Fuego contra fuego

Recientemente se vivieron en el sur de Chile incendios de proporciones dantescas. Las imágenes a muchos(as) nos llegaron por televisión y redes sociales. Y en esta misma fecha, hace dos años, se vivió el mismo infierno en la Región de Valparaíso, principalmente en Viña del Mar, Villa Alemana y Quilpué. El recordado megaincendio que nos dejó desolados(as) como nación. Es impactante y genera impotencia presenciar cómo la historia se repite en nuestro querido y acontecido país. Pero es una locura, saber que con todo lo que hemos pasado, aún no ponemos en práctica las dolorosas lecciones que nos han costado muchas vidas.

Yo vivo en Viña del Mar y no fui afectada materialmente. Pero mi alma y mi espíritu se contrajo cada vez que conversé y vi cómo cientos de personas lo perdieron todo y quedaron desamparadas, a la deriva, desprotegidos(as), sin esperanza.

Ponerse de pie no es tarea fácil y menos aún si no está la estructura y soportes necesarios para hacerlo. La gente estaba con miedo, con rabia, el fuego les quitó sus familiares, sus vecinos(as), sus casas, sus trabajos, sus recuerdos, sus comunidades, incluso sus sueños.

En un principio se les dijo desde la autoridad central y regional, que la ayuda llegaría rápido y que las vecinas y vecinos "no estaban solos". Lo cierto es que sí lo están. La asistencia concreta tomó meses y, al día de hoy, si bien el Gobierno da recientemente cifras de avance de 46% en el proceso de reconstrucción, en la mayoría de los territorios siniestrados, la percepción es otra. Un estudio realizado por Instituto Libertad, refleja que solamente se han reconstruido 450 casas, es decir, apenas 10% de todo lo que desapareció -más de 4.500 hogares destruidos, más de 16.000 personas damnificadas-.

Un dato insólito: a inicios de noviembre 2025, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo reportó sólo 3.610 familias "hábiles" para la reconstrucción después del megaincendio. Es decir, no todas las casas podrán ser reparadas, a pesar de que el fuego no discriminó si eran "hábiles" o "inhábiles". Y además, de un incendio intencional que tuvo muchas fallas en la prevención y gestión de la emergencia, por la falta de alarmas SAE, agua en los grifos, vías de evacuación, y un largo etcétera.

Necesitamos avanzar con mayor celeridad ante estas catástrofes, trabajar con flexibilidad para que la burocracia no sea traba en generar alianzas público-privadas que pueden activar planes más eficientes y robustos para la reconstrucción y acompañamiento a las familias. En ese sentido, creemos firmemente que trabajar en la implementación de mejoras a la gestión de prevención de riesgos y desastres, planificación territorial con perspectiva de género e inclusión, procesos ágiles y universales de reconstrucción y reparación y acompañamiento integral a sus víctimas, es crucial para que la normativa y las acciones propuestas, tanto en la teoría como en la práctica, sean conducentes a propiciar un mejor futuro para nuestro país y minimizar la destrucción de vidas, familias y comunidades. Pero además, que no dependan las personas damnificadas exclusivamente de la solidaridad, sino de quien tiene el mandato de proteger sus vidas, el Estado.

En el megaincendio se afirma que fueron 138 las personas oficialmente contabilizadas como fallecidas. Tengo evidencia y he visto con mis propios ojos en varios funerales que he asistido en este tiempo, que son muchísimas más personas. El stress, la incertidumbre, la falta de respuestas, la negligencia y vulneración sistemática de los derechos a estas personas que han sido revictimizadas una y otra vez para conseguir soluciones, ha generado una oleada de enfermedades, deterioros y empeoramientos profundos a la salud, incluso muertes por suicidio hasta luchas silenciosas de muchos(as) de ellos(as) por nuevos diagnósticos, como cánceres y tantas otras cosas que han padecido en esta cruda e indolente espera.

En mis 40 años nunca había visto algo tan dramático y desolador como lo que vi en esta tragedia y hoy percibo e intuyo que es lo mismo que están padeciendo en el sur miles de personas que, ruego a Dios, tengan una respuesta más eficiente y efectiva que la que siguen esperando desde el 2024 miles de familias y valientes sobrevivientes.

Las propuestas de expertos(as), organizaciones de la sociedad civil, incluso de parlamentarios(as) ya están, y hace meses, ojalá que ahora se implementen estas mejoras con el próximo gobierno. Ya que está claro que, lamentablemente, en este ya no fue.

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