocida.

Lo que no se conocía, era que esta generación no se había ido para la casa. Los entonces “pingüinos” del 2006, volverían a la carga con mayor convicción todavía, y con un anhelo irrenunciable el año 2011. Lograr para Chile una educación pública, gratuita y de calidad.

Ahora, la analogía del Liceo de Lota, era la privada Universidad del Mar, símbolo de cómo el poder del mercado sin ningún tipo de pudor, hacía negocio a diestra y siniestra con la educación de los jóvenes.

Entonces, ahora bajo la articulación de la CONFECH, instancia de las organizaciones estudiantiles de educación superior surgida en las luchas libertarias contra la dictadura, los estudiantes izaron la bandera con la cual miles salieron a las calles en masivas y festivas marchas, que incluso de manera inédita, pasaron por el mismo frontis del palacio presidencial.

Los actores políticos vieron una generación que había nacido en esta democracia de los consensos,  y que fueron capaces de sintonizar con los signos de los tiempos, logrando que el país en su inmensa mayoría, no tan solo empatizara con sus demandas, sino además los comenzara a ver como un recambio de liderazgos, que comenzaba a ser demandado.

Y así llegamos a las elecciones presidenciales de diciembre del 2013, donde particularmente una de las candidaturas, asumió como uno de sus principales compromisos programáticos, el anhelo de la nueva generación de chilenos: una educación pública, gratuita y de calidad.

Han pasado dos años desde que asumió el gobierno de la Presidenta Bachelet, cuyo principal compromiso fue el impulsado por esta nueva generación de chilenos, y no sin obstáculos de los más diversos, este año miles de familias que pagaban porque sus niños estudiaran en la educación general ya no lo harán, y en los próximos años serán aún más. A esto sumamos las familias que no pagarán los estudios universitarios de sus hijos.

Un proceso que hace 10 años atrás era impensado, hoy su inicio es una realidad, y nos hemos emocionado al escuchar testimonios de jóvenes que ya han sido beneficiados con los primeros tramos de la gratuidad en la educación universitaria. O ver como aquella amenaza de que cientos de colegios cerrarían, no fue realidad.

Chile, un país con dos Premios Nobel y tres Premios Cervantes de literatura, con el Nobel de arquitectura (Pritzker) y ahora el Oscar a jóvenes talentosos, comienza con el impulso de esta generación a recobrar aquello que nos hizo ser aquel país de antaño, donde lo que importaba no era tener más, sino ser más, mas persona, donde principalmente las humanidades y las ciencias importaban, y eso era fruto de una educación, antes de que fuera “secuestrada por el mercado”, con una vocación de país solidario, justo y democrático.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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