El Simce es una de las principales herramientas para monitorear los aprendizajes en Chile. Por lo mismo, la lectura de sus resultados no puede quedarse solo en los promedios. En Acción Educar analizamos el fondo de esas cifras y lo que encontramos preocupa. El 60,5% de los estudiantes de II Medio obtuvo un nivel Insuficiente en Matemática o Lectura y, más grave aún, 34% presentó este nivel en ambas pruebas al mismo tiempo. Es decir, uno de cada tres estudiantes se encuentra bajo el nivel esperado en las dos áreas evaluadas. Es especialmente preocupante porque, a esa altura de la trayectoria escolar, el margen para nivelar estos rezagos es cada vez más estrecho.
El estudio no se queda ahí. Quisimos entender quiénes son estos estudiantes, y el retrato es revelador. La insuficiencia no se distribuye de manera homogénea: alcanza al 74,7% en los SLEP, al 71,5% en los establecimientos municipales, y al 59,3% en los particulares subvencionados, frente al 24,5% en los particulares pagados. Además, es mayor en zonas rurales que urbanas.
A esto se suma una dimensión que el puntaje por sí solo no captura. Los estudiantes con desempeño Insuficiente reportan sistemáticamente una menor confianza en sus propias capacidades: el 61% se siente poco capaz de comprender asignaturas difíciles, frente al 30% de quienes no presentan este nivel. También conviven con más violencia escolar. Entre quienes obtuvieron un nivel Insuficiente en ambas pruebas, el 15% dejó de asistir al colegio por miedo a que alguien le hiciera daño, más del doble que el resto. Aprendizaje, autoestima y convivencia aparecen entrelazados.
Ese último punto conecta con algo clave. La confianza en las propias capacidades -creer que es posible mejorar a través del esfuerzo- se asocia a mejores resultados, y la evidencia sugiere que puede ser especialmente relevante para los estudiantes más desaventajados.
El entorno familiar, a su vez, tiene un peso importante. Entre estos estudiantes son más frecuentes los hogares de menores ingresos y con menor escolaridad de los padres. Pero el factor que presenta una mayor asociación con la insuficiencia es la expectativa educativa del apoderado: cuando la familia no espera que el estudiante llegue a la educación superior, la probabilidad de un desempeño Insuficiente en ambas pruebas es casi 14 puntos mayor. Le siguen las anotaciones negativas recientes, que también se relacionan con mayores rezagos.
Frente a este diagnóstico, la respuesta no puede ser homogénea. Debe focalizarse en quienes concentran mayores rezagos. La evidencia internacional es consistente al respecto: las intervenciones efectivas combinan identificación temprana, enseñanza ajustada al nivel real de aprendizaje, trabajo en grupos reducidos y alta frecuencia. Pero también podemos aprender de establecimientos chilenos que han mejorado sus resultados incluso en contextos de alta vulnerabilidad, examinando qué prácticas adoptaron, en qué condiciones y con qué apoyos.
Existe, además, un desafío de continuidad. Chile ha hecho esfuerzos por enfrentar los rezagos: Escuelas Arriba, el Plan de Reactivación Educativa, y este año Chile Aprende y Avanza. Pero cada gobierno tiende a estrenar su propia estrategia, y las anteriores se descontinúan antes de mostrar resultados. Recuperar aprendizajes exige apoyos sostenidos en el tiempo y monitoreo permanente. Sería valioso contar con un programa de aprendizajes que trascienda los ciclos de gobierno, con metas claras y evaluación seria de sus avances.
Pero no hay monitoreo ni evaluación posibles sin información. De ahí la importancia del Simce: permite dimensionar los rezagos, identificar dónde se concentran y observar qué establecimientos mejoran. Por eso resulta contradictorio que su continuidad se ponga recurrentemente en cuestión, mediante propuestas para reducir las pruebas o acotar su alcance, cuando es precisamente esta medición la que permite saber si el sistema avanza y hacia dónde dirigir los esfuerzos.
Conviene recordar, finalmente, cuál debe ser el foco principal de la educación. No es quién administra los colegios ni cómo se financian, por relevante que sea. Es que la educación sea de calidad y que los jóvenes aprendan. Los resultados nos recuerdan cada año cuanto falta para alcanzar esa meta. La pregunta es si esta vez haremos algo distinto con esa información.